Días de conmemoración
38 - Extracto del Súriy-i-Dhikr (Sura de la Conmemoración)
Esta es la Sura de la Conmemoración, enviada como muestra de gracia, para que tal vez el pueblo del Bayán renuncie a lo que posee, se vuelva hacia la diestra de la justicia, se sacuda la somnolencia de deseos descaminados y, mediante el poder de la verdad, busque un camino hacia su Señor, el Más Exaltado, el Todoglorioso.
¡En el nombre de Dios, el Más Santo, el Más Exaltado, el Altísimo!
Esta es una Misiva del Punto Primordial para quienes han creído en Dios, el Único, el Incomparable, el Todopoderoso, el Omnisciente, donde Se dirige a aquellos de entre el pueblo del Bayán que han vacilado en esta Causa, para que puedan percibir las maravillosas palabras de Dios y abandonen el lecho de la negligencia en esta luminosa y resplandeciente mañana.
Di: Verdaderamente, en Nuestro Libro os ordenamos que no os antepusierais a aquellos de entre cuyas filas habría de aparecer Aquel que es el Bienamado de todo corazón comprensivo y el Objeto de la adoración de los moradores de la tierra y del cielo. Os prescribimos, además, que, de alcanzar la presencia de Dios, os pusierais de pie ante Él y pronunciarais de Mi parte estas poderosas y exaltadas palabras: «¡Oh Gloria de Dios! Contigo y con Tus parientes sea el recuerdo de Dios y la alabanza de todas las cosas en todo momento, antes y después de Ḥín». Honramos al pueblo del Bayán con estas palabras para que, de este modo, ascendieran a las alturas de la santidad y llegaran a ser contados entre los bienaventurados. Sin embargo, hasta tal punto han olvidado Nuestro mandato que ni uno solo de ellos se ha presentado ante Él como habíamos ordenado en Nuestras Tablas. Más bien, al contrario, desde todos lados Le han lanzado los dardos de la malevolencia. Y, ante esto, Yo y los moradores del Reino de la grandeza y, más allá de ellos, el Espíritu Fiel, hemos llorado amargamente.
Di: ¡Oh gentes! Humillaos ante Mi Belleza. Aquel que ha aparecido con el poder de la verdad es ciertamente la Gloria de los mundos; ¡ojalá lo percibierais! Verdaderamente, Él es la Gloria de Dios; con Él sean el recuerdo de Dios y Su alabanza, y la alabanza del Concurso de lo alto, y de los moradores del dominio sempiterno, y de todas las cosas en todo momento. Tened cuidado, no sea que os ciegue cualquier cosa de lo que ha sido creado en el cielo o en la tierra. Id presurosos al paraíso de Su complacencia y no seáis de los que dormitan.
Di: Su belleza es, en verdad, Mi belleza, y Su Ser es Mi propio Ser, y todo cuanto hemos revelado en el Bayán es en aras de Su maravillosa e irresistible Causa. Temed a Dios, y no contendáis con Aquel Cuyo advenimiento os anticipamos y Cuya Revelación os anunciamos. Establecí una alianza con vosotros respecto a Su misión antes de pactarla con vosotros respecto a la Mía propia, y de ello dan testimonio todas las cosas, aunque fuerais a negarlo. ¡Por la rectitud de Dios! Mediante una sola de Sus melodías renacieron las realidades de todas las cosas y, mediante otra, los corazones de Sus favorecidos se llenaron de éxtasis. Cuidaos de que nada os impida el acceso a Aquel Cuya presencia es la misma que la Mía. Él se sacrificó en Mi camino, así como Yo me sacrifiqué en Su camino por amor a Su gloriosa e incomparable belleza.
