Días de conmemoración

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¡En el nombre de Aquel que ha derramado Su esplendor sobre la creación entera!

La Primavera Divina ha llegado, oh Exaltadísima Pluma, pues la Festividad del Todomisericordioso se acerca rápidamente. Disponte a magnificar el nombre de Dios ante la creación entera, y a celebrar Su alabanza de tal manera que sean regeneradas y renovadas todas las cosas creadas. Habla, y no guardes silencio. El sol de la dicha brilla por encima del horizonte de Nuestro nombre, el Dichoso, por cuanto el reino de los nombres de Dios ha sido adornado con el ornamento del nombre de tu Señor, el Creador de los cielos. Levántate ante las naciones de la tierra y ármate con el poder de este Más Grande Nombre, y no seas de los que se demoran.

Parece que te has detenido y no te mueves sobre Mi Tabla. ¿Es posible que te haya aturdido el resplandor del Semblante Divino, o que la conversación frívola de los rebeldes te haya llenado de pesar y haya paralizado tu movimiento? Ten cuidado y no dejes que nada te impida ensalzar la grandeza de este Día, Día en que el Dedo de la majestad y el poder ha abierto el sello del Vino de la Reunión y ha llamado a todos los que están en el cielo y a todos los que están en la tierra. ¿Prefieres demorarte cuando ya ha soplado sobre ti la brisa que anuncia el Día de Dios, o eres de aquellos que están separados de Él como por un velo?

No he permitido, oh Señor de todos los nombres y Creador de los cielos, que velo alguno me prive del reconocimiento de las glorias de Tu Día, Día que es la lámpara de guía para todo el mundo y el signo del Anciano de Días para todos aquellos que habitan en él. Mi silencio se debe a los velos que han impedido que Te vean los ojos de Tus criaturas, y mi mudez es a causa de los obstáculos que han impedido a Tu pueblo reconocer Tu verdad. Tú sabes lo que hay en mí, pero yo no sé lo que hay en Ti. Tú eres el Omnisciente, el Informado. ¡Por Tu nombre que excede cualquier otro nombre! Si alguna vez me llegara Tu imponente e irresistible mandato, me haría posible vivificar a todas las almas mediante Tu exaltadísima Palabra, que he oído pronunciar con Tu poderosa Voz en Tu Reino de gloria. Me permitiría anunciar la revelación de Tu luminoso semblante, mediante la cual aquello que estaba oculto a los ojos de la gente ha sido manifestado en Tu nombre, el Perspicuo, el soberano Protector, Quien subsiste por Sí mismo.

Oh Pluma, ¿puedes ver a alguien en este Día que no sea Yo? ¿Qué ha sido de la creación y de sus manifestaciones? ¿Y de los nombres y de su reino? ¿Adónde han ido todas las cosas creadas, ya sean visibles o invisibles? ¿Y los secretos ocultos del universo y sus revelaciones? ¡Mira cómo la creación entera ha dejado de existir! No queda nada sino Mi Rostro, el Perdurable, el Resplandeciente, el Todoglorioso.

Este es el Día en que nada se ve, excepto los esplendores de la Luz que brilla en el rostro de Tu Señor, el Munífico, el Más Generoso. Verdaderamente, hemos hecho expirar a todas las almas, en virtud de Nuestra irresistible soberanía que todo lo subyuga. Luego, hemos hecho aparecer una nueva creación, como muestra de Nuestra gracia para con los hombres. Yo soy, en verdad, el Todogeneroso, el Anciano de Días.

Este es el Día en que el mundo invisible clama: «Grande es tu dicha, oh tierra, porque has sido convertida en el escabel de tu Dios y has sido escogida como la sede de Su poderoso trono». El dominio de la gloria exclama: «Ojalá pudiera sacrificar mi vida por ti, porque Aquel que es el Bienamado del Todomisericordioso ha establecido sobre ti Su soberanía, mediante la fuerza de Su Nombre que ha sido prometido a todas las cosas, tanto del pasado como del futuro». Este es el Día en que toda cosa perfumada ha obtenido su fragancia del aroma de Mi vestidura, vestidura que ha derramado su perfume sobre la creación entera. Este es el Día en que las aguas torrenciales de la vida eterna han brotado de la Voluntad del Todomisericordioso. ¡Apresuraos de corazón y alma, y bebed a plenitud, oh Concurso de los dominios de lo alto!

