Días de conmemoración
22
¡En Tu nombre, el Más Maravilloso, el Más Glorioso!
¡Oh mi Dios! Puesto que Te has establecido en el trono de Tu trascendente unidad y has ascendido a la bondadosa sede de Tu unicidad, Te sería propio borrar del corazón de todos los seres cualquier cosa que les impida el acceso al santuario de Tus divinos misterios y los excluya del tabernáculo de Tu Divinidad, para que todos los corazones reflejen Tu belleza, Te manifiesten y hablen de Ti, y para que todas las cosas creadas exhiban las muestras de Tu muy augusta soberanía y derramen el esplendor de la luz de Tu santísima autoridad, y para que todos los que están en el cielo y en la tierra alaben y magnifiquen Tu unidad, y Te glorifiquen por haberles manifestado Tu Ser por medio de Aquel que es el Revelador de Tu unicidad.
Despoja, pues, a Tus siervos, oh mi Dios, de los atavíos del yo y del deseo, o permite que los ojos de Tu pueblo se eleven a tales alturas que no perciban en sus deseos otra cosa que no sea la caricia de las suaves brisas de Tu gloria eterna ni reconozcan en sí mismos cosa alguna que no sea la revelación de Tu propio Ser misericordioso, para que la tierra y cuanto hay en ella se purifiquen de todo lo que es ajeno a Ti y de cualquier cosa que manifieste algo que no sea Tu Ser. Todo esto puede cumplirse en la plenitud de Tu dominio mediante Tu palabra imperativa «Sé», y es. Y con más rapidez aun; y, con todo, las gentes no comprenden.
¡Glorificado, inmensamente glorificado eres, oh mi Bienamado! ¡Juro por Tu gloria! Reconozco en este instante que Tú me has concedido todo lo que Te he implorado, en esta bendita noche que, como Tú has decretado, evoca el recuerdo de Aquel que fue el Compañero de Tu belleza y el Observador de Tu rostro, antes de que me hubieras mencionado o me hubieras creado dentro de la corte de Tu santidad. Percibo que Tú has hecho que todas las cosas sean las manifestaciones de Tu mandato, y las revelaciones de Tu obra, y las arcas de Tu conocimiento, y los caudales de Tu sabiduría. Reconozco, además, que si alguna de las revelaciones de Tus nombres y Tus atributos le fuera negada a cualquier cosa creada por Tu poder y generada por Tu fuerza, aunque fuera en la medida de un grano de mostaza, los cimientos de Tu obra imperecedera quedarían incompletos y las gemas de Tu divina sabiduría se tornarían imperfectas. Pues las letras de la negación, por muy lejos que se encuentren de las santas fragancias de Tu conocimiento, y por mucho que se olviden de los maravillosos esplendores del amanecer de Tu belleza que han sido derramados desde el cielo de Tu majestad, deben necesariamente existir en Tu reino, para que de este modo sean ensalzadas las palabras que Te afirman.
¡Tu poder me lo atestigua, oh mi Bienamado! La creación entera ha sido engendrada con el fin de ensalzar Tu triunfo y establecer Tu supremacía, y todos los límites que Tú has fijado no son sino las señales de Tu soberanía y proclaman la fuerza de Tu poder. ¡Cuán grandes, cuán sumamente grandes son las revelaciones de Tu maravilloso poder en todas las cosas! Tan grandes son que has hecho que la más humilde de Tus criaturas se convierta en una manifestación de Tu más augusto atributo, y que la muestra más ínfima de Tu obra sea escogida como beneficiaria de Tu poderosísimo nombre. Por Tu decreto, la pobreza se ha convertido en el medio para la revelación de Tus riquezas, y la humillación, en un camino que conduce hacia Tu gloria, y el pecado, en una razón para el ejercicio de Tu indulgencia. Mediante ellas has demostrado que Tuyos son Tus más excelentes títulos, y a Ti pertenecen las maravillas de Tus exaltadísimos atributos.
