Riḍván 2010

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Queridos amigos: Con qué frecuencia el Amado Maestro expresaba la esperanza de que los corazones de los amigos rebosaran de amor los unos por los otros, que rechazaran cualquier clase de separación y que consideraran a toda la humanidad una sola familia. «No veáis extraños», es Su exhortación; «más bien, ved a todos los hombres como amigos, pues difícilmente se origina amor y unidad cuando fijáis la mirada en la otredad». Todos los adelantos que se han analizado en las páginas anteriores son, en el nivel más profundo, tan solo una expresión del amor universal que se logra a través del poder del Espíritu Santo. ¿No es el amor a Dios el que consume todos los velos del distanciamiento y la división, y enlaza los corazones en perfecta unidad? ¿No es Su amor el que les anima en el campo del servicio y les permite ver en cada alma la capacidad de conocerle y adorarle? ¿No los galvaniza el saber que Su Manifestación soportó con alegría una vida de sufrimiento debido a Su amor por la humanidad? Miren dentro de sus propias filas, a sus queridos hermanos y hermanas bahá’ís en Irán. ¿No ejemplifican ellos la fortaleza que nace del amor a Dios y del deseo de servirle? ¿Acaso no refleja su capacidad de trascender la persecución más cruel y amarga la capacidad de millones y millones de personas oprimidas en el mundo de levantarse y tomar parte decisiva en la construcción del Reino de Dios sobre la tierra? Sin dejarse amedrantar por las teorías sociales que dividen, prosigan y lleven el mensaje de Bahá’u’lláh a las almas que esperan en cada barrio urbano, en cada poblado rural, en cada rincón del planeta, atrayéndolas a Su comunidad, la comunidad del Más Grande Nombre. Nunca dejamos de tenerlos en nuestros pensamientos y oraciones, y seguiremos implorándole al Todopoderoso que los fortalezca con Su gracia maravillosa.

[firmado: La Casa Universal de Justicia]