Días de conmemoración

31 - Lawḥ-i-Maryam (Tabla dirigida a Maryam)

Pesaroso está Él por Mis pesares.

¡Oh Maryam! Los agravios que sufro han borrado de la Tabla de la creación los agravios que sufrió Mi Primer Nombre. Las nubes del decreto divino han dejado caer en todo momento lluvias de tribulación sobre esta manifiesta Belleza. El destierro de Mi país natal no fue sino por amor al Amado; Mi exilio no fue por ninguna otra causa que la de Su complacencia. En medio de pruebas enviadas desde el cielo, brillé resplandeciente como un cirio y, frente a aflicciones divinamente ordenadas, permanecí inamovible como una montaña. Al manifestar las efusiones de Su gracia, fui como una nube generosa, y al retener a los enemigos del Rey incomparable, fui como una llama encendida.

Las claras señales de Mi fuerza despertaron la envidia de Mis enemigos, y las convincentes pruebas de Mi sabiduría avivaron el odio de los malévolos; ni una sola noche reposé en paz; ni una sola mañana desperté tranquilo. Juro por la belleza de Dios que Ḥusayn derramó lágrimas de angustia por los agravios que padecí, y Abraham Se lanzó a las llamas debido a las aflicciones que soporté. Si observaras con perspicacia, verías cómo llora amargamente el Ojo de la Grandeza bajo el tabernáculo de la santidad, y cómo se lamenta la Esencia de la Majestad en los dominios de la excelsitud. De ello da testimonio la Lengua de la verdad y la gloria.

¡Oh Maryam! Procedente de la tierra de Ṭá y tras innumerables aflicciones, llegamos a Iraq por orden del Tirano de Persia, donde, después de soportar los grilletes de Nuestros enemigos, sufrimos la traición de Nuestros amigos. ¡Dios sabe lo que Me sucedió a partir de entonces! Finalmente, abandonando Mi hogar y todo lo que contenía, y renunciando a Mi vida y a todo cuanto le pertenecía, Me retiré, solo y sin compañía. Vagué por el desierto de la resignación y peregriné de modo que todos los ojos lloraron amargamente por Mí en Mi exilio y todas las cosas creadas derramaron lágrimas de sangre a causa de Mi angustia. Las aves del aire eran Mis compañeras, y las bestias del campo, Mis aliadas. De esa manera, cual rayo del espíritu, atravesé este mundo fugaz. Durante dos años o algo menos, rechacé todo lo que no fuera Dios y cerré los ojos a todo a excepción de Él, para que se apagara el fuego del odio y disminuyera el calor de la envidia.

¡Oh Maryam! Divulgar los secretos divinos sería inadecuado, y poner al descubierto los misterios celestiales, impropio. Con «secretos» no se quiere decir otra cosa que los tesoros celosamente guardados dentro de Mi propio Ser. ¡Por la rectitud de Dios! He sobrellevado lo que ningún hombre, ya sea del pasado o del futuro, ha sobrellevado o haya de sobrellevar.

Durante ese tiempo de retiro, nadie de entre Mis hermanos ni ninguna otra alma intentó investigar el asunto, ni mucho menos comprender su significación, aunque su importancia supera a la creación de la tierra y del cielo. Y, sin embargo, juro por Dios que cada aliento que exhalé durante Mi viaje era mejor que la ayuda de ambos mundos, y Mi retiro mismo fue el testimonio más fehaciente y la prueba más perfecta y concluyente. En efecto, hay que tener verdadera visión para vislumbrar el Escenario de trascendente gloria, pues el ciego es incapaz de ver su propio semblante, y mucho menos el Semblante de la santidad eterna. ¿Cómo puede una mera sombra comprender a Aquel que la proyecta? ¿Cómo puede un puñado de arcilla captar la delicada realidad del corazón?

Finalmente, el decreto divino indujo a ciertas almas espirituales a acordarse de este Joven Cananeo. Provistos de una serie de peticiones, buscaron en todos los lugares e indagaron entre todas las personas, hasta que en una cueva de la montaña hallaron un rastro de este Ser sin rastro. Él, ciertamente, guía a todas las cosas hacia el Recto Sendero. Juro por el Sol de la verdad eterna que la llegada de esas almas dejó tan perpleja y asombrada a esta Alma pobre y desterrada que Mi pluma es incapaz de describirla. Tal vez emerja una pluma de filo de acero desde el dominio de la eternidad, desgarre los velos y revele estos secretos con plena verdad y absoluta sinceridad; o, quizás, una lengua elocuente hable y saque a la luz las perlas del espíritu de la concha del silencio. Y, ciertamente, a Dios no Le sería difícil llevar esto a cabo. En suma, la mano de Aquel que es el Libre rompió el sello de los misterios; sin embargo, nadie puede percibirlo, salvo quienes están dotados de verdadero entendimiento; o, más bien, aquellos que se han desprendido de todas las cosas.

