31 de diciembre de 2025

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En las agrupaciones y en los barrios y aldeas donde se han dado avances notables, con independencia del punto de partida, un factor esencial ha sido la capacidad de los amigos en las bases para aprender juntos, combinando las percepciones extraídas de su propia experiencia con las de comunidades más avanzadas, ya sean cercanas o lejanas, sin ningún intento de aplicar una fórmula fija. Aunque las características fundamentales de un programa de crecimiento —su propósito, sus principios rectores y sus instrumentos básicos— son las mismas en todas partes, el crecimiento es un proceso orgánico, no un proceso mecánico. En un proceso de esta índole, el progreso depende, en cada momento, de mantener una comprensión clara de las prioridades propias de cada lugar y, tal como subrayamos en nuestro mensaje a su conferencia de 2021, de leer realidades cambiantes y adoptar enfoques adecuados a las condiciones locales.

El tercer hito es una medida de un recorrido cuyos comienzos son bien conocidos. Una vez superado, las agrupaciones en las que el progreso se ha consolidado muestran algunos rasgos importantes en común. Los programas del instituto cuentan con el apoyo de una cantera de recursos humanos relativamente considerable y creciente. Se está haciendo un esfuerzo por lograr que más barrios y aldeas mantengan una actividad intensa. Se cuenta con la capacidad de acoger a un gran número de personas y de gestionar una complejidad cada vez mayor mediante arreglos formales e informales. Fundamentalmente, en estas agrupaciones se presta constante atención a sostener ciclos efectivos, de modo que haya un ritmo regular de estudio, consulta, acción y reflexión, mediante el cual la comunidad realza su capacidad de crecer y de contribuir al avance de la sociedad de la que forma parte. Estos ciclos incluyen períodos de especial intensidad, una inyección de energía que impulsa la participación del círculo más amplio posible de amigos. Las actividades de la comunidad, como festivales familiares, campamentos de prejóvenes, proyectos de servicio, iniciativas artísticas y actividades colectivas de enseñanza, avanzan de acuerdo con sus respectivos ritmos. Los espacios de reflexión reúnen a muchos amigos, y el uso de esos espacios es razonado y deliberado; hay conciencia de que la calidad y utilidad de la reflexión se miden por la acción intencionada que nace de ella. Desde estas agrupaciones se canalizan recursos hacia las agrupaciones circundantes para ayudar a los amigos allí a avanzar de manera acelerada.

Hemos observado con particular interés cómo se percibe cada vez más un marcado espíritu comunitario entre todos los que participan en el patrón de actividad de las agrupaciones de tercer hito, aun cuando no sea muy fuerte en la sociedad en general. A menudo se expresa como un sentimiento de pertenencia y un sentido de esfuerzo común y de apoyo mutuo. Este y otros avances a nivel de cultura se están haciendo particularmente evidentes en los centros de actividad intensa de la agrupación, no solo donde la participación representa una proporción significativa de la población, sino en cualquier barrio o aldea donde un gran número de personas son atraídas hacia los programas y las actividades de la comunidad. Hay también un incremento de diversos arreglos colaborativos, que contribuyen en gran medida a forjar o remodelar una identidad social compartida y un propósito colectivo. Estos arreglos incluyen los grupos de familias y hogares que mencionamos en 2021, y también otros grupos naturales como mujeres o jóvenes, agricultores o educadores, y animadores o maestros de clases para niños, a menudo con una red de apoyo compuesta por amigos. Grupos de esta índole comienzan a organizar sus propios esfuerzos para mejorar algún aspecto de la vida de la comunidad, y promueven una participación más amplia en esos esfuerzos. En otras palabras, ayudan a que el crecimiento y el desarrollo de la comunidad se perpetúen por sí mismos, y lo hacen sin necesidad de añadir nuevos niveles de estructura administrativa. Esto tiene trascendencia. Demuestra la capacidad emergente de la comunidad para ser un protagonista visible del Plan. Respaldada por la plena confianza y la amorosa guía de las instituciones, la comunidad está dirigiendo la trayectoria de su propio desarrollo con creatividad e ingenio, y explorando cómo pueden aplicarse los principios contenidos en la Revelación de Bahá’u’lláh a las cuestiones que le hacen frente en su realidad inmediata.

No es de extrañar que las iniciativas de base comunitaria que les describimos en 2021 procedan a menudo de los arreglos colaborativos mencionados anteriormente. Estas iniciativas modestas pero sostenidas de acción social representan un área de trabajo que, por supuesto, ha estado implícita en un programa de crecimiento desde el principio; incluso en los primeros cursos del instituto se desarrolla la capacidad para acciones que contribuyen al mejoramiento del mundo y para conversaciones significativas sobre temas de importancia social. En los últimos cuatro años, el número de iniciativas de base comunitaria surgidas de las actividades del Plan ha aumentado considerablemente. Algunas también han nacido como resultado del aliento, la capacitación y la asistencia de una organización de inspiración bahá’í. Es más probable que todas estas iniciativas broten en lugares donde el proceso de construcción de comunidad ha avanzado notablemente, y apreciamos el apoyo que ustedes y sus auxiliares, así como las Asambleas Espirituales Locales, han brindado a tales iniciativas. La Organización Internacional Bahá’í para el Desarrollo está explorando activamente las condiciones que hacen posible que aparezcan y florezcan en distintos entornos de todo el mundo, entre ellas la manera en que, con el tiempo, algunas de estas iniciativas llegan a convertirse en organizaciones de base comunitaria.

