Días de conmemoración
7
Él es Quien está establecido en este luminoso Trono.
Proclama ante el Concurso celestial, oh Pluma de refulgente gloria: he aquí que ha sido rasgado el velo del encubrimiento y se ha revelado la Belleza del Señor en este Escenario de trascendente gloria, con tal resplandor que ha hecho brillar los luminares de Su mandato sobre la aurora de Su Nombre todopoderoso. ¡Aclamada sea, entonces, esta Festividad del Señor, que ha despuntado en un horizonte de gracia incomparable!
Esta es una festividad en la que todas las cosas se han adornado con el atavío de los nombres de Dios, y en la que Su munificencia ha envuelto a todas las cosas, desde la primera hasta la última. ¡Aclamada sea, entonces, esta Festividad del Señor, que ha fulgurado en una aurora de santidad resplandeciente!
Convoca, entonces, a las doncellas de la eternidad a que salgan deprisa de sus aposentos carmesíes en su gracia celestial, y aparezcan entre la tierra y el cielo con gloriosísimo adorno. Dales permiso, entonces, para que ofrezcan a todos los habitantes del mundo, ricos y pobres por igual, esa copa de vida que se ha llenado con la corriente celestial de la misericordia. ¡Aclamada sea, entonces, esta Festividad del Señor, que ha aparecido con maravilloso embeleso en el horizonte de la santidad!
Ordena a los jóvenes celestiales, que han sido creados con los esplendores del Más Loado, que salgan de su habitación celestial, engalanados con el atavío del Todomisericordioso, y ofrezcan con dedos de rubí el cáliz de la inmortalidad a los moradores del más alto Paraíso entre los compañeros de Bahá, para que se aproximen al Esplendor del Señor de Grandeza, a esta resplandeciente y fulgurante Belleza. ¡Aclamada sea, entonces, esta Festividad del Señor, que ha aparecido en un amanecer de exaltada gloria!
¡Por Dios! Esta es la festividad en que la belleza de la Esencia Incognoscible ha aparecido sin velos y adornada con tal soberanía que hace bajar la cerviz a quienes han rechazado Su verdad. ¡Aclamada sea, entonces, esta Festividad del Señor, que ha aparecido con supremo dominio!
Esta es una festividad en la que todas las cosas han sido absueltas en virtud de la aparición de Aquel que es el Antiguo Rey desde detrás del velo de los nombres. Por tanto, regocijaos de corazón, oh pueblos del mundo, pues los hálitos del perdón han sido esparcidos por toda la creación y ha sido insuflado al mundo el espíritu de la vida. ¡Aclamada sea, entonces, esta Festividad del Señor, que ha aparecido en un amanecer de santidad resplandeciente!
Guardaos de transgredir los límites de la cortesía y cometer lo que aborrecen vuestra mente y corazón. Esto es lo que os fue ordenado por la Pluma de Dios, el Todopoderoso, el Omnipotente. ¡Aclamada sea, entonces, esta Festividad del Señor, que ha aparecido en un horizonte de maravillosa gracia!
Esta es una festividad en la que la Belleza del Señor de la Grandeza ha sido exaltada por sobre todas las cosas, y en la que Él, desvelado y descubierto, ha proclamado Su voluntad y propósito a todos cuantos están en el cielo y en la tierra. Y esta es solo una muestra de Su favor que ha impregnado a toda la creación. Ahí estaba el Templo de Bahá, asentado sobre el trono de la eternidad, y los resplandores de Su semblante despuntaron en el horizonte de la creación con la luz de maravillosa gloria. ¡Aclamada sea, entonces, esta Festividad del Señor, que ha aparecido en un horizonte de maravillosa gracia!
¡Oh vosotros que habitáis bajo el tabernáculo de la grandeza! ¡Oh vosotros que moráis dentro del pabellón de inviolable santidad! ¡Oh vosotros que estáis al abrigo del dosel de la sublimidad y la gloria! Alzad la voz y cantad con las más dulces melodías en vuestros exaltadísimos aposentos, pues en esta Dispensación se ha desvelado la Belleza oculta, y el Sol del Invisible ha salido en el horizonte de antigua gloria. ¡Aclamada sea, entonces, esta Festividad del Señor, que ha aparecido con espléndido adorno!
¡Oh compañía del Concurso de lo alto! ¡Oh habitantes de la ciudad inmortal! Corred a rendir homenaje, pues ha aparecido el Santuario de la grandeza dentro de este Tabernáculo en torno al cual giran todos los santuarios anteriores, y circunvalad y aproximaos al Señor de todos los hombres en estos días cuyo igual jamás han presenciado los ojos de generaciones anteriores. ¡Aclamada sea, entonces, esta Festividad del Señor, que ha despuntado en el horizonte de Dios, el Magnánimo, el Munificente!
¡Oh moradores de la tierra y el cielo! Bebed a plenitud del cáliz de la vida eterna que ofrece la mano de Bahá en este muy sublime y exaltado Paraíso. ¡Por Dios! Quien tome siquiera una gota de él no sufrirá las vicisitudes del tiempo ni caerá presa de los ardides del Maligno, sino que el Señor lo enviará, en toda Dispensación, adornado de santificada y maravillosa belleza. ¡Aclamada sea, entonces, esta Festividad del Señor, que ha provenido de la sede del Señor de toda sapiencia!
Purificad vuestras almas del mundo, oh gentes, y corred presurosas hacia el Divino Árbol del Loto en este alejado santuario, para que escuchéis la voz de vuestro Señor, el Todomisericordioso, llamando desde este Paraíso que ha sido creado por mandato de Dios, el Más Loado, y ante cuya entrada se inclinan en adoración los moradores del pabellón de la santidad. ¡Aclamada sea, entonces, esta Festividad del Señor, que ha resplandecido en el horizonte de la majestad y la grandeza!
Tened cuidado, oh pueblo, no sea que os privéis de las brisas de estos días, que trasportan en todo momento la fragancia del Manto divino que emana de la presencia de este Joven radiante y glorioso. ¡Aclamada sea, entonces, esta Festividad del Señor, que ha resplandecido en la aurora de Su nombre, el Altísimo!
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