¡Oh mi Dios! Ya que Te has propuesto hacer que todas las cosas creadas entren en el tabernáculo de Tu trascendente gracia y favor, y difundir sobre toda la creación las fragancias de la vestidura de Tu gloriosa unidad, y mirar todas las cosas con los ojos de Tu munificencia y Tu unicidad, Te suplico, pues, por Tu amor, que has hecho que sea el motivo principal de las revelaciones de Tu eterna santidad, y por la llama que arde en los corazones de aquellas de Tus criaturas que Te anhelan, que generes en este mismo momento Tu Paraíso de santidad trascendente para aquellos de entre Tu pueblo que están dedicados a Ti por completo, y para aquellos de Tus amados que Te aman, en virtud de la esencia de Tu munificencia y generosidad, y del espíritu mismo de Tu gracia y Tu gloria, y lo eleves por encima de todo fuera de Ti, y lo exaltes más allá de todo excepto de Ti mismo. Crea, además, dentro de él, oh mi Dios, de las luces procedentes de Tu trono, doncellas que entonen las melodías de Tu maravillosa y dulcísima composición, para que magnifiquen Tu nombre con palabras nunca oídas por ninguna de Tus criaturas, ya sean moradoras de Tu cielo o habitantes de Tu tierra, ni comprendidas por nadie de entre Tu pueblo. Abre, entonces, las puertas de este Paraíso a Tus amados, para que entren por ellas en Tu nombre y mediante el poder de Tu soberanía, para que con ello sean perfeccionadas las dádivas supremas que has otorgado a Tus elegidos y los dones trascendentes que has conferido a aquellos en quienes confías, a fin de que ensalcen Tus virtudes con melodías que nadie pueda entonar ni describir, y que nadie de entre Tu pueblo conciba la intención de presentarse con la apariencia de alguno de Tus escogidos, o de emular el ejemplo de Tus amados, y que nadie deje de distinguir entre Tus amigos y Tus enemigos, ni diferenciar entre quienes están consagrados a Ti y los que obstinadamente se oponen a Ti. Potente eres Tú para hacer Tu voluntad, y supremo y poderoso por encima de todas las cosas.
¡Elevado, infinitamente elevado estás Tú, oh mi Amado, por encima de los esfuerzos por conocerte que realice cualquiera de Tus criaturas, por muy sabia que sea! ¡Elevado, inmensamente elevado estás Tú por encima de cualquier intento humano por describirte, por muy minucioso que sea! Pues los pensamientos más elevados de las criaturas humanas, por profunda que sea su contemplación, jamás podrán aspirar a remontarse por encima de las limitaciones impuestas a Tu creación, ni ascender más allá de la condición del mundo contingente, ni sobrepasar los confines que irrevocablemente le has fijado. ¿Cómo puede, entonces, una cosa que ha sido creada por Tu voluntad que predomina sobre toda la creación, una cosa que es en sí misma parte del mundo contingente, tener la facultad de remontarse al santo empíreo de Tu conocimiento, o alcanzar la sede de Tu trascendente poder?
¡Elevado, infinitamente elevado estás por encima de los esfuerzos de la criatura evanescente por remontarse hasta el trono de Tu eternidad o del esfuerzo de los pobres y desgraciados por alcanzar la cima de Tu gloria que todo lo basta! Desde la eternidad, Tú mismo has descrito Tu Ser a Tu propio Ser, y has ensalzado Tu Esencia a Tu Esencia, en Tu propia Esencia. ¡Juro por Tu gloria, oh mi Bienamado! ¿Quién, además de Ti, puede pretender que Te conoce, y quién, salvo Tú mismo, puede hacer mención adecuada de Ti? Tú eres Aquel que, desde la eternidad, ha habitado en Su dominio, en la gloria de Su trascendente unidad y los esplendores de Su santa grandeza. Si en todos los reinos de Tu creación, desde los más elevados dominios de la inmortalidad hasta el plano de este mundo inferior, alguien que no seas Tú se estimara digno de mención, ¿cómo podría demostrarse que Tú estás establecido en el trono de Tu unidad, y cómo podrían glorificarse las prodigiosas virtudes de Tu unicidad y Tu singularidad?
