Contestación a unas preguntas
67. La vida eterna y la entrada en el Reino de Dios
Has preguntado acerca de la vida eterna y la entrada en el Reino. El Reino se designa superficialmente como «cielo», pero esta es una expresión y un símil, y no una verdad o realidad objetiva. Pues el Reino no es un lugar físico sino que está más allá del tiempo y el espacio. Es un dominio espiritual, un mundo divino, y es la sede de la soberanía del Señor todopoderoso. Está muy por encima de los cuerpos y de todo lo que es físico, y libre de las vanas conjeturas de los seres humanos. Pues el estar limitado a un lugar es una característica de los cuerpos y no de los espíritus: el tiempo y el espacio abarcan los cuerpos, no la mente y el alma.
Observa que el cuerpo humano habita en un espacio limitado y no ocupa más de dos palmos de tierra. Sin embargo, el espíritu y la mente del hombre recorren todos los países y regiones, e incluso la ilimitada extensión de los cielos; abarcan toda la existencia y hacen descubrimientos en las esferas superiores y en la inmensa infinitud del universo. Esto se debe a que el espíritu no ocupa lugar: es una realidad fuera del espacio, y para el espíritu, la tierra y el cielo son lo mismo, ya que hace descubrimientos en ambos. Pero el cuerpo está confinado al espacio y es inconsciente de lo que hay más allá.
Ahora bien, hay dos clases de vida: la del cuerpo y la del espíritu. La vida del cuerpo consiste en la vida material, pero la vida del espíritu es una existencia celestial que consiste en recibir la gracia del Espíritu Divino y ser vivificado por el hálito del Espíritu Santo. Si bien la vida material tiene existencia, a los ojos de las almas santas y espirituales, es pura inexistencia y muerte. Asimismo, tanto el ser humano como la piedra existen, pero ¡qué grande es la diferencia entre la existencia del hombre y la de la piedra! Aunque la piedra existe, carece de existencia en relación con la existencia del ser humano.
La vida eterna significa recibir la gracia del Espíritu Santo, igual que una flor participa de las dádivas y brisas de la primavera. Observa que, al comienzo, esta flor tenía una vida puramente mineral, pero con la llegada de la primavera, las efusiones de sus lluvias vernales y el calor de su sol radiante, encontró otra vida y apareció con la mayor vitalidad, delicadeza y fragancia. Comparada con su vida posterior, la vida anterior de la flor era como la muerte.
Lo que queremos decir es que la vida del Reino es la vida del espíritu, y que es eterna y está por encima del tiempo y del espacio, al igual que el espíritu humano, que no ocupa lugar. Ya que, si registraras todo el cuerpo humano, no hallarías un lugar o una ubicación específica para el espíritu. El espíritu es absolutamente inmaterial y no ocupa lugar, pero tiene una conexión con el cuerpo, al igual que el Sol tiene una conexión con este espejo: el Sol no ocupa lugar dentro del espejo, pero está conectado con él. De la misma manera, el mundo del Reino está muy por encima de todo lo que puede ver el ojo o pueden percibir los demás sentidos, como el oído, el olfato, el gusto o el tacto.
¿En qué parte del ser humano se puede encontrar, pues, esta mente que reside en él y de cuya existencia no cabe duda? Si examinaras el cuerpo humano con la vista, el oído o los demás sentidos, no lograrías encontrarla, aunque claramente existe. Por lo tanto, la mente no ocupa lugar, aunque está conectada con el cerebro. Igual ocurre con el Reino. Asimismo, el amor no ocupa lugar, pero está conectado con el corazón. Y, de igual manera, el Reino no ocupa lugar, pero está conectado con la realidad humana.
La entrada al Reino se logra mediante el amor a Dios, el desprendimiento, la santidad y la virtud, la veracidad y la pureza, la constancia y la fidelidad, y la abnegación.
De estas explicaciones se desprende claramente que el ser humano es inmortal y sempiterno. Quienes creen en Dios, quienes acarician Su amor y han logrado la certidumbre, disfrutan de esa vida bendita que llamamos vida eterna; pero aquellos que están apartados de Dios como por un velo, aunque estén dotados de vida, viven en la oscuridad, y su vida, en comparación con la de los creyentes, es inexistencia.
El ojo está vivo y la uña también lo está, pero la vida de la uña es inexistencia en comparación con la del ojo. Tanto la piedra como el ser humano existen, pero, en relación con este, la piedra no tiene existencia ni vida. Pues, cuando el hombre muere y su cuerpo se desintegra y descompone, se vuelve como la piedra, la tierra y el mineral. Por lo tanto, está claro que, si bien el mineral existe, no tiene existencia en relación con el ser humano.
Asimismo, las almas que están apartadas de Dios como por un velo, aunque existen tanto en este mundo como en el mundo venidero, son inexistentes y están olvidadas, en relación con la santificada existencia de los hijos del Reino divino.
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