Días de conmemoración

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Él es el Santísimo, el Más Poderoso, el Más Exaltado.

¡Alabado seas, oh Tú que eres el Señor del mundo y el Gobernante de las naciones! Doy fe de que desde toda la eternidad has estado muy por encima de la mención de todas las cosas creadas y mucho más allá de las descripciones más sublimes que Tus criaturas hagan de Ti. Siempre que Tus siervos leales procuraron ascender hasta la posición de Tu reconocimiento, les cerraron el paso las huestes de Tu conocimiento; y siempre que los que están cercanos a Ti desearon entrar en el cielo de Tu cercanía, se vieron detenidos por la abrumadora majestad de Tu expresión. Damos testimonio de que los nombres divinos más excelsos no son sino sirvientes ante Tu puerta, y que sus manifestaciones más gloriosas se inclinan ante Tu semblante y se sienten humildes en Tu presencia. Tú eres, en verdad, Aquel que no puede ser descrito con letras, ni evocado con palabras, ni tan siquiera contenido en los significados ocultos que estas guardan. Ya que todos están circunscritos por las limitaciones inherentes del habla que caracterizan a todas las lenguas de los pueblos del mundo.

¡Excelso, inmensamente excelso eres por encima de la mención de toda alma y de la comprensión de todo corazón! ¡Excelso, inmensamente excelso eres por encima de la descripción de quienquiera que no seas Tú y más allá de cualquier concepto que de Ti se formen Tus criaturas! Aunque Tus propias Manifestaciones se remontaran en las alas de lo visible y lo invisible, no alcanzarían la primera refulgencia que brilla en el horizonte de Tu exaltadísimo Semblante y el punto de amanecer de Tu muy sublime Revelación. Y aunque se permitiera a los Exponentes de Tu Señorío elevarse tanto tiempo como perduren los reinos de la tierra y el cielo, jamás serían capaces de acercarse al Sol de Tu belleza.

Bienaventurado quien comprenda Tu realidad perdurable y la evanescencia de todo fuera de Ti, y reconozca Tu autoridad soberana y la impotencia de todo cuanto no seas Tú. Y, así como la evanescencia de todas las cosas queda establecida ante el océano ondeante de Tu recuerdo, oh Rey de todos los nombres, igualmente se hace evidente que cualquier mención y descripción que ellas hagan no llega a la altura de Tu poder y grandeza, y no se corresponde con Tu sublimidad y fuerza. Y, pese a ello, oh mi Dios, merced a las maravillas de Tu gracia y munificencia, y como muestra de Tu generosidad y favor, has ordenado que todos hagan mención de Ti y Te alaben y, merced a Tu gracia y generosidad, has aceptado que Te glorifiquen. Por esa razón, Tu propio Ser llama a Tu Ser y Tu Esencia misma invoca a Tu Esencia en nombre de los que Te aman, quienes han soportado toda penuria en Tu camino y toda adversidad por su amor a Ti y su contento con Tu beneplácito, en este día bendito que has hecho que sea una festividad para los habitantes de Tu reino y para aquellos que han observado el Ayuno en cumplimiento de Tu mandato y han obedecido Tu decreto irresistible.

Ensalzado sea este día bendito y glorioso que has designado con ese querido Nombre, a la vez oculto y manifiesto, que, cuando brilló sobre el horizonte de la eternidad, el divino Árbol del Loto exclamó: «¡Por Dios! Ha venido el Señor de la creación, Aquel que ningún nombre puede describir». Ante lo cual, el Paraíso se estremeció y proclamó con alegría y fervor: «¡Oh habitantes del mundo! Ha venido Aquel en derredor de Quien circulan las Auroras del Todomisericordioso, las Manifestaciones del Alabado y los Puntos de Amanecer de la inspiración». Y todas las cosas pregonaron: «Esta es esa Tabla con la que ha sido adornado el reino de la creación y mediante la cual se ha abierto la puerta que conduce a la Presencia Divina ante todos los que están en el cielo y en la tierra». Feliz quien haya renunciado a todo deseo y se haya acercado a Aquel Cuya realidad ninguna palabra ni expresión pueden transmitir.

¡Por Dios! Este es el Día en que en el murmullo de las aguas se oye: «No hay Dios sino Él, Quien ayuda en el peligro, Quien subsiste por Sí mismo», y en el susurro de sus brisas se oye: «No hay Dios sino Él, el Todopoderoso, el Bienamado», y en el crujir de sus árboles se oye: «No hay Dios sino Él, el Omnipotente, el Eterno Donador, el Todoglorioso, el Amoroso» y, más allá de ellos, de la Lengua de la Majestad se oye: «Este es el Día de la aparición de Aquel que está manifiesto y a la vez oculto, Quien está a la vista y a la vez velado. ¡Corred hacia Él, vosotros que sois las auroras de los nombres divinos, y acercaos a Él, vosotros que moráis en el reino de la creación, con corazones purificados de supersticiones y vanas imaginaciones, y libres de la ociosa palabrería de las gentes!».

