Días de conmemoración

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Presta oído, oh Mi siervo, a lo que se te envía desde el Trono de tu Señor, el Inaccesible, el Magno. No hay otro Dios salvo Él. Él ha traído a la existencia a Sus criaturas para que conozcan a Aquel que es el Compasivo, el Todomisericordioso. A las ciudades de todas las naciones ha enviado a Sus Mensajeros, a Quienes ha confiado la misión de anunciar a las gentes las nuevas del Paraíso de Su complacencia, y de atraerlos al Refugio de seguridad perdurable, la Sede de eterna santidad y gloria trascendente.

Algunos fueron guiados por la Luz de Dios, fueron admitidos en la corte de Su presencia, bebieron las aguas de la vida eterna de manos de la resignación, y fueron contados entre aquellos que verdaderamente Lo han reconocido y han creído en Él. Otros se rebelaron contra Él y rechazaron las señales de Dios, el Más Fuerte, el Todopoderoso, el Omnisapiente.

Fueron pasando las edades, hasta que alcanzaron su consumación en este Señor de los días, Día en que el Sol del Bayán se manifestó sobre el horizonte de la misericordia, Día en que la Belleza del Todoglorioso brilló en la exaltada persona de ‘Alí-Muḥammad, el Báb. Tan pronto como Se manifestó, todas las gentes se alzaron contra Él. Algunos Lo denunciaron como alguien que había lanzado calumnias contra Dios, el Todopoderoso, el Anciano de Días. Otros Lo consideraron un hombre poseído por la locura, acusación que Yo mismo he oído de los labios de uno de los teólogos. Y aun otros cuestionaron Su aseveración de ser el Portavoz de Dios y Lo estigmatizaron como alguien que había sustraído y usado como suyas las palabras del Todopoderoso, que había pervertido su significado y las había mezclado con las suyas propias. El Ojo de la Grandeza llora amargamente por las cosas que han pronunciado sus bocas, mientras ellos continúan regocijándose en sus asientos.

Él dijo: «¡Dios es Mi testigo, oh pueblo! He venido a vosotros con una Revelación del Señor, vuestro Dios, el Señor de vuestros antepasados. No miréis, oh gentes, las cosas que poseéis. Más bien, mirad las cosas que Dios os ha enviado. De seguro, esto será mejor para vosotros que la creación entera, si tan solo lo comprendierais. Mirad de nuevo, oh pueblo, y considerad el testimonio de Dios y Su prueba que tenéis en vuestras manos, y comparadlos con la Revelación que os ha sido enviada en este Día, para que la verdad, la infalible verdad, se os haga manifiesta sin lugar a dudas. No sigáis, oh gentes, los pasos del Maligno; seguid la Fe del Todomisericordioso y sed de los que verdaderamente creen. ¿De qué le serviría al hombre si no llegara a reconocer la Revelación de Dios? De nada en absoluto. De ello da testimonio Mi propio Ser, el Omnipotente, el Omnisciente, el Sapientísimo».

Cuanto más los exhortaba, más feroz se volvía su enemistad, hasta que finalmente Le dieron muerte con vergonzosa crueldad. ¡La maldición de Dios caiga sobre los opresores!

Unos cuantos creyeron en Él; pocos de Nuestros siervos son de los agradecidos. A estos los amonestó en todas Sus Tablas —es más, en cada pasaje de Sus maravillosos escritos— para que en el Día de la Revelación prometida no se entregaran a nada en absoluto, ya fuese del cielo o de la tierra. «¡Oh pueblo!», dijo, «Me he revelado por Su Manifestación, y he hecho que Mi Libro, el Bayán, descienda sobre vosotros sin otro propósito que el de establecer la verdad de Su Causa. Temed a Dios y no disputéis con Él como ha disputado conmigo el pueblo del Corán. Cuandoquiera que oigáis Su mención, corred hacia Él y aferraos a todo cuanto os revele. Nada que no sea Él os puede aprovechar jamás; no, aunque presentéis de principio a fin los testimonios de todos los que os han precedido».

Y cuando, después de algunos años, el cielo del decreto divino fue hendido y apareció la Belleza del Báb en las nubes de los nombres de Dios, ataviado con una vestidura nueva, esa misma gente se levantó con maldad contra Aquel Cuya luz envuelve a todas las cosas creadas. Violaron Su Alianza, rechazaron Su verdad, disputaron con Él, pusieron reparos a Sus señales, consideraron falso Su testimonio y se unieron a la compañía de los infieles. Finalmente, decidieron darle muerte. ¡Tal es el estado de quienes están sumidos en un profundo error!

Y cuando se dieron cuenta de que no eran capaces de lograr su propósito, se dispusieron a conspirar contra Él. Fijaos cómo a cada momento inventan un nuevo recurso para dañarle, y así perjudicar y deshonrar la Causa de Dios. Di: ¡Ay de vosotros! ¡Por Dios! Vuestras intrigas os cubren de vergüenza. Vuestro Señor, el Dios de misericordia, bien puede prescindir de todas las criaturas. Nada puede aumentar o disminuir las cosas que Él posee. Si creéis, será en vuestro propio provecho; y, si no creéis, vosotros mismos seréis quienes padeceréis. En ningún momento puede la mano del infiel profanar la orla de Su Manto.

¡Oh Mi siervo que crees en Dios! ¡Por la rectitud del Todopoderoso! Si te relatara la historia de las cosas que Me han acontecido, las almas y mentes serían incapaces de soportar su peso. Pongo a Dios por testigo. Cuida de ti mismo y no sigas los pasos de esa gente. Medita diligentemente sobre la Causa de tu Señor. Esfuérzate por conocerle mediante Su propio Ser y no por medio de otros. Pues nadie sino Él podrá jamás beneficiarte. Esto lo atestiguan todas las cosas creadas, si tan solo lo comprendieras.

Emerge desde detrás del velo, con la venia de tu Señor, el Todoglorioso, el Más Fuerte y, a la vista de quienes están en los cielos y en la tierra, toma el Cáliz de la Inmortalidad en el nombre de tu Señor, el Inaccesible, el Altísimo, y bebe a plenitud, y no seas de los que se demoran. ¡Juro por Dios! En el momento en que tus labios rocen el Cáliz, el Concurso de lo alto te aclamará diciendo: «¡Bebe con saludable gozo, oh tú que has creído de veras en Dios!», y los habitantes de las Ciudades de la Inmortalidad exclamarán: «¡Dichoso seas por haber apurado el Cáliz de Su amor!», y la Lengua de Grandeza te saludará, diciendo: «Grande es la bienaventuranza que te espera, oh Mi siervo, pues has alcanzado lo que nadie ha alcanzado, salvo quienes se han desprendido de cuanto hay en los cielos y cuanto hay en la tierra, y que son los emblemas del verdadero desprendimiento».