Días de conmemoración

26 - Lawḥ-i-Náqús (Tabla de la Campana)

Él es el Todoglorioso.

Este es el jardín del Paraíso, donde resuenan los himnos de Dios, Quien ayuda en el peligro, Quien subsiste por Sí mismo; donde ascienden las melodías que cautivan el alma, entonadas por el Ruiseñor de la Eternidad sobre las ramas del Divino Árbol del Loto; donde habitan las Doncellas del Cielo que nadie ha tocado sino Dios, el Todoglorioso, el Santísimo; y donde se atesora aquello que atrae a los necesitados a las orillas del océano de la verdadera riqueza y guía a las gentes hacia la Palabra de Dios. Y esto, en verdad, no es sino la verdad manifiesta.

¡Por Tu nombre «Él»! Verdaderamente, Tú eres «Él», ¡oh Tú que eres «Él»!

¡Oh Monje de la Unidad Divina! Tañe la campana, pues ha llegado el Día del Señor y la Belleza del Todoglorioso ha ascendido a Su bendito y esplendoroso trono. ¡Alabado seas, oh Tú que eres «Él», oh Tú aparte de Quien no hay otro sino «Él»!

¡Oh Húd, Profeta del Decreto Divino! Haz resonar el clarín en el nombre de Dios, el Todoglorioso, el Munífico, pues el Templo de la santidad ha sido establecido en la sede de gloria celestial. ¡Alabado seas, oh Tú que eres «Él», oh Tú aparte de Quien no hay otro sino «Él»!

¡Oh Semblante de la inmortalidad! Rasguea con los dedos del espíritu las cuerdas sagradas y maravillosas, pues ha aparecido la Belleza de la Esencia Divina, ataviada con un sedoso ropaje de luz. ¡Alabado seas, oh Tú que eres «Él», oh Tú aparte de Quien no hay otro sino «Él»!

¡Oh Ángel de la luz! Haz resonar la trompeta por la venida de esta Revelación, pues la letra Há’ se ha unido a la letra de antigua gloria. ¡Alabado seas, oh Tú que eres «Él», oh Tú aparte de Quien no hay otro sino «Él»!

¡Oh Ruiseñor del cielo! Gorjea en los tallos de este jardín celestial en nombre del Amado, pues la belleza de la Rosa ha aparecido desde detrás de un velo impenetrable. ¡Alabado seas, oh Tú que eres «Él», oh Tú aparte de Quien no hay otro sino «Él»!

¡Oh Cantor del Paraíso! Trina desde las ramas en estos días maravillosos, pues Dios ha derramado Sus luminosos rayos sobre todo lo creado. ¡Alabado seas, oh Tú que eres «Él», oh Tú aparte de Quien no hay otro sino «Él»!

¡Oh Ave de la eternidad! Eleva el vuelo hacia estas alturas, pues el Ave de la fidelidad se ha remontado en el firmamento de la cercanía divina. ¡Alabado seas, oh Tú que eres «Él», oh Tú fuera de Quien no hay otro sino «Él»!

¡Oh habitantes del Paraíso! Cantad y declamad con dulcísimos tonos, pues ha sonado la melodía de Dios en el Tabernáculo de santidad incomparable. ¡Alabado seas, oh Tú que eres «Él», oh Tú aparte de Quien no hay otro sino «Él»!

¡Oh moradores del Reino! Entonad el nombre del Amado, pues la belleza de Su Causa ha aparecido con resplandor de detrás de los velos, adornada con un luminoso espíritu. ¡Alabado seas, oh Tú que eres «Él», oh Tú aparte de Quien no hay otro sino «Él»!

¡Oh residentes del reino de los nombres! Adornad los más recónditos confines del cielo, pues ha venido el Más Grande Nombre cabalgando sobre las nubes de majestad trascendente. ¡Alabado seas, oh Tú que eres «Él», oh Tú aparte de Quien no hay otro sino «Él»!

¡Oh habitantes del Dominio de los atributos divinos que se encuentra en el Reino de la Gloria! Preparaos para presentaros ante Dios, pues las suaves brisas de la santidad han soplado desde el santuario de la Esencia Divina y esto es, ciertamente, una merced evidente. ¡Alabado seas, oh Tú que eres «Él», oh Tú aparte de Quien no hay otro sino «Él»!

¡Oh paraíso de la Unidad Divina! Regocíjate, pues ha aparecido el paraíso de Dios, el Exaltadísimo, el Todopoderoso, el Omnisapiente. ¡Alabado seas, oh Tú que eres «Él», oh Tú aparte de Quien no hay otro sino «Él»!

¡Oh cielo de grandeza! Da gracias a Dios desde lo más íntimo de tu ser, pues el cielo de la santidad ha sido alzado en el firmamento de un corazón de pureza inmaculada. ¡Alabado seas, oh Tú que eres «Él», oh Tú aparte de Quien no hay otro sino «Él»!

¡Oh sol del dominio mundano! Eclipsa tu faz, pues en el horizonte de una mañana radiante han aparecido los rayos del Sol de la eternidad. ¡Alabado seas, oh Tú que eres «Él», oh Tú aparte de Quien no hay otro sino «Él»!

