Contestación a unas preguntas

69. La influencia de las estrellas y la interconexión de todas las cosas

Pregunta: ¿Tienen los astros del cielo una influencia espiritual sobre las almas humanas, o no?

Respuesta: Algunos cuerpos celestes ejercen una influencia física sobre la Tierra y sus criaturas, lo cual es claro y patente y no requiere explicación. Considera cómo el Sol, con la ayuda de la gracia divina, da sustento a la Tierra y a todas sus criaturas. Realmente, si no fuera por la luz y el calor del Sol, todas las cosas terrenales dejarían de existir por completo.

En cuanto a las influencias espirituales, aunque pudiera parecer extraño que estos astros hubieran de ejercer una influencia espiritual sobre el mundo humano, con todo, si reflexionases profundamente sobre esta cuestión, no te sorprendería tanto. No queremos decir, sin embargo, que fuesen ciertas las deducciones que los astrólogos de antaño hacían de los movimientos de las estrellas y los planetas, ya que eran simples productos de la imaginación que tuvieron origen en los sacerdotes egipcios, asirios y babilonios, o más bien provenían de las vanas conjeturas de los hindúes y las supersticiones de los griegos, los romanos y otros adoradores de las estrellas. Más bien, queremos decir que este universo sin fin es como el cuerpo humano y que todas sus partes están conectadas unas con otras y enlazadas entre sí con la mayor perfección. Es decir, de la misma manera que las partes, los miembros y órganos del cuerpo humano están interconectados y se apoyan y refuerzan mutuamente y ejercen influencia unos sobre otros, también las partes y los miembros de este universo infinito están interconectados y se influencian espiritual y materialmente unos a otros. Por ejemplo, el ojo ve y el cuerpo entero se ve afectado; el oído oye y se conmueve toda extremidad y miembro. De esto no cabe duda, pues el mundo de la existencia es también como una persona viva. Por tanto, la interconexión que existe entre las diversas partes del universo requiere de mutuas influencias y efectos, ya sean materiales o espirituales.

Para aquellos que niegan la influencia espiritual de las cosas materiales mencionamos este breve ejemplo: los sonidos bellos, los tonos maravillosos y las melodías armoniosas son accidentes que afectan al aire, ya que el sonido consiste en vibraciones del aire, y mediante esas vibraciones se excitan los nervios del tímpano y se produce la audición. Observa ahora cómo las vibraciones del aire, que son un accidente entre accidentes y que se consideran como nada, atraen y alegran al espíritu humano y lo conmueven sobremanera: lo hacen reír y llorar, e incluso pueden inducirlo a incurrir en su propio perjuicio. Observa, pues, la conexión que existe entre el espíritu humano y las vibraciones del aire, que hace que estas puedan transportarlo a otro estado y afectarlo al punto de hacerle perder por completo la paciencia y la compostura. Considera cuán extraño es esto, pues no sale nada de la persona que canta ni entra nada en la que oye y, aun así, se producen grandes efectos espirituales. Esta relación íntima entre todas las cosas creadas está, por tanto, destinada a producir efectos e influencias espirituales. Ya se ha mencionado que las partes y miembros del cuerpo humano se influencian mutuamente unos a otros.

Por ejemplo, el ojo ve y el corazón se siente afectado. El oído oye y el espíritu se ve influenciado. El corazón se calma, los pensamientos se expanden y los miembros del cuerpo experimentan un estado de bienestar. ¡Qué gran relación y conexión es esta! Y si semejantes relaciones, semejantes influencias y efectos espirituales se dan entre los diversos miembros del cuerpo humano, que es solo un ser particular entre muchos, entonces deben seguramente existir relaciones materiales y espirituales entre los innumerables seres del universo. Y, aunque nuestros métodos y ciencias actuales no puedan detectar estas relaciones entre los seres universales, su existencia es clara e indiscutible.

En resumen, todos los seres, ya sean universales o particulares, están interconectados conforme a la consumada sabiduría de Dios y ejercen influencia unos sobre otros. De no ser así, se trastocaría y perturbaría la organización omnímoda de la existencia, su disposición universal. Y puesto que todas las cosas creadas están perfectamente conectadas unas con otras, están bien ordenadas, dispuestas y perfeccionadas.

Esta cuestión merece un examen detenido y requiere atención seria y reflexión profunda.