Soy testigo en este momento, oh mi Dios, de lo que Tú has declarado acerca de Tu propio Ser, antes de haber creado los cielos y la tierra: que Tú eres Dios y que no existe otro Dios mas que Tú. Desde siempre, mediante las Manifestaciones de Tu poder, Tú has podido revelar las señales de Tu fuerza y, mediante las Auroras de Tu conocimiento, siempre has dado a conocer las palabras de Tu sabiduría. Aparte de Ti, no se ha hallado a nadie digno de mención ante el Tabernáculo de Tu unidad y, con excepción de Ti, ningún ser ha demostrado ser digno de alabanza dentro de la sagrada corte de Tu unicidad.
Alabado seas, oh mi Dios, por cuanto has revelado Tus favores y Tus dádivas, y glorificado seas, oh mi Amado, por cuanto has manifestado el Sol de Tu amorosa bondad y de Tus tiernas mercedes. Tan grande es mi gratitud hacia Ti que puede guiar los pasos de los descaminados hacia los esplendores de la luz matinal de Tu guía, y hacer que aquellos que Te anhelan lleguen a la sede de la revelación del esplendor de Tu belleza. Tan grande es mi gratitud hacia Ti que puede acercar a los enfermos a las aguas de Tu curación y ayudar a los que están lejos de Ti a aproximarse a la fuente viva de Tu presencia. Tan grande es mi gratitud hacia Ti que puede despojar los cuerpos de Tus siervos de las vestimentas de la mortalidad y la humillación, y adornarlos con los atuendos de Tu eternidad y Tu gloria, y encaminar a los pobres hacia las riberas de Tu santidad y de Tus sobradas riquezas. Tan grande es mi gratitud hacia Ti que puede hacer que la Paloma Celestial, posada en las ramas del Árbol del Loto de la Inmortalidad, arrulle: «En verdad, Tú eres Dios. No hay Dios sino Tú. Desde toda la eternidad has estado más allá de la alabanza de todo cuanto no seas Tú, y muy por encima de la descripción de quienquiera que no seas Tú mismo». Tan grande es mi gratitud hacia Ti que puede hacer que el Ruiseñor de la Gloria gorjee en el altísimo cielo: «‘Alí (el Báb) es, en verdad, Tu siervo, a Quien has escogido de entre Tus Mensajeros y Tus Elegidos, y has hecho que sea la Manifestación de Ti mismo en todo cuanto se refiere a Ti y cuanto concierne a la revelación de Tus atributos y las evidencias de Tus nombres». Tan grande es mi gratitud hacia Ti que puede motivar a todas las cosas creadas a ensalzarte y glorificar Tu Esencia, y desatar la lengua de todas las criaturas para que magnifiquen la soberanía de Tu belleza. Tan grande es mi gratitud hacia Ti que puede llenar los cielos y la tierra con las señales de Tu trascendente Esencia, y ayudar a todas las cosas creadas a entrar en el Tabernáculo de Tu proximidad y Tu presencia. Tan grande es mi gratitud hacia Ti que puede hacer de toda cosa creada un libro que hable de Ti, y un pergamino que despliegue Tu alabanza. Tan grande es mi gratitud hacia Ti que puede establecer a las Manifestaciones de Tu soberanía sobre el trono de Tu regencia y asentar a los Exponentes de Tu gloria en la sede de Tu Divinidad. Tan grande es mi gratitud hacia Ti que puede hacer que el árbol enfermo dé buenos frutos mediante los sagrados hálitos de Tus favores, y revivir los cuerpos de todos los seres con las suaves brisas de Tu gracia trascendente. Tan grande es mi gratitud hacia Ti que puede hacer que las señales de Tu elevada singularidad desciendan desde el cielo de Tu santa unidad. Tan grande es mi gratitud hacia Ti que puede enseñarles a todas las cosas las realidades de Tu conocimiento y la esencia de Tu sabiduría, y no dejar a las criaturas desdichadas fuera de las puertas de Tu misericordia y Tu generoso favor. Tan grande es mi gratitud hacia Ti que puede hacer que todos cuantos se hallan en los cielos y en la tierra prescindan de todas las cosas creadas, mediante los tesoros de Tus caudalosas riquezas, y ayudar a que todas las cosas creadas alcancen la cima de Tus omnipotentes favores. Tan grande es mi gratitud hacia Ti que puede ayudar a los corazones de quienes Te aman con fervor a remontarse al empíreo de Tu cercanía y del anhelo por Ti, y encender la Luz de las Luces en la tierra de Iraq. Tan grande es mi gratitud hacia Ti que puede desligar de todas las cosas creadas a quienes están cerca de Ti y atraerlos al trono de Tus nombres y Tus atributos. Tan grande es mi gratitud hacia Ti que puede hacer que perdones todos los pecados y las trasgresiones, y que satisfagas las necesidades de los seguidores de todas las religiones, y derrames las fragancias del perdón por toda la creación. Tan grande es mi gratitud hacia Ti que puede hacer que quienes reconocen Tu unidad escalen las alturas de Tu amor, y quienes están consagrados a Ti asciendan al Paraíso de Tu Presencia. Tan grande es mi gratitud hacia Ti que puede hacer que se cumplan los deseos de quienes Te buscan, y que se alcancen los objetivos de quienes Te han reconocido. Tan grande es mi gratitud hacia Ti que puede borrar de los corazones humanos toda traza de limitación y grabar las señales de Tu unidad. Tan grande es mi gratitud hacia Ti como aquello con lo que, desde toda la eternidad, glorificaste Tu propio Ser y lo elevaste por encima de todos los semejantes, rivales y parecidos, oh Tú en Cuyas manos están los cielos de la gracia y la munificencia, y los reinos de la gloria y la majestad.
