Días de conmemoración

21 - Lawḥ-i-‘Áshiq va Ma‘shúq (Tabla del Amante y el Amado)

Él es el Exaltado, el Trascendente, el Altísimo.

¡Oh ruiseñores de Dios! Libraos de las espinas y zarzas de la desdicha y la miseria, y remontad el vuelo hacia el rosedal de esplendor inmarcesible. ¡Oh Mis amigos que moráis en el polvo! Apresuraos a entrar a vuestro aposento celestial. Anunciaos a vosotros mismos las buenas nuevas: «¡Aquel que es el Más Amado ha venido! Se ha puesto la corona de la gloria de la Revelación de Dios, y ha abierto las puertas de Su antiguo Paraíso a la faz de todos». Que todos los ojos se regocijen y que todos los oídos se alegren, porque ahora es la hora de contemplar Su belleza y ahora es el momento de escuchar Su voz. Proclamad a todos los amantes fervorosos: «¡Mirad, vuestro Bienamado ha venido entre las gentes!», y a los mensajeros del Monarca del amor transmitid la buena nueva: «¡He aquí, el Adorado ha aparecido envuelto en la plenitud de Su gloria!» ¡Oh amantes de Su belleza! Cambiad la pena de vuestra separación de Él por la alegría de una reunión sempiterna y dejad que la dulzura de Su presencia disuelva la amargura de vuestra lejanía de Su corte.

Mirad cómo la abundante gracia de Dios, que está siendo vertida desde las nubes de la Gloria divina, ha envuelto al mundo en este día. Pues, si en días pasados cada amante suplicaba y buscaba a su Amado, ahora el Amado mismo es Quien llama a Sus amantes y los invita a acudir a Su presencia. Tened cuidado, no sea que perdáis tan preciado favor. Estad atentos, no sea que menospreciéis tan extraordinaria muestra de Su gracia. No renunciéis a los bienes incorruptibles y no os contentéis con lo que perece. Levantad el velo que oscurece vuestra visión y disipad las tinieblas en que está envuelta, para que contempléis la belleza pura de la faz del Amado, veáis lo que ningún ojo ha visto y oigáis lo que ningún oído ha oído.

¡Oídme, oh aves mortales! En el Rosedal de esplendor inmutable ha empezado a abrirse una Flor, comparada con la cual cualquier otra flor no es más que una espina, y ante el fulgor de Cuya gloria palidece y se marchita la esencia misma de la belleza. Levantaos, por tanto, y con todo el entusiasmo de vuestro corazón, con todo el anhelo de vuestra alma, el pleno fervor de vuestra voluntad y los esfuerzos concentrados de todo vuestro ser, procurad alcanzar el paraíso de Su presencia, e intentad aspirar la fragancia de la Flor inmarchitable, respirar los dulces aromas de la santidad y obtener una porción de este perfume de gloria celestial. Quien siga este consejo romperá sus cadenas, gustará del abandono del amor que embelesa, alcanzará el deseo de su corazón y entregará su alma en manos de su Amado. Habiendo roto su jaula, cual ave del espíritu, emprenderá el vuelo a su santo y sempiterno nido.

La noche ha sucedido al día y el día ha sucedido a la noche, las horas y los instantes de vuestras vidas han venido y se han ido y, con todo, ninguno de vosotros ha accedido, ni por un instante, a desprenderse de aquello que perece. Levantaos, para que no se disipen ni se pierdan los breves momentos que aún os quedan. Vuestros días pasarán con la rapidez del relámpago, y vuestros cuerpos serán enterrados bajo un lecho de polvo. ¿Qué podréis lograr entonces? ¿Cómo podréis reparar vuestros errores pasados?

El Cirio sempiterno brilla en su gloria manifiesta. Mirad cómo ha consumido todos los velos mortales. ¡Oh vosotros que sois como polillas amantes de Su luz! Afrontad todo peligro y consagrad vuestras almas a su llama abrasadora. ¡Oh vosotros que estáis sedientos de Él! Despojaos de todo afecto mundano y apresuraos a abrazar a vuestro Amado. Con un fervor que nadie pueda igualar, corred para llegar hasta Él. La Flor que hasta ahora se hallaba oculta a los ojos de todos está desvelada ante vuestra vista. En el resplandor visible de Su gloria, Él está ante vosotros. Su voz invita a todos los seres santos y consagrados a venir y unirse a Él. Feliz quien se vuelva a ella; bienaventurado quien haya alcanzado y contemplado la luz de tan maravilloso semblante.