Contestación a unas preguntas
4. Abraham
Entre quienes poseían este poder divino y recibieron ayuda de él estaba Abraham. La prueba es que Abraham había nacido en Mesopotamia, en el seno de una familia que desconocía la unicidad de Dios; se opuso a Su propio pueblo y gobierno, e incluso a Sus propios parientes; rechazó todos sus dioses y solo, sin ayuda, resistió a una nación poderosa. Tal oposición y resistencia no eran algo simple ni trivial. Es como si hoy día alguien negara a Cristo en medio de naciones cristianas que se aferran tenazmente a la Biblia, o si —Dios no lo quiera— alguien blasfemara contra Cristo en la corte papal, se opusiera a todos Sus seguidores y lo hiciera así de la manera más vehemente.
Esta gente no creía en un solo Dios, sino en muchos dioses, a los cuales atribuían milagros y, por ende, se alzaron todos contra Abraham. Nadie Lo apoyó, con excepción de Su sobrino Lot y una o dos personas más sin influencia. Finalmente, la oposición de Sus enemigos Le obligó a abandonar Su tierra natal, totalmente agraviado. En realidad, Lo desterraron para que desapareciera y no quedara huella alguna de Él. Entonces Abraham vino a estas regiones, es decir, a la Tierra Santa.
Lo que queremos decir es que Sus enemigos imaginaban que el exilio Lo llevaría a la destrucción y la ruina. Y, efectivamente, si una persona es exiliada de su tierra natal, privada de sus derechos y oprimida desde todos lados, está destinada a desaparecer, aunque fuera un rey. Mas Abraham se mantuvo firme y mostró una constancia extraordinaria, y Dios transformó Su exilio en honor sempiterno, hasta que finalmente estableció la unicidad de Dios, pues en aquel tiempo la generalidad de la humanidad eran idólatras.
Este exilio se convirtió en la causa del progreso de los descendientes de Abraham. Resultado de este exilio fue que se les diera la Tierra Santa. Resultado de este exilio fue la difusión de las enseñanzas de Abraham. Resultado de este exilio fue la aparición de Jacob de la simiente de Abraham, y de José, quien llegó a ser gobernante de Egipto. Resultado de este exilio fue la aparición de Moisés de esa misma simiente. Resultado de este exilio fue la aparición de un ser como Cristo, de ese linaje. Resultado de este exilio fue la existencia de Agar, quien dio a luz a Ismael, de quien descendió a su vez Muḥammad. Resultado de este exilio fue la aparición del Báb, del linaje de Abraham. Resultado de este exilio fue la aparición de los Profetas de Israel, de la progenie de Abraham, y así continuará para siempre. Resultado de este exilio fue que toda Europa y la mayor parte de Asia se pusieran al amparo del Dios de Israel. Mira qué poder fue el que permitió a un emigrante establecer semejante familia, fundar semejante nación y promulgar semejantes enseñanzas. Entonces, ¿puede alguien afirmar que todo esto fue puramente fortuito? Hemos de ser justos: ¿fue este Hombre un Educador o no?
Nos incumbe ponderar un momento que, si la emigración de Abraham desde Ur a Alepo, en Siria, produjo tales resultados, ¡cuál será el efecto del exilio de Bahá’u’lláh desde Teherán a Bagdad, y de allí a Constantinopla, a Rumelia y a la Tierra Santa!
¡Observa, pues, qué Educador más consumado fue Abraham!
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