Contestación a unas preguntas

63. El progreso de todas las cosas dentro de su propio grado

Has de saber que nada de lo que existe permanece en estado de reposo: es decir, todas las cosas están en movimiento. O bien están creciendo o declinando, viniendo de la inexistencia a la existencia, o pasando de la existencia a la inexistencia. Así, esta flor, este jacinto, durante un tiempo estuvo viniendo de la inexistencia a la existencia, y ahora está pasando de la existencia a la inexistencia. Esto se llama movimiento natural o esencial, y no puede de ninguna forma disociarse de las cosas creadas, pues es uno de sus requisitos esenciales, así como arder es un requisito esencial del fuego.

Por lo tanto, queda claramente establecido que el movimiento, ya sea de avance o retroceso, es una condición necesaria de la existencia. Ahora, como el espíritu humano continúa existiendo después de la muerte, debe o bien avanzar o bien retroceder, y en el otro mundo dejar de avanzar es lo mismo que retroceder. Sin embargo, el espíritu humano nunca sobrepasa su propio grado: progresa solo dentro de ese grado. Por ejemplo, por mucho que progrese el espíritu y la realidad de Pedro, nunca alcanzará el grado de la realidad de Cristo, sino que progresará únicamente dentro de sus límites inherentes.

Así, ves que, por mucho que progrese este mineral, su progreso permanece dentro de su propio grado. Por ejemplo, es imposible llevar este cristal a un estado en que adquiera la facultad de la vista. La Luna, por mucho que progrese, jamás llegará a ser el Sol radiante, y su apogeo y perigeo se mantendrán dentro de su propio grado. De igual manera, por mucho que hubiesen progresado los Apóstoles, nunca habrían llegado a ser Cristo. Es verdad que el carbón puede transformarse en diamante, pero ambos están en el grado mineral, al igual que sus partes constitutivas.