¡Loado sea Tu nombre, oh Señor, mi Dios y mi Maestro! Tú atestiguas, y ves, y sabes las cosas que han sobrevenido a Tus amados en Tus días, y las continuas pruebas, y las sucesivas tribulaciones y las incesantes aflicciones que se ha hecho caer sobre Tus elegidos. Tal ha sido su sufrimiento que la tierra se hizo insoportable para ellos, y en todas las regiones fueron rodeados por las evidencias de Tu ira y las señales del temor a Ti, y se les cerraron las puertas de Tu misericordia y amorosa bondad, y el jardín de sus corazones fue privado de las abundantes lluvias de Tu gracia y Tus muníficos favores. ¿Negarás, oh mi Dios, a quienes Te aman las maravillas de Tu triunfo y soberanía? ¿Frustrarás, oh mi Bienamado, las esperanzas que quienes están consagrados a Ti han puesto en Tus múltiples dádivas y mercedes? ¿Impedirás, oh mi Maestro, que quienes Te han reconocido lleguen a las riberas de Tu santificado conocimiento, o harás que cesen las lluvias de Tu trascendente gracia sobre los corazones de quienes Te anhelan? ¡No, en absoluto, y ello Tu Gloria me lo atestigua! Doy testimonio en este mismo momento de que Tu misericordia ha sobrepasado a todas las cosas creadas, y Tu bondadoso afecto ha envuelto a todos cuantos están en el cielo y todos cuantos están en la tierra. Desde siempre, las puertas de Tu generosidad han estado abiertas ante Tus siervos, y las suaves brisas de Tu gracia han soplado sobre los corazones de Tus criaturas, y las desbordantes lluvias de Tu bondad han caído sobre Tu pueblo y sobre los habitantes de Tu dominio.
Sé muy bien que has tardado en manifestar Tu triunfo en el reino de la creación, en virtud de Tu conocimiento que abarca los misterios de Tu decreto y de las cosas que se ha ordenado que queden ocultas tras los velos de Tu irrevocable propósito, para que, de este modo, los que se han puesto bajo la sombra de Tu trascendente misericordia se distingan de aquellos que Te han tratado desdeñosamente y Te han dado la espalda en el momento en que manifestaste Tu exaltadísima Belleza.
¡Excelso, infinitamente excelso eres, por tanto, oh mi Amado! Ahora que, en Tu dominio, has separado a Tus amados de Tus enemigos y has perfeccionado Tu potentísimo testimonio y Tu más infalible Prueba para todos cuantos están en el cielo y en la tierra, ten misericordia de quienes han sido humillados en Tu país debido a lo que les ha acontecido en Tu sendero. Enaltécelos, pues, oh mi Dios, mediante la fuerza de Tu poder y la potencia de Tu voluntad, y elévalos para que proclamen Tu Causa mediante Tu soberanía y propósito omnipotentes.
