Riḍván 2010

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Hasta aquí hemos hecho mención de varios avances importantes: el aumento de la capacidad para enseñar la Fe directamente y entablar un diálogo con propósito sobre temas de carácter espiritual con personas de toda condición; el florecimiento de una manera de estudiar los escritos que vaya ligada a la acción; la renovación del compromiso para ofrecer educación espiritual a los niños en los barrios y aldeas en forma regular, y la extensión de la influencia de un programa que infunde en los prejóvenes un sentido de doble propósito moral, el de desarrollar sus potencialidades inherentes y contribuir a la transformación de la sociedad. Tales adelantos están siendo fortalecidos en gran medida por otro avance al nivel de la cultura, cuyas implicaciones ciertamente son de largo alcance. Esta evolución de la conciencia colectiva se percibe en la mayor frecuencia con que surge el uso de la palabra «acompañar» en las conversaciones que mantienen los amigos, palabra que adquiere nuevo significado conforme entra en el vocabulario común de la comunidad bahá’í. Indica el fortalecimiento significativo de una cultura en la que el aprendizaje es el modo de operación, un modo que alienta la participación consciente de más personas cada día en un esfuerzo unido por aplicar las enseñanzas de Bahá’u’lláh a la construcción de una civilización divina que, según afirma el Guardián, es la misión principal de la Fe. Un enfoque como éste contrasta de manera impactante con las formas agonizantes y espiritualmente en bancarrota de un viejo orden social que tan a menudo trata de explotar la energía humana a través de la dominación, la avaricia, el sentimiento de culpa o la manipulación.

En las relaciones entre los amigos, entonces, este avance en la cultura encuentra su expresión en la calidad de las interacciones. El aprendizaje como modo de operación exige que todos adopten una postura de humildad, una condición en la que se olviden de sí mismos, poniendo toda la confianza en Dios, dependientes de Su poder que todo lo sostiene y confiados en Su ayuda inagotable, sabiendo que Él, y solo Él, puede transformar el mosquito en un águila, la gota en un mar sin límites. Y, en tal estado, las almas trabajan juntas sin cesar, deleitándose no tanto en sus propios logros sino en el progreso y los servicios de los demás. Así, sus pensamientos se concentran en todo momento en ayudarse mutuamente a escalar las cumbres del servicio a Su Causa y remontarse hasta el cielo de Su conocimiento. Esto es lo que vemos en la pauta actual de actividad que se está desplegando en todo el planeta, difundida por jóvenes y adultos, veteranos y recién ingresados a la Fe, trabajando unos al lado de los otros.

Este avance en la cultura no sólo ejerce influencia en las relaciones entre los individuos, sino que sus efectos se pueden sentir también en el manejo de los asuntos administrativos de la Fe. A medida que el aprendizaje ha llegado a distinguir el modo de operación de la comunidad, ciertos aspectos de la toma de decisiones relacionada con la expansión y la consolidación se han asignado al cuerpo de creyentes, permitiendo que la planificación y la ejecución respondan mejor a las circunstancias que se presentan en el campo de acción. Específicamente, con la agencia de la reunión de reflexión se ha creado un espacio para que quienes participan en las actividades de la agrupación se reúnan cada cierto tiempo a fin de llegar a un consenso sobre el estado actual de su situación, a la luz de la experiencia y de la guía de las instituciones, y para que definan los pasos a seguir. El instituto abre un espacio similar que permite que quienes estén sirviendo en una agrupación como tutores, maestros de clases de niños o animadores de grupos prejuveniles se reúnan separadamente y consulten sobre sus experiencias. Íntimamente vinculadas a este proceso consultivo en las bases se encuentran las agencias del instituto de capacitación y el Comité de Enseñanza de Área, junto con los miembros del Cuerpo Auxiliar, cuyas interacciones conjuntas ofrecen otro espacio para la toma de decisiones con respecto al crecimiento, en este caso con un mayor grado de formalidad. El funcionamiento de este sistema a nivel de agrupación, fruto de la necesidad, señala una característica importante de la administración bahá’í: al igual que un organismo vivo, lleva codificada en su interior la capacidad de dar cabida a grados cada vez más elevados de complejidad, en términos de estructuras y procesos, relaciones y actividades, a medida que evoluciona bajo la guía de la Casa Universal de Justicia.

