31 de diciembre de 2025
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En el entorno natural, las combinaciones y conexiones crean dinamismo y nueva vida; de igual modo, un proceso de aprendizaje floreciente surge a partir de innumerables interacciones formales e informales, y de sus propiedades emergentes. Este proceso se caracteriza por un intercambio fluido e ininterrumpido de percepciones, experiencia e ideas entre los amigos de las bases. Pero no termina ahí: continúa desplegándose a nivel regional y nacional, y más allá, y el aprendizaje a cada nivel se ve fomentado por las conversaciones dinámicas que tienen lugar en espacios creados para la reflexión sobre la acción. Estas conversaciones se nutren de las lecciones que nacen de los esfuerzos de la comunidad bahá’í mundial dentro del marco del Plan, así como de conclusiones derivadas del análisis de patrones que emergen a nivel local. Por supuesto, estas conversaciones también se ven moldeadas por las instituciones y agencias que sirven en cada nivel. Ya que, si bien los individuos, las comunidades y las instituciones tienen todos una contribución que aportar, las instituciones de la Fe son las que, en última instancia, tienen la responsabilidad de cuidar todo este ecosistema de aprendizaje. Un requisito esencial es asegurar que existan arreglos adecuados, tanto institucionales como menos formales, que permitan que prospere, y que todos los que participan en el proceso de aprendizaje estén unidos por relaciones amorosas imbuidas de un espíritu de humildad y magnanimidad.
La capacidad de las instituciones y las agencias para fomentar un proceso de aprendizaje está estrechamente vinculada con su capacidad para administrar la labor de manera efectiva y eficiente. A medida que se multiplican e interactúan las diversas líneas de acción en una localidad, las Asambleas Locales han sido cada vez más capaces de responder a las necesidades de coordinación y planificación. A menudo las Asambleas comparten esta responsabilidad con las agencias de la agrupación y, conjuntamente, se aseguran de que el consejo, los recursos y el aliento se dirijan hacia donde más se necesitan, y que el proceso de aprendizaje continúe avanzando. Las agencias de la agrupación, en especial, velan por que las lecciones aprendidas en una localidad, o incluso en una pequeña parte de ella, beneficien al resto de la agrupación. Al mismo tiempo, el enfoque de compartir conocimientos y percepciones dentro de una agrupación se ve reflejado en el enfoque de compartir conocimientos y percepciones entre las agrupaciones. La rápida prestación de apoyo y el intercambio de experiencia han sido posibles gracias al desarrollo de arreglos dentro de conjuntos de agrupaciones contiguas. Con Consejos Regionales Bahá’ís o un Comité Nacional de Crecimiento establecidos ahora en todos los países, se cuenta con medios institucionales en todas partes para impulsar el proceso de crecimiento sistemáticamente. Y a nivel nacional, cuando la abundancia de lo que está ocurriendo lo requiere, las Asambleas Nacionales han desarrollado ciertas estructuras y espacios para ayudarlas a mantenerse al corriente de lo que se está aprendiendo. Naturalmente, no se introduciría un nuevo elemento a menos que las necesidades del crecimiento lo exijan; no obstante, esperamos de ustedes y de sus auxiliares que estén alertas a cuando los arreglos existentes en cualquier nivel de la comunidad necesiten evolucionar para responder a los requisitos del crecimiento y, luego, en sus interacciones con las instituciones pertinentes, alienten la creación de nuevos arreglos en una forma adecuada.
También hemos notado que los arreglos administrativos que apoyan la labor del instituto de capacitación están evolucionando de un modo que promueve un proceso de aprendizaje sobre la difusión acelerada de los programas del instituto, impartidos con la calidad requerida. En las primeras etapas, estos arreglos son bastante sencillos, pero a medida que crece el número de personas de una agrupación que sirven como tutores, animadores y maestros de clases para niños, la necesidad de que se comprometan de manera significativa en un proceso colectivo de aprendizaje se hace más apremiante. Es fundamental que puedan mantener una conversación continua entre sí, reflexionar juntos en grupos y apoyarse mutuamente en la acción. Estas pautas de interacción se desarrollan más fácilmente cuando los amigos involucrados cuentan con el acompañamiento efectivo de coordinadores y los colaboradores que los asisten. Por supuesto, también es necesario hacer que emerjan los propios coordinadores en cada agrupación y ayudarlos a desarrollar su capacidad con el tiempo, lo cual es, por lo general, responsabilidad de los coordinadores regionales o nacionales del instituto, cuyos propios esfuerzos, a su vez, se ven reforzados cada vez más por equipos de amigos para cada programa educativo. En los últimos cuatro años, estos equipos han contribuido mucho a ayudar a los coordinadores regionales y nacionales a organizar seminarios que exploran a fondo el contenido de un programa, lo cual permite que los materiales del instituto lleguen a un mayor número de personas con creciente creatividad, flexibilidad y agilidad, —pero sin menoscabo de los componentes esenciales de un programa.
Mientras tanto, la experiencia y las percepciones que emergen de lo que un instituto está aprendiendo se recogen, analizan y comparten. Esta labor se beneficia grandemente de reuniones de consulta convocadas periódicamente por el instituto, que reúnen a miembros del Cuerpo Auxiliar, representantes del Consejo Regional Bahá’í o del Comité Nacional de Crecimiento, personas recurso del sitio de aprendizaje, y otras personas cuya experiencia ha llegado a ser un valioso activo. Las reuniones de este grupo colaborativo ayudan a fortalecer las conexiones del instituto con otras instituciones y agencias, asegurando así que su proceso de aprendizaje se desenvuelva dentro del contexto más amplio del aprendizaje sobre el proceso general de crecimiento. La junta del instituto también está fomentando la solidez de todos los demás aspectos del instituto, incluida su capacidad administrativa, para poder sostener un sistema de educación espiritual cada vez más complejo. Y casi todos los institutos se han organizado ahora en grupos con el fin de facilitar el flujo de apoyo práctico y de valiosas reflexiones; el desarrollo de estas redes ha demostrado ser una estrategia importante para que los institutos avancen con rapidez.
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