¡Juro por Tu Gloria! Mi única intención al exponer Tu predominio ha sido glorificar Tu Causa y magnificar Tu palabra. Estoy convencido de que si demoraras en hacer descender Tu victoria y demostrar Tu fuerza, con seguridad los signos de Tu soberanía perecerían en Tu tierra y las muestras de Tu autoridad se extinguirían en todo Tu dominio.
Siento oprimido el pecho, oh mi Dios, y me han envuelto las penas y las vejaciones, pues entre Tus siervos oigo alabanzas pero no Tu maravillosa alabanza, y entre Tu pueblo observo evidencias de todas las cosas excepto las evidencias de lo que Tú les has prescrito por Tu mandato, les has destinado por Tu soberana voluntad y les has ordenado por Tu ineludible decreto. Tan lejos se han desviado de Ti que, si alguno de Tus amados les ofreciera las maravillosas pruebas de Tu unidad y las preciosas palabras que dan fe de Tu trascendente unicidad, se taparían los oídos con las manos, le pondrían reparos y se burlarían de él. Todo esto lo has estipulado mediante Tu soberanía que todo lo abarca, y lo has percibido mediante Tu supremacía omnipotente.
¡Glorificado, inmensamente glorificado eres, oh mi Maestro! Mira, pues, los corazones que, en su amor por Ti, han sido atravesados por los dardos de Tus enemigos, y las cabezas que han sido exhibidas en lanzas por la exaltación de Tu Causa y la glorificación de Tu nombre.Ten piedad, pues, de los corazones que se han consumido en el fuego de Tu amor y han padecido tribulaciones de las que solo Tú eres conocedor.
¡Toda alabanza y honor sean para Ti, oh mi Dios! Tú bien sabes las cosas que durante una veintena de años han sucedido en Tus días y siguen sucediendo hasta este momento. Ninguna criatura puede estimar, ni lengua alguna relatar, lo que ha sobrevenido a Tus elegidos durante todo este tiempo. No han podido obtener amparo ni encontrar refugio donde permanecer a salvo. ¡Oh mi Dios! Convierte, pues, su miedo en las evidencias de Tu paz y Tu seguridad, y su humillación, en la soberanía de Tu gloria, y su pobreza, en Tu abundante riqueza, y su angustia, en las maravillas de Tu perfecta tranquilidad. Provéelos con las fragancias de Tu poder y Tu misericordia, y haz descender sobre ellos, desde Tu maravillosa bondad, aquello que les permita prescindir de todo cuanto no seas Tú y los desprenda de todo excepto de Ti, para que sea revelada la soberanía de Tu unicidad y se demuestre la supremacía de Tu gracia y Tu munificencia.
¿No repararás, oh mi Dios, en las lágrimas que Tus amados han derramado? ¿No Te apiadarás, oh mi Bienamado, de los ojos que están empañados a causa de su separación de Ti, y porque han cesado las señales de Tu victoria? ¿No mirarás, oh mi Maestro, los corazones en los que ha batido sus alas la paloma del anhelo y del amor por Ti? ¡Por Tu gloria! La situación ha llegado hasta tal punto que la esperanza languidece en los corazones de Tus elegidos y los suspiros de la desesperación amenazan con sofocarlos debido a lo que les ha acontecido en Tus días.
Mira, entonces, oh mi Dios, cómo he huido de mí mismo para acercarme a Ti, y he abandonado mi propio ser para alcanzar los resplandores de la luz de Tu ser, y he dejado todo cuanto me aparta de Ti y hace que me olvide de Ti, a fin de poder aspirar la fragancia de Tu presencia y de Tu recuerdo. Mira cómo he transitado por el polvo de la ciudad de Tu perdón y Tu generosidad, he habitado dentro de los recintos de Tu trascendente misericordia y Te he implorado, por la soberanía de Aquel que es Tu Recuerdo y que ha aparecido con el manto de Tu purísima y más augusta Belleza, que en el curso de este año hagas descender sobre Tus amados lo que les permita prescindir de quienquiera que no seas Tú, y los deje libres para reconocer las evidencias de Tu voluntad soberana y Tu propósito que todo lo somete, de tal modo que busquen solo lo que Tú has querido para ellos mediante Tu propósito, y no deseen otra cosa mas que lo que Tú deseaste para ellos mediante Tu voluntad. Santifica, entonces, sus ojos, oh mi Dios, para que contemplen la luz de Tu Belleza, y purifica sus oídos para que perciban las melodías de la Paloma de Tu trascendente unicidad. Colma, entonces, sus corazones con las maravillas de Tu amor, cuida sus lenguas de la mención de cualquiera que no seas Tú y guarda sus rostros de volverse hacia cosa alguna que no seas Tú mismo. Potente eres para hacer cuanto Te place. Verdaderamente, Tú eres el Todopoderoso, Quien ayuda en el peligro, Quien subsiste por Sí mismo.
