Riḍván 2021
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Desde el panorama de un cuarto de siglo decisivo, dirigimos ahora nuestra atención al Plan de Cinco Años más reciente, un Plan bien distinto a cualquiera de los anteriores en diversos aspectos. En este Plan instamos a los bahá’ís del mundo a que se valieran de todo lo que habían aprendido en los veinte años precedentes y lo llevaran plenamente a efecto. Nos complace sobremanera que nuestras esperanzas a este respecto se hayan cumplido con creces; pero, aunque naturalmente esperábamos grandes cosas de los seguidores de la Bendita Belleza, el carácter de lo que se logró gracias a sus esfuerzos hercúleos fue verdaderamente impresionante. Fue el colofón de un logro que llevaba veinticinco años gestándose.
El Plan fue especialmente memorable por estar trisecado por dos bicentenarios sagrados, cada uno de los cuales galvanizó a las comunidades locales de todo el mundo. La compañía de los fieles demostró, a una escala jamás presenciada anteriormente, y con relativa facilidad, la capacidad de integrar a personas de todos los sectores de la sociedad en el homenaje a la vida de una Manifestación de Dios. Fue un formidable indicador de algo más amplio: la habilidad de canalizar la liberación de enormes energías espirituales para el progreso de la Causa. La respuesta fue tan magnífica que, en muchos lugares, la Fe emergió de la oscuridad en el ámbito nacional. En entornos donde era inesperado, tal vez impensado, se hizo evidente una marcada receptividad a la Fe. Miles y miles y miles de personas se sintieron transportadas por su encuentro con un espíritu devocional que hoy es característico de las comunidades bahá’ís en todas partes. Se amplió de manera extraordinaria la visión de lo que llega a ser posible al observar un Día Sagrado bahá’í.
Los logros del Plan, tan solo en términos numéricos, eclipsaron rápidamente los de todos los Planes que lo habían precedido desde 1996. Al comienzo de este Plan, existía la capacidad de llevar a cabo algo más de 100.000 actividades básicas en un momento dado, capacidad que era fruto de veinte años de esfuerzo común. En la actualidad, se están manteniendo 300.000 actividades básicas al mismo tiempo. La participación en esas actividades ha superado los dos millones de personas, lo que representa también un aumento de casi el triple. Hay 329 institutos de capacitación nacionales y regionales en funcionamiento, y su capacidad queda demostrada por el hecho de que tres cuartos de millón de personas han podido completar al menos un libro de la secuencia; en total, el número de cursos completados ahora es también de dos millones: un aumento de más de un tercio en cinco años.
La intensidad creciente con la que se están llevando a cabo programas de crecimiento en todo el mundo narra una historia impresionante por sí misma. En este período de cinco años, habíamos pedido que se acelerara el crecimiento en cada una de las 5.000 agrupaciones en las que se había iniciado. Este imperativo se convirtió en el impulso para un esfuerzo decidido en todo el mundo. Como resultado, el número de programas intensivos de crecimiento se ha duplicado con creces y asciende ahora a unos 4.000. Las dificultades que entraña abrir nuevas aldeas y barrios a la Fe en medio de una crisis sanitaria mundial, o ampliar actividades que se encontraban en una fase inicial cuando empezó la pandemia, impidieron que se alcanzara un total aún mayor durante el último año del Plan. Sin embargo, cabe decir más, por encima de esto. Al principio del Plan, habíamos expresado la esperanza de que aumentara en cientos más el número de agrupaciones en las que los amigos habían superado el tercer hito a lo largo de un continuo de crecimiento, como consecuencia de aprender a acoger a un gran número de personas en el seno de sus actividades. El total se situaba entonces en unas 200, repartidas en unos 40 países. Cinco años después, este número ha llegado a la asombrosa cifra de 1.000 en casi 100 países: una cuarta parte de todos los programas intensivos de crecimiento del mundo, y un logro que ha superado con creces nuestras expectativas. Pero ni siquiera estas cifras revelan las nobles alturas a las que se ha elevado la comunidad. Hay más de 30 agrupaciones en las que el número de actividades básicas que se mantienen supera las 1.000; en algunos lugares, el total es de varios miles e incluye la participación de más de 20.000 personas en una sola agrupación. Un número cada vez mayor de Asambleas Espirituales Locales supervisa ahora el despliegue de programas educativos que atienden a prácticamente la totalidad de los niños y jóvenes de una aldea; la misma realidad está empezando a manifestarse en algunos barrios urbanos. En casos notables, la vinculación con la Revelación de Bahá’u’lláh ha ido más allá de personas, familias y vínculos de consanguinidad; lo que se está presenciando es el avance de poblaciones hacia un centro común. En ocasiones, se están dejando atrás hostilidades ancestrales entre grupos opuestos, y algunas estructuras y dinámicas sociales se están transformando a la luz de las enseñanzas divinas.
