Contestación a unas preguntas

53. La conexión entre Dios y Su creación

Pregunta: ¿Cuál es la naturaleza de la conexión entre Dios y Su creación, entre el Absoluto e Inaccesible y todos los demás seres?

Respuesta: La conexión entre Dios y Su creación es la que media entre quien origina y lo originado, entre el Sol y los cuerpos oscuros del universo, entre el artesano y su obra. No solo es el Sol, en su esencia misma, independiente de todos los cuerpos que reciben su iluminación, sino que también su luz, en su esencia, trasciende la Tierra y es independiente de ella. Así, aunque la Tierra se nutre del Sol y es beneficiaria de su luz, el Sol y sus rayos están, sin embargo, muy por encima de su alcance. Si no fuese por el Sol, la existencia de la Tierra y de la vida terrestre sería imposible.

La procedencia de la creación a partir de Dios es una procedencia por emanación; es decir, la creación emana de Dios, no Lo manifiesta. Se trata de una conexión por emanación y no por manifestación. La luz del Sol emana del Sol, no lo manifiesta. La aparición mediante emanación es como la aparición de los rayos del Sol: la santificada Esencia del Sol de la Verdad no puede dividirse ni descender hasta la condición de la creación. Del mismo modo, el Sol no se divide ni desciende a la Tierra, sino que sus rayos —las efusiones de su gracia— emanan de él e iluminan los cuerpos oscuros.

Sin embargo, la aparición por manifestación es como la manifestación de las ramas, las hojas, las flores y los frutos a partir de la semilla; ya que la semilla misma se convierte en las ramas y el fruto, y su realidad se vuelca en ellos. Esta aparición por manifestación sería absoluta imperfección y totalmente imposible para el Altísimo, pues ello requeriría que la preexistencia incondicionada asumiese los atributos de lo originado, que la independencia absoluta se convirtiera en extrema pobreza, y que la esencia de la existencia llegara a ser pura inexistencia; y esto no es posible en modo alguno.

Por consiguiente, todas las cosas han emanado de Dios, es decir que, mediante Dios, todas las cosas se han hecho realidad y, mediante Él, ha llegado a existir el mundo contingente. Lo primero que emanó de Dios es esa realidad universal que los filósofos antiguos denominaban el «Primer Intelecto» y que el pueblo de Bahá llama la «Voluntad Primordial». Esta emanación, con respecto a su acción en el mundo de Dios, no está limitada por el tiempo ni el espacio, ni tampoco tiene comienzo ni fin pues, con respecto a Dios, el principio y el fin son una misma cosa. La preexistencia de Dios es esencial y temporal, mientras que la generación del mundo contingente es esencial, pero no temporal, como ya explicamos otro día en torno a la mesa.

Si bien el Primer Intelecto no tiene principio, ello no quiere decir que participe de la preexistencia de Dios, pues, en relación con la existencia de Dios, la existencia de esa Realidad universal es la mera nada: ni siquiera se puede decir que exista, cuánto menos que participe de la preexistencia de Dios. En una ocasión anterior se explicó este tema.

En cuanto a las cosas creadas, su vida consiste en la composición, y su muerte, en la descomposición. Sin embargo, la materia y los elementos universales no pueden destruirse y aniquilarse totalmente. Al contrario, su aniquilación es mera transformación. Por ejemplo, cuando la persona muere, su cuerpo se transforma en polvo, pero no se vuelve inexistencia absoluta: conserva una existencia mineral, pero se ha producido una transformación, y esa composición ha sido sometida a la descomposición. Lo mismo ocurre con la aniquilación de todos los demás seres, ya que la existencia no se torna absoluta inexistencia, y la absoluta inexistencia no adquiere existencia.