Así fue cómo el Luminar del mundo retornó a Iraq, donde hallamos solo a un puñado de almas, lánguidas y abatidas; es más, totalmente perdidas y muertas. La Causa de Dios ya no estaba en los labios de nadie, ni había corazón alguno receptivo a su mensaje. Este humilde Siervo Se levantó entonces a proteger y promover la Causa de Dios con tal vigor que se diría que se dio paso a una nueva resurrección. La gloria de la Causa se puso de manifiesto en cada ciudad y su renombre fue ensalzado en cada urbe, a tal punto que todos los gobernantes la trataban con tolerancia y benevolencia.

¡Oh Maryam! La determinación mostrada por este Siervo para repeler el ataque de Sus enemigos procedentes de toda secta y linaje intensificó a tal punto el rencor de estos que apenas se puede describir o imaginar. Así fue decretado por el Señor de la fuerza y el poder.

¡Oh Maryam! La Pluma del Anciano de Días proclama: Entre las obligaciones esenciales que se prescriben está la de limpiar el corazón propio de todo lo que no sea Dios. Purifica, pues, tu corazón de todo salvo del Amigo, para que seas digna de entrar en la corte de la comunión.

¡Oh Maryam! Líbrate de las cadenas de la ciega imitación, para que seas admitida en el feliz dominio del desprendimiento. Desata tu corazón del mundo y de cuanto hay en él, para que alcances la soberanía de la fe y no seas excluida del Santuario del Todomisericordioso. Mediante el poder de la renunciación, desgarra el velo de la ociosa fantasía y entra en los santificados retiros de la certeza.

¡Oh Maryam! Aunque un árbol esté cargado de una miríada de hojas y frutos, una ráfaga de viento otoñal es suficiente para arrasarlos por completo. Por tanto, no apartes la mirada de la raíz misma del Árbol de la Divinidad y la rama del Árbol del Loto de gloria celestial. Observa el océano: qué sereno está y con qué majestad reposa en su lecho. Mas los vientos de la voluntad del Bienamado eterno hacen que surjan en la superficie infinitas ondas e innumerables olas, cada una diferente y dispareja a las demás. Hoy día, todas las gentes del mundo están absortas con el flujo y reflujo de estas olas, e inconscientes de la poderosa fuerza de ese Mar de mares, cada uno de cuyos movimientos pone al descubierto las señales de Aquel que es el Libre.

¡Oh Maryam! Entra en comunión con el Espíritu del Todomisericordioso, elude la compañía y la amistad del Maligno y busca refugio en la inviolable protección del Señor de la munificencia, para que quizás la mano de Su bondadoso afecto te aleje del camino de objetivos egoístas y encamine tus pasos hacia el dominio de trascendente gloria.

¡Oh Maryam! Abandona estas sombras fugaces y vuélvete hacia el Sol de esplendor inmarcesible. Toda sombra debe su existencia y movimiento a la presencia del sol; pues si este retuviese su gracia por un solo momento, todas las cosas se sumirían bajo el velo de la inexistencia. ¡Qué triste y lamentable, en verdad, que uno se ocupe con las cosas transitorias de este mundo y se prive de la Aurora de eterna santidad!

¡Oh Maryam! Aprecia el valor de estos días, pues en breve dejarás de ver al Joven Celestial en este dominio contingente y percibirás las señales del dolor en todas las cosas creadas. Pronto os morderéis los dedos de remordimiento, pues no hallaréis a este Joven aunque busquéis por los rincones más recónditos de la tierra y del cielo. Tal es el decreto que se ha enviado desde el dominio de trascendente gloria. Así es; en breve verás cómo toda la existencia se muerde los dedos en su duelo por este Joven y, por mucho que busque por los confines de toda tierra y todo cielo, no logrará llegar a Su presencia.

En fin, las cosas han llegado a tal extremo que este Siervo ha resuelto alejarse, en solitario, de esta gente detestable. Aparte de las mujeres de la Familia, que necesariamente deben permanecer conmigo, no admitiré a nadie más en Mi compañía, ni siquiera a los sirvientes de Mi consorte. Veamos, entonces, lo que Dios ha dispuesto. Yo parto, y Mis compañeros son las lágrimas que vierto, y Mis asociados, los suspiros que exhalo; Mi consuelo es Mi pluma, y el deleite de Mi alma, Mi propia belleza; Mis huestes son Mi confianza en Dios, y Mis ejércitos, Mi fe en Él. De esta manera te hemos comunicado parte de los misterios de este asunto, para que seas de los que comprenden.

¡Oh Maryam! Todas las aguas del mundo y sus ríos han fluido de los ojos de este Joven que, cual nubes, han dejado caer sus lágrimas por los agravios que ha padecido. En suma, siempre hemos ofrendado Nuestra vida y Nuestra alma en el sendero del Bienamado, y estamos agradecidos y conformes con todo lo que Nos pueda acontecer. Hubo un tiempo en que Mi cabeza fue alzada sobre una lanza, y en otro tiempo cayó en manos de Mi enemigo mortal. En una ocasión Me arrojaron al fuego, y en otra, Me suspendieron en alto. Tal ha sido, en verdad, el trato que Nos han dispensado los impíos.

¡Oh Maryam! Hemos designado esta Tabla «la más selecta de las lamentaciones» y «la lluvia primaveral de lágrimas». Te la hemos remitido a fin de que llores, con entera libertad, y participes de las agonías y aflicciones de la Antigua Belleza.