Días de conmemoración

42 - Lawḥ-i-Mawlúd (Tabla del Natalicio)

¡Oh asamblea de lo visible y lo invisible! Regocijaos con suma alegría de alma y corazón, pues ha llegado la noche de la cosecha de las edades y la recolección de ciclos pasados, noche en que fueron creados todos los días y las noches y se cumplió el tiempo preordinado para esta Revelación, por mandato de Aquel que es el Señor de la fuerza y del poder. ¡Toda alegría sea para el Concurso de lo alto ante la aparición de un Espíritu tan glorioso y admirable!

Esta es la noche en que se abrieron de par en par las puertas del Paraíso y se cerraron firmemente las entradas al Infierno, noche en que el paraíso del Todomisericordioso fue desvelado en el corazón mismo de la creación, las brisas de Dios soplaron desde los retiros del perdón y la Última Hora fue anunciada mediante el poder de la verdad, si tan solo lo supierais. ¡Toda alegría sea para esta noche, mediante la cual han sido bañados de luz todos los días, aunque nadie puede comprenderlo salvo quienes están dotados de certeza y discernimiento!

Esta es la noche en torno a la cual han girado las Noches del Poder, en la que los ángeles y el Espíritu han descendido portando copas llenadas en los torrentes del Paraíso, la noche en la que el Cielo mismo fue engalanado con el ornamento de Dios, el Todopoderoso, el Benévolo, el Munificente, en la que todas las cosas creadas fueron dotadas de vida y las gentes del mundo fueron envueltas por Su gracia. ¡Toda alegría sea para el concurso del Espíritu por esta manifiesta y resplandeciente merced!

Esta es la noche en que se hicieron temblar las extremidades de Jibt, y el Grandísimo Ídolo cayó al polvo, y se hicieron pedazos los cimientos de la iniquidad, y Manát se lamentó en lo más íntimo de su ser, y la espalda de ‘Uzzá se quebró y se ennegreció su rostro, pues ha despuntado la Mañana de la Revelación divina y ha aparecido aquello que ha consolado los ojos de la gloria y la majestad y, además de ellos, los ojos de todos los Profetas y Mensajeros de Dios. ¡Toda gloria sea, pues, para este Amanecer que ha aparecido sobre la aurora de gloria refulgente!

Di: Este es el Amanecer en que a los malvados se les impidió acercarse al dominio del poder y la grandeza, en que fueron lacerados los corazones de quienes se han enfrentado con Dios, el Omnipotente, el Todoglorioso, el Libre. Este es el Amanecer en que se oscurecieron los rostros de los perversos, en tanto que el semblante de los justos relucía con la luz de esta Belleza, una Belleza Cuya venida han esperado ansiosamente todas las cosas visibles e invisibles y, más allá de ellas, la compañía del Concurso de lo alto. ¡Aclamada sea la aparición de este Espíritu, mediante Cuya potencia los muertos han sido avivados en sus tumbas y se ha hecho revivir todo hueso enmohecido!

Di: ¡Oh fuente de iniquidad! Laméntate por tu penosa condición. ¡Oh manantial de opresión! Regresa a tu morada en el fuego infernal, pues la belleza del Todomisericordioso ha resplandecido en el horizonte de la existencia con una brillantez que ilumina con el fulgor de su luz a todos los que habitan en Sus dominios, y ha hecho que aparezca el Espíritu de Dios, el Omnipotente, el Todoglorioso, el Munífico. Mediante su revelación, la mano de Su Voluntad se ha extendido desde la túnica de la grandeza y ha rasgado los velos del mundo con la fuerza de Su suprema, Su incomparable, Su irresistible y exaltada soberanía. ¡Toda gloria sea, pues, para este Amanecer en que la Antigua Belleza se ha establecido en el trono de Su Nombre, el Todopoderoso, el Más Grande!

Este es el Amanecer en que nació Aquel que no engendra ni es engendrado. Bienaventurado aquel que se sumerge en el océano del significado interior que bulle dentro de esta exposición y descubre las perlas del conocimiento y la sabiduría que yacen ocultas en las palabras de Dios, el Rey, el Exaltado, el Fuerte, el Poderoso. ¡Toda gloria sea para quien comprenda la verdad y se cuente entre aquellos que están dotados de discernimiento!