Di: De no haber sido por Él, nunca se habría escrito la palabra «amor» ni se habrían unido las letras del nombre del Amado, ni hubiera llegado a la existencia la creación misma, si tan solo lo comprendierais. De no haber sido por Él, nunca Me habría entregado a manos de los infieles ni habría permitido que Me suspendieran en el aire. ¡Por Dios! En Mi amor y anhelo por Él, he soportado lo que ningún otro Profeta o Mensajero ha soportado, y he consentido en sufrir todo esto Yo mismo, para que a Él jamás se Le hiciera padecer nada que entristeciera Su amabilísimo y más tierno, purísimo y santificado corazón. A lo largo de todo el Bayán os advertimos que no fuerais causa de pena para ningún alma, para que nunca Le sobreviniera a Él pesar alguno. De no ser así, ¿para qué habría de exhortaros y ocuparme de vuestro cuidado, oh congregación de indecisos? En el Bayán no Me refería a otro mas que a Él, no expresaba otra alabanza mas que la Suya y no pronunciaba otro nombre mas que Su más bendito y exaltadísimo, Su santísimo y muy maravilloso nombre.
¡Juro por Mi vida! Si he hecho mención de «señorío», solo he querido decir Su señorío sobre todas las cosas. Si alguna vez ha fluido de Mi pluma la palabra «divinidad», no he querido decir otra cosa que Su divinidad con respecto al mundo; y si de ella ha emanado alguna alusión al «Deseado», no he tenido a nadie en mente sino a Él. Igualmente con respecto a la palabra «Bienamado»: Él es, en verdad, Mi Bienamado y el Bienamado de todo corazón comprensivo. Si he hablado de «postración», solo he querido decir la postración ante Su exaltado, Su glorioso y sublime Semblante. Si he alabado a algún alma, Mi objetivo ha sido únicamente celebrar Su alabanza. Y si les he ordenado a las gentes actuar, Mi único propósito ha sido que actúen de acuerdo a Su complacencia en el día de Su Manifestación. De ello da testimonio todo cuanto se ha hecho descender sobre Mí desde el reino de Mi Señor, el Omnisciente, el Sapientísimo.
He subordinado todas las cosas a Su aprobación y Su voluntad. Él es, en verdad, el Señor de los mundos y el Objeto del deseo de toda alma buscadora. Si abrierais los ojos, ciertamente veríais a las Manifestaciones de «Él hace lo que es Su voluntad» ocupadas en adoración bajo Su sombra. Sin embargo, habéis hecho con Él lo que ni siquiera el pueblo del Corán se atrevió a hacer conmigo, ni los judíos con Cristo. ¡Ay! ¡Ay! Mi corazón se consume de dolor y Mi alma gime por lo que Le ha acaecido a Mi Bienamado a manos de los infieles. ¡Ay de vosotros por vuestra infidelidad, oh congregación de opresores! Nos, ciertamente, creamos la fidelidad y la cortesía por Él, para que a la hora de Su aparición no cometierais lo que hiciera que se lamentaran Mi realidad interior y las realidades de todas las cosas. Mas habéis transgredido lo que se había decretado en el Libro de Dios, el Rey, el Exaltadísimo, el Más Grande. Habéis rasgado el velo de la mesura y desechado la vestidura del decoro, y habéis cometido lo que la Pluma de la creación se avergüenza de relatar ante los moradores de la tierra y del cielo.
¡Ay! ¡Ay, por lo que habéis infligido a esta Alma agraviada, desterrada y abandonada! Tampoco sé lo que Le infligiréis en adelante. ¡No, por Mí mismo, el Omnisciente! Sí lo sé, pues conmigo está el conocimiento de todas las cosas en una Tabla que Dios ha resguardado de la mirada de aquellos que Le han asignado socios. Anteriormente Le dimos a conocer las cosas que Le han acaecido o Le han de acaecer, si bien Él es plenamente conocedor de lo que ocultan los corazones de los hombres. Pues nada escapa a Su conocimiento, y nada de lo que ha sido creado por una mera palabra de Su boca puede jamás escapar de Sus manos. No hay Dios sino Él, el Incomparable, el Creador, el Vivificador, el Destructor.
Di: ¡Oh gentes! Si fuese Su deseo hacer que todos los habitantes de la tierra y el cielo se convirtieran en testimonio permanente de Su verdad, ello sin duda estaría en Su poder. Y esto, verdaderamente, Le sería fácil y posible. Él es Quien creó el paraíso del Bayán para Sí mismo. De Él han procedido todas las cosas y a Él han de volver, si tan solo lo supierais. Sin embargo, y lo juro por Aquel en Cuya mano está el reino de la creación, Le negáis el derecho a designarse a Sí mismo por siquiera uno de los nombres divinos, a pesar de que Él es Aquel por Cuyo poderoso y exaltado mandato fueron creados todos los nombres y el reino de los mismos.