Di: Él es la Manifestación de Aquel que es el Incognoscible, el Invisible de los Invisibles, si tan solo lo percibierais. Él es Quien ha puesto al descubierto ante vosotros la Joya oculta y atesorada, si tan solo la buscarais. Él es el único Amado de todas las cosas, ya sean del pasado o del futuro. ¡Ojalá pusierais vuestros corazones y esperanzas en Él!

Hemos oído la voz de tu súplica, oh Pluma, y disculpamos tu silencio. ¿Qué es lo que te ha confundido tan penosamente?

La embriaguez de Tu presencia me ha embargado y se ha apoderado de mí, oh Bienamado de todos los mundos.

Disponte a proclamar a la creación entera las nuevas de que Aquel que es el Todomisericordioso ha dirigido Sus pasos hacia el Riḍván y ha entrado en él. Guía, pues, a las gentes al jardín de delicias que Dios ha convertido en el Trono de Su Paraíso. Te hemos escogido para que seas Nuestra poderosísima Trompeta, cuyo toque ha de anunciar la resurrección de toda la humanidad.

Di: Este es el Paraíso en cuyo follaje el vino de la expresión ha estampado el testimonio: «¡Aquel que estaba oculto a los ojos humanos ha sido revelado, investido de soberanía y poder!». Este es el Paraíso, el murmullo de cuyas hojas proclama: «¡Oh vosotros que moráis en los cielos y en la tierra! Ha aparecido aquello que no había aparecido nunca antes. Ha venido Aquel que, desde la eternidad, tenía oculto Su Rostro a la vista de la creación». De la susurrante brisa que sopla entre sus ramas se oye el clamor: «Se ha hecho manifiesto Aquel que es el soberano Señor de todo; el Reino es de Dios», mientras que de sus aguas fluyentes se oye el murmullo: «Todos los ojos se alegran, pues Aquel a Quien nadie ha visto, Cuyo secreto nadie ha descubierto, ha retirado el velo de la gloria y ha revelado el semblante de la Belleza».

Dentro de este Paraíso, y desde las alturas de sus elevadísimos aposentos, las Doncellas del Cielo han alzado la voz para exclamar: «Regocijaos, moradores de los dominios de lo alto, porque los dedos de Aquel que es el Anciano de Días están haciendo sonar, en el nombre del Todoglorioso, la Grandísima Campana en el corazón mismo de los cielos. Las manos de la generosidad han repartido la copa de la vida eterna. Aproximaos y bebed a plenitud. ¡Bebed con saludable gozo, oh vosotros que sois la encarnación misma del anhelo, la personificación del deseo vehemente!».

Este es el Día en el que Aquel que es el Revelador de los nombres de Dios ha salido del Tabernáculo de la gloria y ha proclamado a todos los que están en los cielos y a todos los que están en la tierra: «Retirad las copas del Paraíso y toda el agua vivificadora que contienen, porque, mirad, el pueblo de Bahá ha entrado en la feliz morada de la Presencia divina y ha bebido el vino de la reunión del cáliz de la belleza de su Señor, Quien todo lo posee, el Altísimo».

¡Oh Pluma! Olvida el mundo de la creación y vuélvete hacia la faz de tu Señor, el Señor de todos los nombres. Adorna, entonces, el mundo con el ornamento de los favores de tu Señor, el Rey de los días sempiternos. Pues percibimos la fragancia del Día en el que Aquel que es el Deseo de todas las naciones ha derramado sobre los reinos de lo invisible y de lo visible el esplendor de la luz de Sus muy excelentes nombres, y los ha envuelto con el resplandor de los luminares de Sus muy bondadosos favores, favores que nadie puede estimar salvo Él, el Protector omnipotente de toda la creación.