Inmensamente elevada es la posición de Tus amados que se han asido de la cuerda de Tu mandato, se han aferrado a la orla de Tus ordenanzas, han pronunciado lo que se les ha permitido en Tus Tablas, no han transgredido los límites dictados en Tu Libro, y se han expresado en Tus regiones con la prudencia decretada en los pergaminos de Tu munificencia y las epístolas de Tu gracia. ¡Oh Señor! Ayúdalos a levantarse para hacer triunfar Tu Causa mediante aquello que les has expuesto con Tu muy exaltada Pluma y lo que les has decretado en algunas de Tus Tablas. ¡Oh Señor! No los abandones a sí mismos, sino resguárdalos mediante Tu soberanía y poder, y asístelos mediante Tu fuerza y gracia.

¡Oh Señor! Son siervos y esclavos Tuyos que han creído en Ti y se han acercado al cielo de Tu munificiencia. No dejes que sean privados de las señales de Tus tiernas mercedes en Tus días, ni les niegues la fragancia de las rosas de Tu sabiduría. Guíalos, pues, oh mi Dios, al océano de Tu complacencia para que se sumerjan en él, en Tu Nombre, y no se entristezcan por aquello que han concebido sus propias mentes, ni se aflijan por todo lo que han presenciado en Tu camino. En verdad, Tú eres aquel Todopoderoso Cuya fuerza ha reconocido todo potentado, Cuya soberanía ha aceptado toda persona dotada de majestad, ante las olas del océano de Cuyo conocimiento todo sabio confiesa su ignorancia, y ante las evidencias de Cuyo poder toda alma dotada de fuerza admite su impotencia.

Tú eres Aquel, oh mi Dios, con Quien todo nombre se siente indigno de asociarse, y en Cuya presencia todas las cosas se avergüenzan de ser nombradas. Desde toda la eternidad, has morado en esas alturas trascendentes que están muy por encima de toda mención y descripción. ¡Cuán grandes son Tu soberanía y Tu fuerza, y cuán poderosa es Tu grandeza, si bien todas las cosas reconocen que estás completamente por encima y más allá de todo salvo de Tu propio Ser! Tú has subyugado al mundo entero mediante una sola Palabra que ha sido asociada al reino de Tu expresión y desde la que se ha esparcido la fragancia del manto de Tu Mandato.

¡Oh Señor de toda la existencia y Educador de todas las cosas visibles e invisibles! Concédenos oídos que sean puros, corazones santificados y ojos que vean, para que descubramos la dulzura de Tu expresión cautivadora, fijemos la mirada en Tu supremo horizonte y lleguemos a saber todo lo que ha sido enviado mediante Tu generosidad, ¡oh Tú que eres el Rey de los Nombres! Prende, pues, el fuego de Tu amor en Tus tierras, para que los corazones de Tus criaturas ardan con él, se vuelvan hacia Ti, reconozcan Tu unidad y den fe de Tu unicidad. ¡Oh Señor de todos los nombres! Desgarra ante sus rostros los velos de gloria y dales a conocer la excelencia de este Día, que ha sido adornado con Tu Nombre e iluminado con la luz de Tu Semblante. En verdad, Tú eres Aquel a Quien las buenas obras de las gentes jamás podrán enaltecer ni sus malas acciones frenar, a Quien el ascendiente de los gobernantes no puede humillar ni el poder de los poderosos derrotar. Mediante Tu soberanía, Tú haces lo que deseas. No hay Dios sino Tú, el Omnipotente, el Más Exaltado, El Omnisciente, el Sapientísimo.

Has descender, pues, sobre Tus amados, oh mi Dios, desde el cielo de Tu generosidad, aquello que haga que fijen la mirada en Ti y actúen en conformidad con Tu voluntad y mandato. Ordena para ellos, pues, lo que les beneficie y los proteja, lo que les atraiga y los haga libres. En verdad, Tú eres su Señor, su Creador y su Auxiliador. No hay Dios sino Tú, Quien siempre perdona, el Más Generoso.

Te imploro, además, oh mi Dios, que unas los corazones de Tus amados y los vincules en armonía y camaradería en Tu Causa, para que no manifiesten nada que sea indigno de ellos en Tus días. Verdaderamente, Tú eres el Todopoderoso, el Más Exaltado, el Altísimo, el Más Grande. ¡Alabado sea Dios, Señor de los mundos!