Contestación a unas preguntas

55. Espíritu, alma y mente

Pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre mente, espíritu y alma?

Respuesta: Ya se ha explicado que, en general, el espíritu se divide en cinco categorías: el espíritu vegetal, el espíritu animal, el espíritu humano, el espíritu de fe y el Espíritu Santo.

El espíritu vegetal es la capacidad de crecimiento, que se genera en la semilla mediante la influencia de otras cosas creadas.

El espíritu animal es esa facultad omnímoda de percepción que se logra mediante la combinación y composición de los elementos. Cuando esta composición se desintegra, ese espíritu perece igualmente y se vuelve inexistente. Puede compararse con esta lámpara: cuando se reúnen y combinan el aceite, la mecha y la llama, se enciende; y cuando esta combinación se desintegra, es decir, cuando las partes constitutivas se separan unas de otras, también se extingue la lámpara.

El espíritu humano, que distingue al hombre del animal, es el alma racional, y estos dos términos —el espíritu humano y el alma racional— designan una misma cosa. Dicho espíritu, que en la terminología de los filósofos se llama alma racional, abarca todas las cosas y, hasta donde lo permite la capacidad humana, descubre sus realidades y toma conocimiento de las propiedades y efectos, las características y condiciones de las cosas terrenales. Ahora bien, a menos que sea asistido por el espíritu de fe, el espíritu humano no puede llegar a conocer los misterios divinos y las realidades celestiales. Es como un espejo que, aunque diáfano, brillante y pulido, necesita la luz. Hasta que no se pose sobre él un rayo de luz, no podrá descubrir los misterios divinos.

En cuanto a la mente, es la facultad del espíritu humano. El espíritu es como la lámpara, y la mente, como la luz que esta irradia. El espíritu es como el árbol, y la mente, como el fruto. La mente es la perfección del espíritu y un atributo necesario del mismo, así como los rayos del Sol son un requisito esencial del propio Sol.

Esta explicación, aunque breve, es completa. Reflexiona sobre ella y, Dios mediante, entenderás los detalles.