No mires a las criaturas de Dios sino con ojos de bondad y misericordia, porque Nuestra amorosa providencia ha impregnado todas las cosas creadas y Nuestra gracia ha envuelto la tierra y los cielos. Este es el Día en el que los siervos verdaderos de Dios participan de las vivificantes aguas de la reunión, Día en que los que están cerca de Él pueden beber de las tranquilas corrientes del río de la inmortalidad, y aquellos que creen en Su unidad pueden tomar el vino de Su Presencia, mediante su reconocimiento de Aquel que es el Más Elevado y Último Fin de todo, en Quien la Lengua de Majestad y Gloria pronuncia la llamada: «Mío es el Reino. Por derecho propio, Yo mismo soy su Soberano».

Atrae los corazones humanos con el llamamiento de Aquel que es el solo y único Amado. Di: Esta es la Voz de Dios, si tan solo la escucharais. Esta es la Aurora de la Revelación de Dios, si tan solo lo supierais. Este es el Punto de amanecer de la Causa de Dios, si tan solo lo reconocierais. Esta es la Fuente del mandamiento de Dios, si tan solo la juzgarais con imparcialidad. Este es el Secreto manifiesto y oculto, si tan solo lo comprendierais. ¡Oh pueblos del mundo! En Mi nombre, que trasciende todos los demás nombres, desechad las cosas que poseéis y sumergíos en este Océano en cuyas profundidades se hallan ocultas las perlas de la sabiduría y de la expresión, un océano que ondea en Mi nombre, el Todomisericordioso. Así os lo ordena Aquel con Quien está el Libro Madre.

Ha venido el Más Amado. En Su diestra está el Vino sellado de Su nombre. Feliz quien se vuelva hacia Él, beba a plenitud y exclame: «¡Alabado seas, oh Revelador de los signos de Dios!». ¡Por la rectitud del Todopoderoso! Toda cosa oculta ha sido manifestada mediante la fuerza de la verdad. Se han derramado todos los favores de Dios, como muestra de Su gracia. Las aguas de la vida eterna han sido brindadas a las gentes, en toda su abundancia. La mano del Bienamado ha repartido cada una de las copas. Acercaos, y no os demoréis ni por un instante.

Bienaventurados quienes se han remontado en alas del desprendimiento y han alcanzado la posición que, como Dios ha ordenado, sobrepasa a la creación entera, aquellos que ni las vanas imaginaciones de los doctos ni la multitud de las huestes de la tierra han logrado desviar de Su Causa. ¿Quién de entre vosotros, oh pueblo, renunciará al mundo y se acercará a Dios, el Señor de todos los nombres? ¿Dónde se hallará a aquel que, mediante la fuerza de Mi nombre que trasciende todo lo creado, desechará las cosas que posee la gente y se aferrará con toda su fuerza a las cosas que Dios, el Conocedor de lo visible e invisible, le ha ordenado observar? Así se ha derramado Su generosidad sobre todas las almas, se ha cumplido Su testimonio y ha resplandecido Su prueba en el Horizonte de la misericordia. Grande es el premio que ha de obtener quien haya creído y exclamado: «¡Loado eres, oh Amado de todos los mundos! ¡Magnificado sea Tu nombre, oh Deseo de todo corazón comprensivo!».

Regocijaos con extrema alegría, oh pueblo de Bahá, al recordar el Día de la felicidad suprema, Día en que ha hablado la Lengua del Anciano de Días cuando partía de Su Casa para dirigirse al Lugar desde el que derramó sobre la creación entera los esplendores de Su nombre, el Todomisericordioso. Dios es Nuestro testigo. Si reveláramos los secretos ocultos de ese Día, todos los que moran en los cielos y en la tierra se desvanecerían y perecerían, excepto aquellos que fuesen resguardados por Dios, el Todopoderoso, el Omnisciente, el Sapientísimo.

Tal es el efecto embriagador de las palabras de Dios sobre Aquel que es el Revelador de Sus indudables pruebas, que Su Pluma no puede ya moverse. Con estas palabras concluye Su Tabla: No hay otro Dios fuera de Mí, el Más Exaltado, el Más Poderoso, el Más Excelente, el Omnisciente.