Días de conmemoración

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Él es el Más Santo, el Más Exaltado, el Más Grande.

Ha llegado la Festividad del Natalicio y Aquel que es la Belleza de Dios, el Todopoderoso, el Imponente, el Amoroso, ha ascendido a Su trono. Bienaventurado aquel que en este Día ha alcanzado Su presencia y hacia quien se ha dirigido la mirada de Dios, Quien ayuda en el peligro, Quien subsiste por Sí mismo. Di: Hemos celebrado esta Festividad en la Más Grande Prisión en un momento en que los reyes de la tierra se han alzado contra Nos. No obstante, el predominio del opresor jamás puede frustrarnos, ni las huestes del mundo, afligirnos. De ello da testimonio el Todomisericordioso en esta augusta posición.

Di: ¿Habrá de desfallecer la quintaesencia de la seguridad ante el clamor de los pueblos del mundo? ¡No, por Su belleza, que arroja su luz sobre todo lo que ha sido y todo lo que ha de ser! Esta es, en verdad, la majestad del Señor que ha abarcado a la creación entera, y este es Su poder trascendente que ha envuelto a todos los que ven y a todo lo que es visto. Asíos firmemente de la cuerda de Su poder soberano y haced mención de vuestro Señor, el Libre, en esta aurora cuya luz ha puesto al descubierto todos los secretos ocultos. Así Se ha pronunciado la Lengua del Anciano de Días en este Día en que se ha roto el sello del vino selecto. Prestad atención, no sea que las vanas imaginaciones de quienes no han creído en Dios os perturben, o que sus ociosas fantasías os alejen de este dilatado camino.

¡Oh pueblo de Bahá! Remontaos con las alas del desprendimiento hasta el empíreo del amor de vuestro Señor, el Todomisericordioso. Disponeos a hacerle victorioso, tal como lo ordena la Tabla Preservada. Guardaos de disputar con ninguno de Mis siervos. Impartidles las dulces fragancias de Dios y Sus santas palabras pues, mediante su poder, todas las almas podrán volverse hacia Él. Quienes permanezcan desatentos a Dios en este Día están, en verdad, perdidos en la ebriedad de sus deseos y no se percatan de ello. Bienaventurado el que, con sumisión y humildad, haya vuelto el rostro hacia la Aurora de los versículos de su Señor.

Os corresponde levantaros y dar a conocer a las gentes lo que ha sido enviado en el Libro de su Señor, el Todopoderoso, el Libre. Di: Temed a Dios y no prestéis atención a las vanas imaginaciones de quienes andan por los caminos de la duda y la iniquidad. Volveos con corazón radiante hacia el trono de vuestro Señor, el Poseedor de todos los nombres. Él, en verdad, os ayudará con el poder de la verdad. No hay más Dios que Él, el Todopoderoso, el Munífico.

¿Correríais presurosos hacia una simple charca, cuando tenéis ante vuestros ojos el Más Grande Océano? Volveos enteramente a él y no sigáis los pasos de cualquier impostor infiel. Así lo entona el Ave de la Eternidad en las ramas de Nuestro divino Árbol del Loto. ¡Por Dios! Una sola de sus melodías basta para embelesar al Concurso de lo alto y, más allá de ellos, a los moradores de las ciudades de los nombres y, aun más allá de ellos, a quienes circulan alrededor de Su Trono por la mañana y al atardecer.

Esto es lo que las lluvias de la expresión han traído del cielo de la voluntad de vuestro Señor, el Todomisericordioso. Acercaos a ellas, oh gentes, y renunciad a quienes vanamente cuestionan los versículos que Dios ha revelado, y quienes no han creído en su Señor cuando vino investido con pruebas y testimonios.