¡Oh tierra del conocimiento! Trágate tu saber, pues la Tierra del verdadero conocimiento ha sido desplegada por Aquel que es el Ser de Dios, el Todoglorioso, el Munífico, el Altísimo. ¡Alabado seas, oh Tú que eres «Él», oh Tú aparte de Quien no hay otro sino «Él»!

¡Oh lámpara de la soberanía terrenal! Apaga tu luz, pues se ha encendido la Lámpara de Dios en la hornacina de la eternidad, y ha iluminado a todos cuantos están en el cielo y a todos cuantos están en la tierra. ¡Alabado seas, oh Tú que eres «Él», oh Tú aparte de Quien no hay otro sino «Él»!

¡Oh mares del mundo! Aquietad el embate de vuestras olas, pues una Causa prodigiosa ha hecho agitarse el Mar Carmesí. ¡Alabado seas, oh Tú que eres «Él», oh Tú aparte de Quien no hay otro sino «Él»!

¡Oh Pavo Real de la Unidad Divina! Emite tu triste graznido entre las espesuras del mundo celestial, pues la melodía de Dios suena cercana por doquier. ¡Alabado seas, oh Tú que eres «Él», oh Tú aparte de Quien no hay otro sino «Él»!

¡Oh Gallo de la eternidad! Haz oír tu canto en los bosques del cielo empíreo, pues el Emplazador de Dios ha clamado desde toda cumbre elevada. ¡Alabado seas, oh Tú que eres «Él», oh Tú aparte de Quien no hay otro sino «Él»!

¡Oh concurso de amantes fervorosos! Que vuestras almas se alegren, pues ha llegado a su fin el día de la separación, se ha cumplido la Alianza y ha aparecido el Amado, revestido con gloriosa y majestuosa belleza. ¡Alabado seas, oh Tú que eres «Él», oh Tú aparte de Quien no hay otro sino «Él»!

¡Oh asamblea de conocedores místicos! Que vuestros corazones se llenen de gozo, pues ya ha pasado el tiempo de la lejanía, ha aparecido el espíritu de la certeza y ha resplandecido el semblante del Joven celestial, engalanado con el ornamento de la santidad en el paraíso de Su nombre, el Omnipotente. ¡Alabado seas, oh Tú que eres «Él», oh Tú aparte de Quien no hay otro sino «Él»!

¡Glorificado seas, oh Señor, mi Dios! Te ruego por Tu Día, mediante el cual generaste todos los demás días, y en un instante del cual estimaste el tiempo fijado para todo lo que ha sido y todo lo que ha de ser —¡alabado seas, oh Tú que eres «Él», oh Tú aparte de Quien no hay otro sino «Él»!—

Y por Tu nombre, que has hecho el soberano del reino de los nombres y el regidor de todos cuantos están en el cielo y todos cuantos están en la tierra —¡alabado seas, oh Tú que eres «Él», oh Tú aparte de Quien no hay otro sino «Él»!—

Que permitas bondadosamente a Tus siervos prescindir de todo salvo de Ti, acercarse a Ti y desprenderse de todo cuanto no seas Tú. Tú eres, verdaderamente, el Dios de fuerza, de poder y de misericordia. ¡Alabado seas, oh Tú que eres «Él», oh Tú aparte de Quien no hay otro sino «Él»!

Permíteles, oh mi Dios, dar testimonio de Tu unidad y reconocer Tu unicidad, de modo tal que no vean nada sino a Ti y cierren los ojos a todo lo demás. Poderoso eres, en verdad, para hacer Tu voluntad. ¡Alabado seas, oh Tú que eres «Él», oh Tú aparte de Quien no hay otro sino «Él»!

¡Oh mi Amado! Enciende, pues, en su pecho el fuego de Tu amor, para que consuma la mención de todo lo demás, y para que atestigüen en su interior que Tú has habitado desde siempre en las inaccesibles alturas de Tu eternidad, que estabas solo sin nadie aparte de Ti y que continuarás eternamente siendo lo que siempre has sido. No hay Dios sino Tú, el Señor de poder y gracia. ¡Alabado seas, oh Tú que eres «Él», oh Tú aparte de Quien no hay otro sino «Él»!

Pues si aquellos siervos Tuyos que anhelan escalar las alturas de Tu unidad pusieran el afecto en algo que no fueras Tú, no podrían contarse entre quienes de verdad han creído, ni se hallaría dentro de ellos señal alguna de Tu singularidad. ¡Alabado seas, oh Tú que eres «Él», oh Tú aparte de Quien no hay otro sino «Él»!

¡Glorificado eres, oh Señor mi Dios! Siendo así, Te imploro que hagas llover de las nubes de Tu misericordia aquello que purifique los corazones de Tus amantes fervorosos y santifique las almas de aquellos que Te adoran. Elévalos, pues, mediante Tu poder trascendente, y hazlos victoriosos sobre todos cuantos habitan la tierra. Esto es, en verdad, lo que has prometido a Tus amados mediante Tu palabra de verdad: «Quisimos agraciar a los que habían sido humillados en el país y hacer de ellos jefes, hacer de ellos herederos». ¡Alabado seas, oh Tú que eres «Él», oh Tú aparte de Quien no hay otro sino «Él»!