Protege, además, oh mi Amado, por Tu amor hacia ellos y el amor que ellos albergan por Ti, a este siervo que ha sacrificado todo por Ti y ha empleado todo cuanto Tú le has otorgado en el sendero de Tu amor y Tu complacencia, y resguárdalo de todo lo que aborreces y de cuanto pueda impedirle entrar en el Tabernáculo de Tu santa soberanía y alcanzar el trono de Tu trascendente unicidad. Cuéntalo, pues, oh mi Dios, entre aquellos que no han permitido que nada en absoluto les impida contemplar Tu belleza o meditar sobre las maravillosas evidencias de Tu eterna creación, para que no tenga comunión con nadie salvo contigo, no se vuelva hacia cosa alguna salvo hacia Ti, no descubra en todo lo que ha sido creado en los reinos de la tierra y del cielo otra cosa mas que Tu maravillosa Belleza y la revelación de los esplendores de Tu faz, y se sumerja tan profundamente en los ondeantes océanos de Tu ineludible providencia y los agitados mares de Tu santa unidad que olvide toda mención excepto la mención de Tu trascendente unicidad y destierre de su alma las huellas de toda mala insinuación, oh Tú en Cuyas manos están los reinos de todos los nombres y atributos.
¡Loado sea Tu nombre, oh Tú que eres el Objeto de mi deseo! ¡Juro por Tu gloria! Tan grande es mi deseo de lograr un completo desapego que, aunque ante mí apareciesen esos semblantes que se hallan velados en los aposentos de la castidad, cuya belleza has ocultado de los ojos de la creación entera y cuyos rostros has librado de las miradas de todos los seres, y aunque se desvelaran en toda la gloria de los esplendores de Tu incomparable belleza, me negaría a mirarlos y los vería solo con el propósito de esclarecer los misterios de Tu creación, los cuales han desconcertado a las mentes de quienes se han acercado a Ti y sobrecogido las almas de todos los que Te han reconocido. Mediante Tu fuerza y Tu poder, me remontaría a tales alturas que nada en absoluto tendría el poder de mantenerme alejado de las múltiples evidencias de Tu trascendente dominio, ni ningún interés mundano me cerraría el acceso a las manifestaciones de Tu divina santidad.
¡Glorificado, inmensamente glorificado eres, oh mi Dios, y mi Bienamado, y mi Maestro, y mi Deseo! No frustres las esperanzas que este ser humilde abriga de alcanzar las riberas de Tu gloria, y no prives a esta desdichada criatura de la inmensidad de Tus riquezas, y no expulses a este suplicante de las puertas de Tu gracia, Tu generosidad y Tus dones. Ten misericordia, entonces, de esta alma pobre y desolada que no ha buscado otro amigo mas que Tú, ni otro compañero excepto Tú, ni otro confortador salvo Tú, ni otro amado fuera de Ti, ni ha acariciado deseo alguno que no seas Tú mismo.
¡Oh mi Dios! Dirige, pues, hacia mí la mirada de Tu misericordia y perdona mis faltas y las faltas de quienes Te son queridos, y que se interponen entre nosotros y la revelación de Tu triunfo y Tu gracia. Anula, además, nuestros pecados, que nos han impedido ver los esplendores del Sol de Tus favores. Poderoso eres Tú para hacer Tu voluntad. Tú ordenas lo que Te place y no has de dar cuenta de lo que deseas por el poder de Tu soberanía, ni puede frustrarse cuanto quiera que hayas prescrito mediante Tu irrevocable decreto. No hay Dios sino Tú, el Todopoderoso, el Omnipotente, el Eterno, el Más Compasivo.
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