¡Ay! ¡Ay, por vuestra negligencia, oh pueblo del Bayán! ¡Ay! ¡Ay, por vuestra ceguera, oh asamblea de infieles! Movidos por vuestra presunción y vanagloria, habéis atribuido el rango de sucesor a uno de Sus enemigos y, de este modo, habéis contendido con Dios, el Autor de todas las religiones de antaño y del futuro. De esa forma habéis vuelto a los argumentos del pueblo del Corán, pese a que os habíamos prohibido pronunciar una sola palabra en Su presencia que no fuera con Su venia. Dios conoce y atestigua la verdad de Mis palabras. Contemplad, pues, vuestra condición y el nivel de vuestra comprensión. ¡Ay de vosotros y de vuestros pensamientos y de vuestro juicio, oh vosotros que andáis totalmente perdidos! ¿Acaso no sabéis que hemos enrollado cuanto poseían las gentes y hemos desplegado un nuevo orden en su lugar? Bendito, pues, sea Dios, el Rey soberano, el Desplegador, el Todopoderoso, el Generosísimo.
Di: oh gentes, dejad de calumniarme. No he pronunciado palabra alguna que no fuera en alabanza de esta Revelación; no he exhalado ni un suspiro que no fuera por amor a su Autor; y a ningún lado he vuelto Mi rostro, salvo a Su reluciente y luminoso Semblante. He hecho que el Bayán y todo cuanto se ha revelado en él sea como una hoja en el jardín celestial que Le pertenece a Él, el Protector, el Generoso, el Todopoderoso. Tened cuidado, no vayáis a apropiaros de ella para entregarla a aquel que, en aras de su propio ego y deseo, quiere derramar nuevamente Mi sangre y se enfrenta con Dios. Nos, ciertamente, desplegamos el Bayán a partir de una sola palabra y lo hicimos volver a esa misma palabra, y ordenamos que se presentase ante el Trono de Aquel que es el Omnisciente, el Sapientísimo, para que Él presenciase Su creación anterior y Se deleitase con ella. Sed justos, pues, en vuestro juicio. ¿Quién tiene la prerrogativa de hacer uso de esa palabra: el Autor de la misma, o cualquier otra alma? ¿Qué es lo que os ha ofuscado tanto, congregación de ciegos?
Nos, ciertamente, ordenamos al pueblo del Bayán que se vistieran con ropas de seda y fueran inmaculadas en su persona y atuendo, para que Su mirada no diese con nada que pudiera resultarle desagradable. Asimismo, toda disposición expuesta en Nuestro perspicuo Libro es en Su honor, si tan solo juzgarais con equidad. Hemos creado los cielos y la tierra, y todo cuanto hay entre ellos, para Sus amados, y tanto más para Su muy resplandeciente, Su muy gloriosa y radiante belleza. Sin embargo, vosotros os habéis apoderado de lo que hemos destinado para Él y lo habéis aprovechado para rechazar a Mi Bienamado.¿Qué os ha vuelto tan desatentos, oh congregación de malévolos?¿Y qué os satisfará en este día, oh provocadores de sedición?
