Riḍván 2021
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Somos conscientes de que, naturalmente, las realidades de las comunidades difieren mucho unas de otras. Distintas comunidades nacionales, y distintos lugares dentro de esas comunidades, comenzaron esta serie de Planes a etapas distintas de su desarrollo; desde entonces, han evolucionado también a ritmos distintos y han alcanzado distintos niveles de progreso. Esto, en sí mismo, no es nada nuevo. Siempre ha ocurrido que las condiciones de los lugares varían, al igual que el grado de receptividad que se encuentra en cada uno de ellos. Pero, asimismo, percibimos una marea creciente en la que la capacidad, la confianza y la experiencia acumulada de la mayoría de las comunidades están aumentando, impulsadas por el éxito de sus comunidades hermanas, próximas y lejanas. Por citar un ejemplo: aunque a las almas que se levantaron para abrir una nueva localidad en 1996 no les faltó valentía, fe y devoción, hoy sus homólogos de todas partes combinan esas mismas cualidades con conocimiento, percepciones y habilidades que son el acopio de veinticinco años de esfuerzos por parte de todo el mundo bahá’í por sistematizar y refinar la labor de expansión y consolidación.
Con independencia del punto del que haya partido una comunidad, esta ha avanzado en el proceso de crecimiento cuando ha combinado las cualidades de fe, perseverancia y dedicación con una disposición a aprender. De hecho, un valioso legado de esta serie de Planes es el reconocimiento generalizado de que cualquier esfuerzo por avanzar comienza con una orientación hacia el aprendizaje. La sencillez de este precepto oculta la importancia de las implicaciones que se derivan de él. No dudamos de que, con el tiempo, cada agrupación avanzará a lo largo del continuo de desarrollo; las comunidades que han progresado más rápidamente, en relación con aquellas cuyas circunstancias y posibilidades eran similares, han mostrado una habilidad de promover unidad de pensamiento y aprender sobre la acción efectiva. Y lo han hecho sin dudar en actuar.
La dedicación al aprendizaje también significaba estar preparado para cometer errores; y, por supuesto, a veces los errores causaban malestar. No es de extrañar que los métodos y enfoques se manejaran al principio con torpeza, debido a la falta de experiencia; en ocasiones, cierta capacidad recientemente adquirida se perdía cuando la comunidad se abstraía en el desarrollo de otras. Tener las mejores intenciones no es garantía de no dar traspiés, y superarlos requiere humildad y desprendimiento. Cuando una comunidad ha permanecido decidida a mostrar tolerancia y a aprender de los errores que naturalmente ocurren, el progreso nunca ha estado fuera de su alcance.
A mediados de la serie de Planes, la participación de la comunidad en la vida de la sociedad empezó a ser objeto de una atención más directa. Se alentó a los creyentes a que pensaran en ello en términos de dos áreas de trabajo entrelazadas: la acción social y la participación en los discursos prevalentes de la sociedad. Estas no eran, por supuesto, alternativas a la labor de expansión y consolidación, ni mucho menos distracciones de esta: eran inherentes a ella. Cuantos más recursos humanos tenía una comunidad a los que recurrir, más crecía su capacidad de aportar la sabiduría contenida en la Revelación de Bahá’u’lláh para hacer frente a los desafíos del momento: para traducir Sus enseñanzas a la realidad. Y los asuntos problemáticos de la humanidad durante este período parecían subrayar cuán urgente era su necesidad del remedio prescrito por el Médico Divino. Todo esto llevaba implícita una concepción de la religión muy distinta a la que imperaba en el mundo de manera general: una concepción que consideraba a la religión la fuerza poderosa que impulsa a una civilización en continuo desarrollo. Se entendía que dicha civilización no aparecería tampoco de manera espontánea, por sí misma: era la misión de los seguidores de Bahá’u’lláh laborar para que emergiera. Esta misión exigía aplicar el mismo proceso de aprendizaje sistemático a la labor de acción social y de participación en el discurso público.
Vista desde la perspectiva de las últimas dos décadas y media, la capacidad para emprender acciones sociales ha aumentado notablemente, dando lugar a un extraordinario florecimiento de actividades. En comparación con 1996, cuando se mantenían unos 250 proyectos de desarrollo socioeconómico de año en año, actualmente hay 1.500, y el número de organizaciones de inspiración bahá’í se ha cuadruplicado hasta superar los 160. Cada año se llevan a cabo más de 70.000 iniciativas de acción social de base, de corta duración, lo que supone una multiplicación por cincuenta. Esperamos con anhelo que todos estos proyectos sigan aumentando como resultado del apoyo dedicado y el estímulo que ahora proporciona la Organización Internacional Bahá’í para el Desarrollo. Mientras tanto, la participación bahá’í en los discursos prevalentes de la sociedad también ha aumentado inmensamente. Además de las muchas ocasiones en que los amigos ven que pueden ofrecer una perspectiva bahá’í en conversaciones que se dan en un contexto de trabajo o personal, ha avanzado considerablemente la participación más formal en los discursos. Nos referimos no solo a los esfuerzos mucho más amplios y las aportaciones cada vez más elaboradas de la Comunidad Internacional Bahá’í —que en este período abrió también Oficinas en África, Asia y Europa— sino, asimismo, a la labor de una red de Oficinas de Asuntos Externos nacionales inmensamente ampliada y muy reforzada, para la cual esta área de trabajo se convirtió en el principal foco de atención; además, hubo contribuciones notables y esclarecedoras realizadas por creyentes, a título individual, en campos específicos. Todo ello explica en parte la estima, el aprecio y la admiración que líderes del pensamiento y otras figuras destacadas en todos los ámbitos de la sociedad han expresado una y otra vez por la Fe, sus seguidores y sus actividades.
