Riḍván 2010

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La Revelación de Bahá’u’lláh es vasta. Hace un llamamiento a un cambio profundo no sólo en el individuo sino también en la estructura de la sociedad. «¿No es el objeto de toda Revelación», Él mismo proclama, «efectuar una transformación del carácter total de la humanidad, transformación que ha de manifestarse tanto exterior como interiormente, afectando su vida interior y sus condiciones externas?». El trabajo que se adelanta en el presente en todos los rincones del mundo representa la etapa más reciente del continuo esfuerzo bahá’í por crear el núcleo de la civilización gloriosa que encierran Sus enseñanzas, cuya construcción es una empresa de infinita complejidad y magnitud, una empresa que precisará de siglos de trabajo de la humanidad para que dé frutos. No hay atajos ni fórmulas. Solamente cuando se intente aprovechar lo que yace en Su Revelación, se haga uso del conocimiento acumulado de la raza humana, se apliquen inteligentemente Sus enseñanzas a la vida de la humanidad y se consulte sobre las preguntas que surgen, se producirá el aprendizaje necesario y se podrá desarrollar capacidad.

Durante este proceso de largo plazo de construcción de capacidad, la comunidad bahá’í ha dedicado casi una década y media a la sistematización de su experiencia en el campo de la enseñanza, ha aprendido a extender ciertas actividades a un número creciente de personas y a sostener su expansión y consolidación. Todos son bienvenidos a participar de la cálida acogida de la comunidad y a recibir el sustento del mensaje vivificador de Bahá’u’lláh. De seguro que no hay alegría más grande que la de un alma que, en su anhelo por hallar la Verdad, encuentra refugio en la fortaleza de la Causa y saca fuerzas del poder unificador de la Alianza. Y en cualquier caso, cada ser humano y cada grupo de individuos, sin importar si se cuentan entre Sus seguidores o no, pueden llegar a inspirarse en Sus enseñanzas y a beneficiarse de cualquier gema de sabiduría y conocimiento que les ayude a abordar los desafíos que afrontan. De hecho, la civilización a la que está llamada la humanidad no podrá alcanzarse por medio de la labor de la comunidad bahá’í solamente. Muchos grupos y organizaciones, animados por el espíritu de solidaridad mundial, que es una manifestación indirecta de la concepción de Bahá’u’lláh del principio de la unicidad de la humanidad, contribuirán a la civilización que está destinada a surgir de la confusión y el caos de la sociedad presente. Debe quedar claro para todo el mundo que la capacidad creada en la comunidad bahá’í mediante los sucesivos Planes globales la vuelve cada vez más capaz de colaborar en las múltiples y diversas dimensiones de la construcción de una civilización, abriéndole, además, nuevas fronteras de aprendizaje.

En nuestro mensaje de Riḍván 2008, afirmamos que, mientras los amigos continúan trabajando en las agrupaciones, se verán más atraídos cada día a la vida de la sociedad que los rodea y sentirán el desafío de ampliar el proceso de aprendizaje sistemático en el que están inmersos, a fin de dar cabida a una amplia gama de esfuerzos humanos. Una rica variedad de vida comunitaria comienza a manifestarse en cada agrupación a medida que los actos de adoración comunitarios, que van acompañados de los diálogos que se entablan en el ambiente íntimo del hogar, se entretejen con las actividades que proveen educación espiritual a todos los miembros de la población: adultos, jóvenes y niños. Se eleva la conciencia social de manera natural cuando, por ejemplo, abundan las conversaciones animadas entre los padres acerca de las aspiraciones de sus hijos, o cuando los proyectos de servicio surgen por iniciativa de los prejóvenes. Una vez que haya suficientes recursos humanos en una agrupación y la pauta de crecimiento esté firmemente establecida, el compromiso de la comunidad con la sociedad puede aumentar y, de hecho, deberá hacerlo. En este momento crucial del desenvolvimiento del Plan, cuando tantas agrupaciones se acercan a esa etapa, parece oportuno que los amigos de todas partes reflexionen acerca de la naturaleza de las contribuciones que sus comunidades crecientes y vibrantes harán al progreso material y espiritual de la sociedad. En este sentido, resultará fructífero pensar en términos de dos esferas de actividad interconectadas que se refuerzan mutuamente: la participación en la acción social y la participación en los discursos prevalecientes de la sociedad.

A lo largo de las décadas, la comunidad bahá’í ha ganado mucha experiencia en estas dos esferas de actividad. Desde luego que hay un gran número de bahá’ís que participan como individuos en la acción social y en el discurso público por medio de su profesión. Un número creciente de organizaciones no gubernamentales, inspiradas en las enseñanzas de la Fe y operando a nivel regional y nacional, trabajan en el campo del desarrollo socioeconómico para el mejoramiento de sus pueblos. Las agencias de las Asambleas Espirituales Nacionales contribuyen por diferentes vías a la promoción de las ideas que conducen al bienestar general. A nivel internacional, agencias como la oficina de la Comunidad Internacional Bahá’í en las Naciones Unidas realizan una función similar. Tanto como sea necesario y deseable, los amigos que trabajan en las bases de la comunidad aprovecharán esta experiencia y capacidad a medida que se esfuerzan por abordar los problemas de la sociedad que los rodea.

