Días de conmemoración

27 - Lawḥ-i-Ghulámu’l-Khuld (Tabla del Joven Inmortal)

Esta es una rememoración de cuanto fue revelado el año sesenta en los días de Dios, el Todopoderoso, Quien ayuda en el peligro, el Todoglorioso, el Omnisciente.

Mirad, las puertas del Paraíso se abrieron, y el Joven santificado apareció, llevando una serpiente claramente visible. ¡Regocijaos! Este es el Joven inmortal que ha venido con aguas cristalinas.

Sobre el rostro llevaba un velo tejido con los dedos del poder y la fuerza. ¡Regocijaos! Este es el Joven inmortal que ha venido con un poderoso nombre.

Sobre Su frente brillaba una bellísima corona que resplandecía sobre todos cuantos están en la tierra y todos cuantos están en el cielo. ¡Regocijaos! Este es el Joven inmortal que ha venido con una poderosa causa.

Sobre Sus hombros caían los bucles del espíritu, cual negro almizcle sobre perlas blancas y lustrosas. ¡Regocijaos! Este es el Joven inmortal que ha venido con una trascendente causa.

En Su diestra llevaba un anillo adornado con una gema pura y bendita. ¡Regocijaos! Este es el Joven inmortal que ha venido con un poderoso espíritu.

En él estaba grabado, en una grafía antigua y secreta: «¡Por Dios! Este es un nobilísimo ángel». Y los corazones de los moradores del dominio eterno exclamaron: «¡Regocijaos! Este es el Joven inmortal que ha venido con una antigua luz».

Había una marca en Su mejilla derecha, cuya visión hacía que toda persona de entendimiento vacilara en su fe. Y aquellos que habitan tras el velo del Invisible exclamaron: «¡Regocijaos! Este es el Joven inmortal que ha venido con un poderoso secreto».

Este es el Punto desde el cual se ha desplegado el conocimiento de las generaciones anteriores y las más recientes. Y los moradores del Reino entonaron: «¡Regocijaos! Este es el Joven inmortal que ha venido con un poderoso saber».

Este es, en verdad, el Jinete del Espíritu que cabalga alrededor de la fuente de la vida eterna. Y quienes se hallan ocultos en los retiros del más alto cielo exclamaron: «¡Regocijaos! Este es el Joven inmortal que ha venido con una poderosa revelación».

Descendió desde el tabernáculo de la belleza hasta que Se detuvo, como el sol en el centro mismo del cielo, revestido de una belleza inigualable y sublime. ¡Regocijaos! Este es el Joven inmortal que ha venido con las más dichosas nuevas.

Detenido en pleno centro del cielo, brilló como el sol en su esplendor meridiano e iluminó la sede de la belleza divina con Su poderoso Nombre. Ante lo cual, el Pregonero exclamó: «¡Regocijaos! Esta es la Belleza del Invisible que ha venido con un poderoso espíritu».

Y las Doncellas del Cielo exclamaron desde sus aposentos celestiales: «¡Loado sea el Señor, el más excelente de todos los creadores!» Y el ruiseñor gorjeó dulcemente: «¡Regocijaos! Este es el Joven inmortal, cuyo igual jamás han contemplado los ojos de los favorecidos del Cielo».

Y he aquí que las puertas del Paraíso se abrieron por segunda vez con la llave de Su Gran Nombre. ¡Regocijaos! Este es el Joven inmortal que ha venido con un poderoso nombre.

Y la Doncella de la belleza resplandeció como el sol que amanece en el horizonte de una mañana radiante. ¡Regocijaos! Esta es la Doncella divina que ha venido con insuperable belleza.

Apareció con tales galas que colmó de profundo anhelo las mentes de quienes están cerca de Dios. ¡Regocijaos! Esta es la Doncella del Cielo que ha venido con llamativo encanto.

Mientras bajaba de los aposentos de la eternidad, cantaba con suaves cadencias que extasiaban las almas de los sinceros. ¡Regocijaos! Esta es la Belleza inmortal que ha venido con un poderoso secreto.

Suspendida en el aire, dejó caer un bucle de su cabello por debajo de su luminoso velo. ¡Regocijaos! Esta es la Doncella del Cielo que ha venido con un maravilloso espíritu.

Y esparció la fragancia de ese bucle por toda la creación. Ante lo cual, los rostros de los santos palidecieron y los corazones de los amantes fervientes se llenaron con la sangre del pesar. ¡Regocijaos! Esta es la Doncella del Cielo que ha venido con la más dulce fragancia.

¡Por Dios! Quien cierre los ojos a su belleza ha sido presa de un grave engaño y de un error manifiesto. ¡Regocijaos! Esta es la Belleza inmortal que ha venido con una luz refulgente.

Se giró, y en su derredor daban vueltas los habitantes de este mundo y del mundo venidero. ¡Regocijaos! Esta es la Doncella del Cielo que ha venido con una poderosa dispensación.

Avanzó, luciendo un singular y espléndido atavío, hasta detenerse ante el Joven, frente a frente. ¡Regocijaos! Esta es la Belleza inmortal que ha venido con fascinante elegancia.

De debajo del velo, extendió su mano teñida de oro, como rayo de sol que cae sobre la faz de un espejo sin mancha. ¡Regocijaos! Esta es la Belleza inmortal que ha venido adornada con esplendor.

Sus dedos de rubí inigualables tomaron el borde del velo que ocultaba la faz del Joven. ¡Regocijaos! Esta es la Belleza inmortal que ha venido con una poderosa mirada.

Y lo retiraron, con lo cual temblaron los pilares del Trono de lo alto. ¡Regocijaos! Este es el Joven inmortal que ha venido con una poderosa causa.