Al repasar el período de veinticinco años completo nos maravilla la gran diversidad de avances que el mundo bahá’í ha realizado de manera simultánea. Se ha enriquecido su vida intelectual, como demuestran no solo su progreso en todas las áreas de actividad ya mencionadas, sino también el volumen de literatura de alta calidad publicada por autores bahá’ís, el desarrollo de espacios para la exploración de ciertas disciplinas a la luz de las enseñanzas, y el impacto de los seminarios de grado y postgrado ofrecidos de manera sistemática por el Instituto de Estudios para la Prosperidad Global que, en colaboración con las instituciones de la Causa, presta ahora servicio a jóvenes bahá’ís de más de 100 países. Se han acelerado muy visiblemente los esfuerzos por levantar Casas de Adoración. El último Templo Madre se erigió en Santiago de Chile y se iniciaron proyectos para construir dos Mashriqu’l-Adhkár nacionales y cinco locales; las Casas de Adoración de Battambang, Camboya, y Norte del Cauca, Colombia, ya han abierto sus puertas. Los Templos bahá’ís, ya sean de reciente inauguración o establecidos desde hace tiempo, ocupan cada vez más una posición central en la vida comunitaria. El apoyo material ofrecido por la masa de los creyentes a la miríada de labores emprendidas por los amigos de Dios ha sido incesante. Visto simplemente como una medida de la vitalidad espiritual colectiva, la generosidad y el sacrificio con los que se ha mantenido —es más, se ha revitalizado— el flujo crucial de fondos, en una época de considerable turbulencia económica, es sumamente revelador. En el ámbito de la administración bahá’í, ha aumentado considerablemente la capacidad de las Asambleas Espirituales Nacionales para gestionar los asuntos de sus comunidades en toda su creciente complejidad. Se han beneficiado, en particular, de nuevos niveles de colaboración con los Consejeros, quienes han desempeñado un papel decisivo en sistematizar la recopilación de percepciones desde el nivel de las bases alrededor de todo el mundo y asegurar que se difundan ampliamente. Este fue también el período en que el Consejo Regional Bahá’í emergió como institución de la Causa de pleno derecho y en la actualidad, en 230 regiones, los Consejos y los institutos de capacitación que supervisan han demostrado ser indispensables para promover el proceso de crecimiento. Con el fin de ampliar hacia el futuro las funciones del Fiduciario Mayor del Ḥuqúqu’lláh, la Mano de la Causa de Dios ‘Alí-Muḥammad Varqá, se estableció en 2005 la Junta Internacional de Fiduciarios del Ḥuqúqu’lláh; actualmente, coordina los esfuerzos de no menos de 33 Juntas Nacionales y Regionales de Fiduciarios que ahora abarcan el globo y que, a su vez, guían la labor de más de 1.000 Representantes. Los avances que han tenido lugar en el Centro Mundial Bahá’í durante este mismo período son muchos, como lo demuestran la finalización de las Terrazas del Santuario del Báb y de dos de los edificios del Arco, y el inicio de la construcción del Santuario de ‘Abdu’l-Bahá, sin mencionar un gran número de proyectos destinados a reforzar y preservar los preciados Lugares Sagrados de la Fe. El Santuario de Bahá’u’lláh y el Santuario del Báb fueron declarados Patrimonio de la Humanidad, lugares de inestimable relevancia para el género humano. El público acudió a estos lugares sagrados por cientos de miles, llegándose en algunos años a casi un millón y medio de visitantes, y el Centro Mundial recibió con regularidad a cientos de peregrinos a la vez —en ocasiones a más de 5.000 en un año—, así como a un número similar de visitantes bahá’ís; nos alegramos sobremanera tanto por las cifras elevadas como por la multitud de naciones y pueblos diversos representados entre los que participan de la dádiva del peregrinaje. Asimismo, se ha acelerado en gran medida la traducción, publicación y difusión de los Textos Sagrados, paralelamente al desarrollo del Bahá’í Reference Library, uno de los componentes más notables de la creciente familia de sitios web asociados con Bahai.org, disponible ahora en diez idiomas. Se ha establecido una variedad de oficinas y agencias, con sede en el Centro Mundial y en otros lugares, encargadas de apoyar el proceso de aprendizaje que está teniendo lugar en numerosas áreas de actividad en todo el mundo bahá’í. Todo esto, hermanas y hermanos en la fe, no es más que una fracción del relato que podríamos contar de lo que su devoción a Aquel que fue el Agraviado del Mundo ha generado. No podemos sino hacernos eco de las conmovedoras palabras expresadas una vez por el amado Maestro cuando, sobrecogido por la emoción, exclamó «¡Oh Bahá’u’lláh! ¡Lo que has logrado hacer!»
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