Di: Este es el Amanecer en que descendieron del cielo las cohortes del concurso del Paraíso y las huestes de los ángeles de la santidad, entre quienes estaba Aquel que fue elevado sobre las brisas de la Belleza de Dios, el Más Glorioso, hasta las filas del exaltadísimo Concurso. Llevada sobre esas mismas brisas, descendió aun otra compañía de ángeles, portando cada uno un cáliz de vida sempiterna y ofreciéndolo a quienes giran en adoración en torno al Punto donde el Antiguo Ser se ha establecido a Sí mismo sobre el trono de Su gloriosísimo y munífico Nombre. ¡Toda alegría sea para quienes han llegado a Su presencia, han contemplado Su belleza, han escuchado Sus melodías y han sido vivificados por la Palabra que ha emanado de Sus sagrados y excelsos, Sus gloriosos y luminosos labios!

Di: Este es el Amanecer en que fue plantado el Más Grande Árbol y dio sus excelentes e incomparables frutos. ¡Por la rectitud de Dios! Dentro de cada fruto de este Árbol yacen las semillas de una miríada de melodías. Por tanto, oh concurso del Espíritu, os daremos a conocer, en la medida de vuestra capacidad, algunos de sus cantares celestiales para que atraigan vuestros corazones y os acerquen a Dios, el Señor de fortaleza, fuerza y poder. ¡Toda gloria sea para este Amanecer, con el cual han resplandecido los divinos Luminares sobre el horizonte de la santidad, con la venia de Dios, el Omnipotente, el Inaccesible, el Altísimo!

Di: Este es el Amanecer en que salieron a la luz la Esencia oculta y el Tesoro invisible, Amanecer en que la Antigua Belleza tomó la copa de la inmortalidad con las manos de la gloria, bebió de ella primero y la ofreció luego a todas las gentes de la tierra, sin importar su condición. ¡Toda gloria sea, entonces, para aquel que se ha acercado a esta copa, la ha levantado y ha bebido de ella por amor a su Señor, el Todopoderoso, el Altísimo!

Un fruto de ese Árbol ha proclamado lo que antaño había proclamado la Zarza Ardiente en aquel santificado y níveo Lugar, palabras a las que Moisés prestó oído y que hicieron que abandonara todas las cosas creadas y dirigiera Sus pasos hacia los retiros de la santidad y la grandeza. ¡Toda gloria sea, entonces, para ese éxtasis nacido de Dios, el Omnipotente, el Exaltadísimo, el Más Grande!

Otro de sus frutos ha pronunciado aquello que embelesó a Jesús y Lo elevó hasta el cielo de manifiesto esplendor. ¡Toda gloria sea, entonces, para este Espíritu en Cuya presencia se encuentra el Espíritu Fiel, junto con una compañía de ángeles escogidos de Dios!

Aun otro de sus frutos ha expuesto aquello que cautivó el corazón de Muḥammad, el Apóstol de Dios, Quien, arrobado por las suaves cadencias de la Voz procedente de lo alto, ascendió hasta el divino Árbol del Loto y oyó la Voz de Dios, proveniente del Tabernáculo de la majestad, que hablaba del misterio de Mi santo, Mi elevadísimo y poderoso Nombre. ¡Toda gloria sea, entonces, para este Árbol que ha sido cultivado mediante el poder de la verdad, para que todos los pueblos de la tierra busquen amparo bajo su sombra!

¡Oh Pluma del Altísimo! Deja de escribir; pues ―¡por Dios!― si expusieras todas las suaves cadencias de los frutos de este Árbol celestial, te verías abandonado en la tierra, ya que todos escaparían de tu presencia y se alejarían de tu corte de santidad. Y esta es, ciertamente, la indiscutible verdad. ¡Toda gloria sea, entonces, para los misterios que nadie puede sobrellevar salvo Dios, el soberano Gobernante, el Todopoderoso, el Magnánimo!

¡Oh Pluma! ¿No ves qué clamor han levantado los hipócritas en todas las regiones, y qué tumulto han provocado los impíos y malvados? Y ello, a pesar de que tan solo revelaste un atisbo infinitesimal de los misterios de tu Señor, el Exaltadísimo, el Todoglorioso. Por tanto, contente y oculta a los ojos de los hombres aquello que Dios te ha conferido, en señal de Su munificencia. Y si es tu deseo dar de beber a todas las cosas creadas de esa agua cristalina que es, en verdad, la vida, y de la que Dios ha hecho que seas la Fuente, deja que tu tinta fluya solo en la medida de la capacidad que tengan. Así te lo ordena Aquel que te ha traído a la existencia mediante el poder de Su mandato. Haz, entonces, lo que te ha sido ordenado y no seas de los que se demoran. ¡Toda gloria sea para este trascendental decreto, que ha refrenado la fuerza de todas las cosas creadas y ha retenido a la Pluma del Altísimo para impedir que divulgue a los pueblos del mundo aquello de lo que habían estado velados! Ciertamente, Su poder es capaz de todo.