En el corazón del progreso de una comunidad está, por supuesto, el proceso del instituto. Mientras en una agrupación todavía se esté desarrollando la capacidad para trabajar con un gran número de personas, es natural que los esfuerzos del instituto se centren casi exclusivamente en capacitar recursos humanos que puedan llevar a cabo actos de servicio concretos. Pero, con el transcurso del tiempo, después de que se haya superado el tercer hito y de que algunos centros de actividad intensa hayan cobrado fuerza, el instituto dedicará también una reflexión más detenida a la impartición sistemática y efectiva de estos programas que ofrece desde la infancia hasta la edad adulta, y a la propagación de estos programas en otras partes de la agrupación. Comienzan a impartirse clases para los niños en todos los grados, aumenta el número de textos que estudian los grupos de prejóvenes, y la participación en ambos programas se mantiene año tras año, todo lo cual confiere a estos emprendimientos un mayor grado de formalización. A menudo, estos avances dependen del servicio prestado por un creciente número de jóvenes. Los esfuerzos del instituto se van complementando poco a poco con labores educativas adicionales para el desarrollo de una población, tales como programas que utilizan materiales de inspiración bahá’í, así como cursos disponibles en la sociedad en general, o incluso, en algunos lugares, una escuela comunitaria. En nuestro mensaje del 30 de diciembre de 2021, expresamos la esperanza de que se prestara atención a ayudar a los jóvenes a acceder a oportunidades educativas, y nos ha complacido ver que esta necesidad se está cubriendo de diversas maneras, entre ellas tutorías extraescolares y asistencia a jóvenes que desean cursar estudios superiores. A medida que comienza a tomar forma un amplio camino educativo, una comunidad siente una mayor responsabilidad de estimular y alentar a cada uno de sus miembros, especialmente a los jóvenes, a avanzar por él en busca de crecimiento espiritual e intelectual.

Hemos notado los beneficios que provienen de elevar la conciencia en la sociedad en general acerca del valor educativo de los programas del instituto. Esto ha supuesto esfuerzos por acercarse a los padres y familiares de los niños y prejóvenes, y también a funcionarios y educadores experimentados con quienes están interactuando los bahá’ís. Estos esfuerzos están ampliando el apoyo que la sociedad en general brinda a las actividades del instituto, incluidos instituciones y organismos públicos, así como líderes tradicionales. De hecho, en agrupaciones donde las labores de la comunidad bahá’í han alcanzado un nivel considerable de visibilidad y respeto, no es inusual que figuras con autoridad en el gobierno local, los servicios públicos y la sociedad civil se acerquen en busca de perspectivas y colaboración. Los creyentes y las Asambleas Espirituales Locales que los representan están abiertos a colaborar mano a mano con las instituciones de la sociedad y reciben con agrado ese contacto, a la vez que permanecen vigilantes para evitar verse involucrados en la política. En ocasiones, hemos visto cómo la relación de los amigos con los órganos de gobierno locales se expande más allá de la colaboración para adoptar un sentido de misión compartida, centrado en el avance de la sociedad: un pueblo que avanza como uno solo. En más y más lugares, la generalidad de los habitantes están empezando a considerar a la Asamblea Local como suya también, y perciben la luz que emana de ella.

En 2021 destacamos las posibilidades que se pueden materializar cuando la actividad bahá’í llega a prevalecer en un lugar; y, si bien el número de entornos donde esto ha ocurrido sigue siendo relativamente modesto, constituyen un fenómeno en constante crecimiento. Se trata de lugares específicos dentro de una agrupación donde el poder de construcción de sociedad de la Fe es visible al máximo. Aquí, los mecanismos del Plan se están incorporando en la vida cotidiana de un pueblo, de maneras que no pueden medirse ni describirse plenamente. En sus labores y deliberaciones colectivas, los amigos en esos lugares se ocupan cada vez más en cultivar espacios en los que las personas consulten y compartan conocimientos, derivados tanto de la ciencia como de la religión, y encuentren maneras de aplicar ese conocimiento al desarrollo de las familias, la educación, la actividad económica, la salud pública y otros procesos fundamentales de la vida comunitaria, infundiéndoles un espíritu nuevo. Dadas las implicaciones de gran alcance de lo que está ocurriendo, el término «programa de crecimiento» ya no hace plenamente justicia a estos avances. Aunque en otras partes de la agrupación el crecimiento pueda estar aún en una etapa temprana, aquí, donde el nivel de participación en las actividades bahá’ís es tan elevado, está saliendo a la luz una nueva realidad conforme evoluciona la relación de la comunidad bahá’í con la sociedad. Se vislumbran horizontes luminosos.