El hecho de que las instituciones de la Fe de todo nivel —desde las locales hasta las regionales, desde las nacionales hasta las continentales— puedan manejar esta creciente complejidad con mayor pericia, es a la vez una muestra y una necesidad de su maduración constante. Las relaciones que van evolucionando entre las estructuras administrativas han llevado a la Asamblea Espiritual Local al umbral de una nueva etapa en el ejercicio de sus responsabilidades de difundir la Palabra de Dios, movilizar las energías de los creyentes y forjar un entorno que sea espiritualmente edificante. En ocasiones anteriores hemos explicado que la madurez de una Asamblea Espiritual no puede evaluarse únicamente por la regularidad de sus reuniones y la eficacia de su funcionamiento. Más bien, su fortaleza tendrá que medirse, en gran parte, por la vitalidad de la vida espiritual y social de la comunidad a la que sirve: una comunidad creciente que da la bienvenida a las contribuciones constructivas tanto de los que han ingresado a la Fe formalmente como de los que no lo han hecho. Es gratificante ver que los enfoques, métodos e instrumentos actuales les proveen a las Asambleas Espirituales Locales, incluso a las recién formadas, de los medios para que puedan cumplir con estas responsabilidades mientras se dedican a velar por que los requisitos del Plan de Cinco Años se cumplan como es debido en sus localidades. En efecto, la participación adecuada de la Asamblea en el Plan resulta crucial en cualquier intento por acoger a grandes números, lo cual es en sí mismo un requisito para la manifestación de la gama completa de sus poderes y capacidades.

El progreso que seguramente atestiguaremos durante los años venideros en las Asambleas Espirituales Locales será posible gracias a la creciente solidez de las Asambleas Espirituales Nacionales, cuya capacidad de pensar y actuar estratégicamente ha aumentado de forma visible, sobre todo cuando han aprendido a analizar el proceso de construcción de comunidad a nivel de las bases con mayor agudeza y eficacia, y a inyectarle, cuando ha sido necesario, ayuda, recursos, aliento y guía amorosa. Al respecto, en los países donde las condiciones lo exigen, las Asambleas Nacionales han delegado varias de sus responsabilidades en los Consejos Regionales, descentralizando ciertas funciones administrativas, mejorando la capacidad institucional de las áreas bajo su jurisdicción y fomentando conjuntos de interacciones más sofisticadas. No es exagerado afirmar que la plena dedicación de las Asambleas Nacionales contribuyó decisivamente a la creación del impulso final requerido para alcanzar la meta del Plan actual, y esperamos presenciar más avances en este sentido a medida que, en colaboración con los Consejeros, ellas ejerzan durante los meses críticos y fugaces por venir, un esfuerzo supremo por preparar a sus comunidades para emprender la próxima empresa de cinco años.

Sin lugar a dudas, la evolución de la institución de los Consejeros constituye uno de los avances más significativos del Orden Administrativo bahá’í durante la última década. Esta institución ya había efectuado avances extraordinarios en su desarrollo cuando, en enero de 2001, los Consejeros y los miembros del Cuerpo Auxiliar se reunieron en la Tierra Santa para la conferencia que marcó la ocupación por parte del Centro Internacional de Enseñanza de su sede permanente en el Monte Carmelo. No hay duda de que las energías liberadas por dicho evento han impulsado a la institución rápidamente hacia adelante. El grado de influencia que han ejercido los Consejeros y sus auxiliares en el avance del Plan demuestra que han asumido su lugar natural en la vanguardia del campo de la enseñanza. Estamos seguros de que en el próximo año se estrecharán aún más los lazos de colaboración entre las instituciones del Orden Administrativo, a medida que todos procuren reforzar, de acuerdo con las funciones y responsabilidades cambiantes de cada uno, el modo de aprendizaje que ha llegado a ser un aspecto prominente del funcionamiento de la comunidad, con mayor urgencia sobre todo en las agrupaciones que están experimentando programas intensivos de crecimiento.