Contestación a unas preguntas
79. La realidad del mundo del ser
Los sofistas sostienen que toda la existencia es ilusoria; es más, que todos y cada uno de los seres son una absoluta fantasía que no tiene existencia alguna; es decir, que la existencia de las cosas creadas es como un espejismo, o como el reflejo de una imagen en el agua o en un espejo, que es meramente una apariencia carente de base, fundamento y realidad comprobable.
Esta noción es falsa, pues, si bien la existencia de las cosas es una ilusión comparada con la existencia de Dios, sin embargo, en el mundo contingente está demostrada, comprobada, y es innegable. Por ejemplo, la existencia del mineral es inexistencia comparada con la del ser humano —dado que el cuerpo humano se vuelve mineral después de morir físicamente— pero el mineral ciertamente existe en el reino mineral. Por lo tanto, está claro que el polvo es inexistente o tiene una existencia ilusoria en comparación con la de la persona, pero tiene existencia dentro del reino mineral.
De igual manera, la existencia de las cosas creadas es pura ilusión y absoluta inexistencia comparada con la de Dios, y consiste en una mera apariencia, como la imagen que se ve en un espejo. Sin embargo, aunque esta imagen es una ilusión, su fuente y realidad es la persona reflejada, cuya imagen ha aparecido en el espejo. En resumen, el reflejo es una ilusión en comparación con lo que es reflejado. Por lo tanto, es evidente que, si bien las cosas creadas no tienen existencia en comparación con la de Dios y son, en cambio, como un espejismo o una imagen reflejada en un espejo, con todo, existen dentro de su propio grado.
Por eso Cristo dijo que quienes eran desatentos con Dios y negaban Su verdad eran como muertos, aun cuando aparentemente estaban vivos; pues, con relación a los fieles, estaban en verdad muertos, ciegos, sordos y mudos. Eso es lo que Cristo quiso decir cuando declaró «Que los muertos entierren a sus muertos».
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