Entonces, los espíritus de todas las cosas abandonaron sus cuerpos. ¡Regocijaos! Este es el Joven inmortal que ha venido con una poderosa causa.

Y los moradores del Paraíso se rasgaron las vestiduras al vislumbrar un fugaz destello de Su antiguo y luminoso semblante. ¡Regocijaos! Este es el Joven inmortal que ha venido con una luz radiante.

En ese momento, de allende el velo de las nubes se oyó la Voz del Eterno con un dulce y encantador llamado. ¡Regocijaos! Este es el Joven inmortal que ha venido con un poderoso encanto.

Y, desde la fuente del inescrutable decreto de Dios, la Voz del Invisible proclamó: «¡Por Dios! Los ojos de generaciones anteriores jamás han contemplado a nadie que se asemeje a este Joven». ¡Regocijaos! Este es el Joven inmortal que ha venido con una poderosa causa.

Y las doncellas de la santidad exclamaron desde los aposentos del exaltado dominio. ¡Regocijaos! Este es el Joven inmortal que ha venido con evidente soberanía.

¡Por Dios! Este es ese Joven Cuya belleza es el deseo ardiente del Concurso celestial. ¡Regocijaos! Este es el Joven inmortal que ha venido con una poderosa causa.

Tras lo cual, el Joven alzó la cabeza hacia el concurso de los ángeles del cielo. ¡Regocijaos! Este es el Joven inmortal que ha venido con un poderoso espíritu.

Y pronunció una sola palabra, y en seguida cobraron nueva vida todos y cada uno de los moradores del cielo. ¡Regocijaos! Este es el Joven inmortal que ha venido con un potente toque de trompeta.

Luego miró a los habitantes de la tierra con una asombrosa mirada. Este es el Joven inmortal que ha venido con una poderosa mirada.

Y, con esa mirada, los reunió a todos. ¡Regocijaos! Este es el Joven inmortal que ha venido con una poderosa causa.

Con otra mirada, señaló a unos cuantos escogidos, y entonces regresó a Su aposento en el Paraíso sempiterno. ¡Y esta es, en verdad, una poderosa causa!

El Heraldo de la Eternidad proclama desde su trono en medio de las nubes: ¡Oh vosotros que aguardáis expectantes en el valle de la paciencia y la fidelidad! ¡Oh vosotros que anheláis remontaros a los espacios de la cercanía y la reunión! El Joven celestial, que hasta ahora se hallaba oculto en los inviolables erarios de Dios, ha aparecido en el Punto de Amanecer de esplendor inmutable, como el Sol de la Realidad y el Espíritu Eterno, engalanado con el ornamento del Todopoderoso y la belleza del Más Loado. Ha rescatado a todos cuantos están en el cielo y en la tierra de los peligros de la muerte y la extinción, los ha vestido con el ropaje de la existencia verdadera y sempiterna y les ha conferido una vida nueva.

Esa Palabra oculta de la que siempre han dependido las almas de todos los Mensajeros de Dios y de Sus Escogidos se ha manifestado en el plano visible desde el mundo invisible. En cuanto esa Palabra oculta resplandeció desde el Reino del ser interior y de la absoluta singularidad para iluminar a las gentes de la tierra, emanó de ella una brisa de misericordia que purificó todas las cosas del hedor del pecado y adornó las infinitas formas de la existencia y la realidad del hombre con la vestimenta del perdón. Tan grande fue la maravillosa gracia con la que fueron bañadas todas las cosas que, al pronunciarse las letras «S» y «E», las joyas que estaban ocultas en los depósitos de este mundo contingente fueron sacadas a la luz y puestas de manifiesto. Así se unieron en un solo atuendo lo visible y lo invisible, y se vistieron con un solo manto lo oculto y lo manifiesto; así, la nada absoluta alcanzó el dominio de la eternidad y la pura evanescencia accedió a la corte de la vida eterna.

Por tanto, ¡oh amantes de la belleza del Todoglorioso! ¡Oh vosotros que buscáis con fervor la corte de la presencia del Todopoderoso! Este es el día de la cercanía y de la reunión, no el momento de disputas y palabras vanas. Si sois amantes sinceros, mirad la belleza del Bienamado que brilla clara y resplandeciente como la verdadera mañana. Os incumbe estar libres de todo apego, ya sea a vosotros mismos o a otros; más aun, debéis renunciar por igual a la existencia y a la no existencia, a la luz y a la oscuridad, a la gloria y a la humillación. Desligad el corazón de todo lo transitorio, de toda ociosa fantasía y vana imaginación, para entrar, puros e inmaculados, en el dominio del espíritu y participar con corazón radiante de los esplendores de eterna santidad.

¡Oh amigos! El vino de la vida eterna está fluyendo. ¡Oh amantes! El rostro del Amado está desnudo y desvelado. ¡Oh compañeros! El fuego del Sinaí del amor arde con brillo y resplandor. Deponed la carga del amor a este mundo y cualquier apego a él y, cual aves luminosas del cielo, remontaos a las alturas del Paraíso y emprended el vuelo hacia el nido sempiterno. Ya que, sin esto, la vida misma carece de valor y, falto del Bienamado, el corazón no tiene razón de ser.

¡Así es! Los amantes del Todoglorioso, como polillas, ofrendan a cada momento sus vidas en torno a la llama abrasadora del Amigo, sin tener otra ocupación mas que Él. Sin embargo, no toda ave puede aspirar a alcanzar tales alturas. Dios, en verdad, guía a quien Él desea hacia Su inmenso y exaltado camino.

Así concedemos a los moradores del dominio místico lo que los acercará a la diestra de la vida sempiterna y les permitirá alcanzar esa posición que ha sido enaltecida en el cielo de la santidad.