Contestación a unas preguntas

58. El alcance y la limitación de la comprensión humana

Pregunta: ¿Hasta dónde llega la comprensión humana y qué limitaciones tiene?

Respuesta: Has de saber que la comprensión varía. Su grado más bajo consiste en los sentidos del reino animal, es decir, las sensaciones naturales que provienen de las facultades de los sentidos externos. Esta comprensión es común a los seres humanos y los animales y, de hecho, algunos animales superan en este aspecto al hombre. Sin embargo, en el reino humano la comprensión difiere y varía según los distintos grados en que se halle la persona.

El grado más elevado de comprensión en el mundo de la naturaleza es el del alma racional. Esta facultad y comprensión la tienen en común todos los seres humanos, ya sean negligentes o conscientes, descaminados o fieles. En la creación de Dios, el alma racional del ser humano engloba y sobrepasa a todas las demás cosas creadas; las engloba a todas debido a su nobleza y distinción. Mediante la facultad del alma racional, el ser humano puede descubrir las realidades de las cosas, comprender sus propiedades y penetrar en los misterios de la existencia. Todas las ciencias, las ramas del conocimiento, las artes, las invenciones, las instituciones, los proyectos y descubrimientos han sido resultado de la comprensión del alma racional. Anteriormente eran secretos impenetrables, misterios ocultos y realidades desconocidas, y el alma racional los ha descubierto progresivamente y los ha sacado del plano invisible al dominio de lo visible. Esta es la facultad de comprensión más grande del mundo de la naturaleza, y el límite extremo de su alcance es comprender las realidades, las señales y propiedades de las cosas contingentes.

Pero el Intelecto universal divino, que trasciende a la naturaleza, es la efusiva gracia del Poder preexistente. Abarca todas las realidades existentes y participa de las luces y misterios de Dios. Es un poder omnisciente, no un poder de investigación ni de los sentidos. El poder espiritual asociado al mundo de la naturaleza es el poder investigador, y mediante la investigación descubre las realidades y propiedades de las cosas. Pero el poder intelectual divino, que está por encima de la naturaleza, engloba, conoce y comprende todas las cosas, es consciente de los misterios, las verdades y los significados íntimos divinos, y descubre las verdades ocultas del Reino. Este poder intelectual divino está limitado a las santas Manifestaciones y a las Auroras de la condición profética. Un rayo de esa luz se posa en los espejos de los corazones de los justos para que ellos también obtengan, por medio de las santas Manifestaciones, una parte y beneficio de ese poder.

Las santas Manifestaciones tienen tres rangos: la realidad corporal, la realidad del alma racional, y el rango de manifestación perfecta del esplendor divino. Sus cuerpos perciben las cosas solo de acuerdo con la capacidad del mundo material; por eso, a veces han expresado debilidad física. Por ejemplo: «Estaba dormido e inconsciente; la brisa de Dios sopló sobre Mí, Me despertó y Me ordenó que proclamara Su llamado». O cuando Cristo fue bautizado a los treinta años y el Espíritu Santo descendió sobre Él, sin haberse manifestado en Él anteriormente. Todas estas cosas se refieren a la realidad corporal de las Manifestaciones; pero su realidad divina engloba todas las cosas, es consciente de todos los misterios, está informada de todos los signos y tiene supremo dominio sobre todas las cosas. Y esto es válido tanto para antes como para después de que les fuera anunciada Su misión. Por eso Cristo dijo: «Soy el Alfa y la Omega, el primero y el último»; es decir, nunca ha habido ni jamás habrá en Mí cambio ni alteración alguna.