No podemos sino regocijarnos ante avances tan impresionantes. El poder de construcción de sociedad que posee la Fe de Bahá’u’lláh se manifiesta cada vez con mayor claridad, y este es un fundamento firme sobre el que se construirá el próximo Plan de Nueve Años. Tal como se esperaba, las agrupaciones de marcada solidez han demostrado ser reservas de conocimiento y recursos para sus vecinas. Y las regiones en las que hay más de una agrupación así han desarrollado más fácilmente los medios para acelerar el crecimiento de una agrupación tras otra. Sin embargo, nos sentimos obligados a resaltar de nuevo que el progreso ha sido casi universal; la diferencia en el progreso entre un lugar y otro es de grado. La comprensión colectiva del proceso de entrada en tropas por parte de la comunidad y su confianza de poder estimular este proceso en todo tipo de circunstancias han crecido a niveles que no eran imaginables en décadas pasadas. El mundo bahá’í ha respondido de manera convincente a las profundas cuestiones que se cernían durante tanto tiempo, y que se pusieron de relieve en 1996. Hay una generación de creyentes cuyas vidas enteras llevan la huella del progreso de la comunidad. Pero la mera escala de lo que ha ocurrido en esas muchas agrupaciones en las que se están ampliando las fronteras del aprendizaje ha convertido un avance significativo en el proceso de entrada en tropas en uno trascendental, de proporciones históricas.
Muchos estarán familiarizados con la forma en que el Guardián dividió las Edades de la Fe en épocas consecutivas; la quinta época de la Edad Formativa comenzó en 2001. Menos sabido es que el Guardián también mencionó específicamente la existencia de épocas en el Plan Divino, y de etapas dentro de esas épocas. Tras permanecer en suspenso durante dos décadas mientras se instituían y fortalecían los órganos locales y nacionales del Orden Administrativo, el Plan Divino concebido por ‘Abdu’l-Bahá se inauguró formalmente en 1937 con el inicio de la primera etapa de su primera época: el Plan de Siete Años asignado por el Guardián a la comunidad bahá’í de Norteamérica. Esa primera época se cerró en 1963 tras la conclusión de la Cruzada de Diez Años, que había tenido como resultado que el estandarte de la Fe se plantara en todas partes del mundo. La primera etapa de la segunda época fue el primer Plan de Nueve Años, y a este le han seguido no menos de diez Planes, cuya duración ha oscilado entre doce meses y siete años. En los albores de esa segunda época, el mundo bahá’í era ya testigo de los primeros indicios de esa entrada en tropas en la Fe que el Autor del Plan Divino había previsto; en las décadas siguientes, generaciones de creyentes devotos de la comunidad del Más Grande Nombre han laborado en el Viñedo Divino para cultivar las condiciones requeridas para un crecimiento a gran escala y sostenido. Y en esta gloriosa estación del Riḍván, ¡cuán abundantes son los frutos de esas labores! El fenómeno de un número considerable de personas engrosando las actividades de la comunidad, captando la chispa de la fe y levantándose con rapidez para servir en la vanguardia del Plan, ha pasado de ser una previsión sustentada en la fe a una realidad recurrente. Un avance tan pronunciado y demostrable requiere ser señalado en los anales de la Causa. Con corazones llenos de júbilo, anunciamos que ha dado comienzo la tercera época del Plan Divino del Maestro. Etapa tras etapa, y época tras época, se desplegará Su Plan hasta que la luz del Reino ilumine cada corazón.
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