Contestación a unas preguntas
2. Pruebas y argumentos sobre la existencia de Dios
Entre las pruebas y argumentos sobre la existencia de Dios está el hecho de que el ser humano no se ha creado a sí mismo, sino que, más bien, su creador y hacedor es otro fuera de él. Y es cierto e indiscutible que el creador del hombre no es como el hombre mismo, puesto que un ser carente de poder no puede crear a otro ser, y un creador activo debe poseer todas las perfecciones para producir su obra.
¿Es posible que la obra sea perfecta y el artífice imperfecto? ¿Es posible que una pintura sea una obra maestra y el pintor sea incompetente, a pesar de ser su creador? No, la pintura no puede ser como el pintor, ya que de otra forma se habría pintado a sí misma. Y, por muy perfecta que sea la pintura, en comparación con el pintor es absolutamente deficiente.
Entonces, el mundo contingente es la fuente de las deficiencias y Dios es la fuente de la perfección. Las propias deficiencias del mundo contingente dan testimonio de las perfecciones de Dios. Por ejemplo, cuando se observa al ser humano se ve que es débil, y esta misma debilidad de la criatura indica el poder de un Ser que es Eterno y Todopoderoso; ya que, si no fuese por el poder, no sería posible imaginar la debilidad. Así, la debilidad de la criatura es prueba del poder de Dios: sin poder no podría existir debilidad. Esta debilidad hace evidente que hay un poder en el mundo.
De igual modo, en el mundo contingente hay pobreza; en consecuencia, tiene que existir riqueza para que haya pobreza en el mundo. En el mundo contingente hay ignorancia; luego, tiene que existir conocimiento para que haya ignorancia. Si no existiese el conocimiento, tampoco habría ignorancia, pues la ignorancia es la inexistencia del conocimiento y, si no hubiese existencia, no podría haber inexistencia.
Es cierto que todo el mundo contingente está sujeto a un orden y a una ley que nunca puede desobedecer. Incluso el ser humano está forzado a someterse a la muerte, al sueño y a otras condiciones; es decir, en ciertos asuntos se ve compelido, y esta compulsión conlleva la existencia de un Ser que todo lo compele. En la medida en que el mundo contingente se caracteriza por la dependencia, y en la medida en que esta dependencia es uno de sus requisitos esenciales, tiene que haber un Ser que, en Su propia Esencia, sea independiente de todas las cosas. Del mismo modo, la existencia misma de una persona enferma demuestra que debe haber una que esté sana, ya que sin esta no podría establecerse la existencia de aquella.
Por tanto, es evidente que hay un Ser Eterno y Todopoderoso que es la suma de todas las perfecciones, pues, de otro modo, sería igual que las criaturas. Asimismo, en todo el mundo de la existencia, la menor cosa creada da testimonio de la existencia de un creador. Por ejemplo, este pedazo de pan atestigua que tiene un hacedor.
¡Dios bendito! El cambio en la forma externa de la cosa más pequeña demuestra la existencia de un creador. ¿Cómo, entonces, podría haberse creado a sí mismo este vasto universo sin límites, y cómo habría llegado a existir únicamente mediante la interacción mutua de los elementos? ¡Cuán patente es la falsedad de semejante noción!
Estos son argumentos teóricos que se aducen para almas débiles; pero, si se abre el ojo de la visión interior, se verán cien mil pruebas claras. Así, cuando el hombre siente el espíritu que mora en él, no necesita de argumentos para su existencia; pero para aquellos que están privados de la gracia del espíritu, es necesario exponer argumentos externos.
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