Concebida más apropiadamente en términos de un espectro, la acción social puede variar desde iniciativas bastante informales, de duración limitada, que son emprendidas por individuos o pequeños grupos de amigos, hasta programas de desarrollo socioeconómico con un alto nivel de complejidad y sofisticación iniciados por organizaciones de inspiración bahá’í. Cualquiera que sea su alcance y escala, toda acción social, por modesta que sea, busca aplicar las enseñanzas y principios de la Fe para mejorar algún aspecto de la vida social y económica de una población. Tales iniciativas se distinguen, entonces, por su propósito explícito de promover el bienestar material de la población, además de su bienestar espiritual. Que la civilización mundial que se vislumbra ahora en el horizonte de la humanidad deba lograr una coherencia dinámica entre los requisitos materiales y espirituales de la vida es un aspecto central de las enseñanzas bahá’ís. Es claro que este ideal tiene implicaciones profundas en la naturaleza de cualquier acción social que lleven a cabo los bahá’ís, sea cual sea su alcance o rango de influencia. Aunque varíen las condiciones de un país a otro, y tal vez de una agrupación a otra, dando lugar a diversos tipos de iniciativas por parte de los amigos, hay ciertos conceptos fundamentales que todos deben tener presente. El primero es la posición central que ocupa el conocimiento en la existencia social. La perpetuación de la ignorancia es una de las formas más graves de opresión; afianza los numerosos muros de prejuicio que se levantan como barreras para el logro de la unicidad de la humanidad, la cual es tanto la meta como el principio operativo de la Revelación de Bahá’u’lláh. El acceso al conocimiento es un derecho de todo ser humano, y la participación en su generación, aplicación y difusión es una responsabilidad que todos deberán asumir en la gran empresa de la construcción de una civilización mundial próspera, cada uno según sus talentos y capacidades. La justicia exige la participación universal. Por eso, aunque la acción social posiblemente implique el suministro de alguna forma de bienes y servicios, el interés principal debe estar en el desarrollo de la capacidad de una población específica para participar en la creación de un mundo mejor. El cambio social no es un proyecto que un grupo de personas lleva a cabo para beneficio de otro grupo. El alcance y la complejidad de la acción social deben guardar relación con los recursos humanos disponibles, en la aldea o barrio, para continuarla; por lo tanto, es mejor que los esfuerzos comiencen en una escala modesta, y crezcan orgánicamente conforme se desarrolle la capacidad dentro de la propia población. Por supuesto que la capacidad aumenta a nuevos niveles a medida que los protagonistas del cambio social aprenden a aplicar a su realidad social, con mayor eficacia cada vez, los elementos de la Revelación de Bahá’u’lláh, junto con los contenidos y métodos de la ciencia. Deberán esforzarse por interpretar esta realidad en forma coherente con Sus enseñanzas, percibiendo a sus semejantes como gemas de valor inestimable y reconociendo los efectos del doble proceso de integración y desintegración en los corazones y las mentes, así como en las estructuras sociales.

La acción social efectiva ayuda a enriquecer la participación en los discursos de la sociedad, del mismo modo que lo aprendido de la participación en ciertos discursos puede contribuir a aclarar los conceptos que dan forma a la acción social. En el ámbito de la agrupación, la participación en el discurso público puede variar desde un acto tan simple como la introducción de ideas bahá’ís en las conversaciones cotidianas, hasta actividades más formales como la preparación de artículos y la asistencia a encuentros dedicados a temas de interés social: el cambio climático y el medio ambiente, la gobernabilidad y los derechos humanos, por mencionar solo unos pocos. Asimismo, conlleva interacciones significativas con grupos cívicos y organizaciones locales en las aldeas y barrios.

En relación con lo anterior, nos sentimos obligados a hacer una advertencia: es importante que todos reconozcan que el valor de la participación en la acción social y el discurso público no debe juzgarse en función de la capacidad de lograr ingresos a la Fe. Aunque los esfuerzos en estas dos áreas de actividad pueden conducir a un aumento en el tamaño de la comunidad bahá’í, no se emprenden con ese fin. La sinceridad en este sentido es imprescindible. Además, se debe tener cuidado de no poner demasiado énfasis en la experiencia bahá’í, ni despertar demasiada atención en torno a los esfuerzos incipientes, tales como el programa de empoderamiento espiritual para prejóvenes, que mejor deben dejarse para que maduren a su propio ritmo. El lema en todos los casos es la humildad. Al mostrar entusiasmo por sus creencias, los amigos deben tener la precaución de no proyectar un aire de triunfalismo, poco apropiado entre ellos mismos y, con mayor razón, en otras circunstancias.

Al describir para ustedes estas nuevas oportunidades que se abren ahora al nivel de la agrupación, no estamos pidiendo que se altere de forma alguna su rumbo actual. Tampoco hay que pensar que estas oportunidades representan una arena alternativa de servicio, en competencia con el trabajo de expansión y consolidación por los escasos recursos y energías de la comunidad. Durante el próximo año, el proceso de instituto y la pauta de actividad que genera deben seguir fortaleciéndose, y la enseñanza debe permanecer en primer lugar en la mente de cada creyente. No se debe buscar prematuramente una mayor participación en la vida de la sociedad. Ésta vendrá de manera natural a medida que los amigos de cada agrupación perseveren en la aplicación de las disposiciones del Plan mediante un proceso de acción, reflexión, consulta y estudio, y de aprendizaje como resultado. La participación en la vida de la sociedad florecerá cuando aumente gradualmente la capacidad de la comunidad para promover su propio crecimiento y mantener su vitalidad. Logrará coherencia con los esfuerzos para expandir y consolidar la comunidad en la medida en que aproveche los elementos del marco conceptual que rige la serie actual de Planes globales. Y contribuirá a que las poblaciones se acerquen a la visión de Bahá’u’lláh de una civilización mundial próspera y pacífica en el grado en que estos elementos se utilicen creativamente en nuevos campos de aprendizaje.