Os habéis opuesto a Él y a todo cuanto ha manifestado, aun cuando os advertimos en Nuestras Tablas que quien traiga a la memoria Su más grande y maravilloso Nombre debe levantarse y repetir diecinueve veces «¡Glorificado sea Dios, el Señor de los reinos de la tierra y del cielo!» y, luego, otras diecinueve veces «¡Glorificado sea Dios, el Señor de toda gloria y potestad!», entre otras cosas, tal como hemos revelado en una poderosísima Tabla. Sin embargo, no habéis creído en Él ni en Sus versículos. Es más, sin contentaros con eso, habéis ignorado los derechos de Dios que recaen sobre Él y habéis desoído ese mandamiento de Dios que corresponde a Su propio Ser, el Exaltadísimo, el Omnisciente. Habéis rechazado todas Sus acciones, una tras otra, y habéis disfrutado haciendo burla de Él. Entre vosotros está quien dice: «¡Él bebe té!»; mientras que otro protesta: «¡Toma alimentos!». Y aun otro pone objeciones a Su indumentaria, aunque cada hilo de la misma testifica que no hay otro Dios sino Él y que Él es el Objeto de la adoración de todos los que están cerca de Dios. Doy testimonio de que, en ocasiones, la Antigua Belleza no tenía siquiera una muda de ropa. Así lo atestigua la Lengua de la verdad y del conocimiento. Muchas noches no podía proveer de sustento a Su familia, mas ocultaba Su penuria a fin de salvaguardar el honor de la poderosa e inexpugnable Causa de Dios; y ello, pese a que todas las cosas fueron creadas en aras de Él y de que en Sus manos se encuentra la llave de los tesoros de la tierra y del cielo.
¡Ay de vosotros por vuestro atrevimiento, oh pueblo del Bayán! ¡Dios es mi testigo! Me avergüenzo de vuestras acciones y reniego de vosotros, oh congregación de malignos. ¡Ay de los sufrimientos que ha padecido a manos de vosotros! ¡Ay de lo que Le ha acontecido y continúa afligiéndole en todo momento! ¡Oh gentes! Juzgad con ecuanimidad y reflexionad un momento: Si seguís cegados por esos velos, ¿con qué propósito, entonces, Me revelé Yo, y qué fruto produjo Mi Revelación, oh asamblea de hipócritas? Dios Me trajo a vosotros para rasgar los velos y purificar vuestros corazones con miras a esta Revelación. Mas vosotros habéis cometido lo que ha hecho correr Mis lágrimas y las lágrimas de los santos. Los rostros de las generaciones anteriores palidecen ante vuestras acciones, pues estáis más cubiertos de velos que ellos, y sois más negligentes que los seguidores de la Torá, del Evangelio o de cualquier otro Libro.
¡Ojalá nunca hubiese nacido ni jamás Me hubiese revelado a vosotros, oh traicioneros! ¡Juro por Aquel que Me envió con el poder de la verdad! He repasado el conocimiento de todas las cosas, y sé todo lo que está guardado en los inviolables erarios de Dios y oculto a los ojos de todos, pero jamás he encontrado a un pueblo más extraviado y ruin que vosotros. Pues, con todo lo que hemos expuesto en Nuestras Tablas y todas las advertencias que os hemos dirigido en cada una de sus páginas, no podemos concebir que una sola alma en toda la tierra osara protestar contra Dios, en Cuya mano están los reinos de la tierra y del cielo. Estamos perplejos ante vuestra creación y no sabemos con qué palabra fuisteis generados, oh vosotros cuyo carácter y cuyas acciones asombran los corazones del Concurso de lo alto, y a quienes están consagrados a Dios, y a quienes gozan de Su cercanía.
¡Oh siervo! Así te relatamos en esta Tabla lo que la Paloma del Bayán arrulla en este momento ante el Trono de tu Señor, el Todopoderoso, el Loado por todos. Lee detenidamente, pues, lo que en ella se revela, pero protege sus perlas de significado oculto de las manos de los traidores y ladrones de entre las huestes del Maligno. Si hallaras a un alma con discernimiento, pon esta Tabla ante sus ojos para que, a su vez, la vea y sea de los que alcanzan la meta. Ojalá así los dotados de visión de entre Nuestros siervos justos se aperciban de lo que Le ha acaecido a la Belleza celestial a manos de estas almas libertinas, que han preferido adorar al Becerro en vez de a Dios, se han postrado ante él cada mañana y cada atardecer, y se han enorgullecido de ello.
No dejes que te apene Nuestra adversidad; más bien, sé paciente, así como Nos hemos sido pacientes. Él es, en verdad, el mejor de los auxiliadores. Recuerda a tu Señor de día y de noche, y ensalza Su alabanza en medio de Sus siervos. Quizás así se encienda el fuego de Su amor en el corazón de los justos, y todos, a su vez, se dispongan a adorar a Dios, su Señor, el Señor de lo visible y lo invisible, y el Señor de vuestros ancestros.
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