Contestación a unas preguntas

76. La justicia y la misericordia de Dios

Has de saber que la justicia consiste en dar a cada cual lo que se merece. Por ejemplo, cuando un obrero trabaja desde la mañana hasta la noche, la justicia requiere que se le pague su salario, pero la merced consiste en recompensarle aun cuando no haya hecho ningún trabajo ni realizado esfuerzo alguno. Así, cuando se le da limosna a un pobre que no ha hecho ningún esfuerzo ni nada en beneficio de uno para merecerla, esto es gracia. Por eso Cristo pidió perdón para los responsables de Su muerte: esto se llama gracia.

Ahora bien, la excelencia o la bajeza de algo se determina mediante la razón o mediante la ley religiosa. Algunos creen que se fundamenta en la ley religiosa: tal es el caso de los judíos, que creen que todos los mandamientos de la Torá son obligatorios y que son materia de ley religiosa y no de la razón. Así, dicen que uno de los mandamientos de la Torá es que no pueden comerse juntas la mantequilla y la carne, pues esto es «trefe» (y «trefe» significa en hebreo impuro, mientras que «kosher» significa puro). Dicen que se trata de una cuestión de ley religiosa y no de la razón.

Pero los filósofos espirituales sostienen que la excelencia o la bajeza de una cosa dependen tanto de la razón como de la ley religiosa. Así, las prohibiciones de homicidio, robo, traición, falsedad, hipocresía e iniquidad se basan en la razón: toda mente racional comprende que estas acciones son viles y reprobables. Pues simplemente con pinchar a una persona con una espina, gritará de dolor: ¿cómo no habrá de darse perfecta cuenta, pues, de que el homicidio, conforme a la razón, es vil y reprobable? Y si cometiera semejante delito, se le consideraría responsable del mismo, le hubiera llegado o no el mensaje profético, pues la razón misma capta el carácter censurable de esta acción. Así, cuando esa persona comete actos tan infames, sin duda deberá responder por ellos.

Sin embargo, si los mandamientos proféticos no han llegado a un lugar y, como consecuencia, las gentes no actúan en conformidad con las enseñanzas divinas, no deberán rendir cuentas según las leyes de la religión. Por ejemplo, Cristo ordenó que a la crueldad se respondiera con bondad. Si una persona no es consciente de este mandamiento y actúa según los impulsos de la naturaleza, es decir, responde con daño al daño, no se considera responsable de acuerdo con las leyes de la religión, pues no le ha sido comunicado este mandamiento divino. Aunque esa persona no sea merecedora de la generosidad y el favor divinos, con todo, Dios la tratará con Su misericordia y le otorgará el perdón.

Ahora bien, la venganza es reprobable, incluso según la razón, ya que no redunda en beneficio del vengador. Si una persona golpea a otra, y la víctima opta por vengarse devolviendo el golpe, ¿qué ventaja le trae esto? ¿Será un bálsamo para su herida o un remedio para su dolor? ¡No, por Dios! En verdad, las dos acciones son iguales: ambas son agravios; la única diferencia es que una precedió a la otra. Por lo tanto, si la víctima perdona o, mejor todavía, si actúa de la manera opuesta, esa acción será loable.

En cuanto al Estado, este castiga al agresor, pero no para cobrar venganza. La finalidad de este castigo es más bien desalentar y disuadir, y resistir la iniquidad y la agresión, a fin de evitar que otros levanten igualmente la mano de la opresión. Pero si la víctima opta por perdonar y mostrar a cambio la máxima misericordia, ello es altamente meritorio a los ojos de Dios.