29 de diciembre de 2015

Acogida de gran número de personas y manejo de la complejidad

Mientras que, cuando un programa de crecimiento en una agrupación es incipiente, puede haber solo un puñado de personas ocupadas en promoverlo y los que participan quizás provengan de unos cuantos hogares únicamente, cuando ha llegado a ser intensivo, estas cifras, como es de esperar, han aumentado: posiblemente decenas de personas activas en la labor de expansión y consolidación, y el número de participantes posiblemente por encima del centenar. Pero el poder llegar a un gran número —movilizar a un centenar o más de personas, cuyo servicio los conecta con muchos cientos o incluso miles— requiere la capacidad de adaptarse a un aumento considerable de la complejidad.

A medida que el proceso de crecimiento sigue cobrando intensidad, los esfuerzos de los amigos por participar en conversaciones significativas los lleva a un número mayor de espacios sociales, haciendo que una diversidad más amplia de personas se familiaricen con las enseñanzas y consideren seriamente la contribución que pueden aportar al mejoramiento de la sociedad. Además, más y más hogares se tornan como centros donde tienen lugar las actividades de construcción de comunidad, haciendo de cada uno un punto para la difusión de la luz de la guía divina. El instituto de capacitación se ve apoyado por un número creciente de amigos que sirven hábilmente como tutores y que, ciclo tras ciclo, ofrecen entre todos la secuencia completa de los cursos del instituto, a veces con gran intensidad. Así, el desarrollo de recursos humanos procede con mínima interrupción y genera una reserva de trabajadores que se amplía constantemente. Aunque sigue atrayendo a una diversa variedad de los habitantes de la agrupación, los que estudian sus cursos en números mayores son a menudo los jóvenes. El efecto transformador del estudio de la Palabra de Dios actúa sobre todos aquellos cuyas vidas son influenciadas de alguna manera por las actividades de la comunidad. Y a medida que crece el flujo de personas que inician un camino de servicio, se avanza considerablemente en todos los aspectos de las labores de construcción de comunidad de los amigos. Se multiplica el número de animadores de grupos de prejóvenes y maestros de las clases para niños, lo que alimenta una expansión de estos dos programas vitales. Se facilita que los niños pasen de un grado al siguiente, mientras que los grupos de prejóvenes progresan de año en año y anclan su aprendizaje en el servicio a la sociedad. Las agencias de la agrupación, reforzadas por el apoyo de las Asambleas Espirituales Locales, estimulan y fomentan el paso natural de los participantes de una etapa del proceso educativo a la siguiente. Un sistema educativo con todos sus elementos componentes, capaz de ampliarse para acoger a una multitud de personas, está ahora firmemente arraigado en la agrupación.

Este tipo de progreso requiere los esfuerzos concertados de los amigos donde quiera que residan en la agrupación. No obstante, la experiencia del Plan actual demuestra que un modelo de acción capaz de abarcar a un gran número de personas es principalmente el resultado del esfuerzo por llevar a un número mayor de barrios y pueblos —lugares donde la convergencia de fuerzas espirituales está efectuando un rápido cambio entre un conjunto de personas— hasta el punto en que puedan mantener una actividad intensa. Un núcleo de personas dentro de cada una asume la responsabilidad del proceso del desarrollo de la capacidad de sus habitantes. Una sección más amplia de la población se suma a las conversaciones, y las actividades se abren a grupos enteros a la vez —comunidades de amigos y vecinos, grupos de jóvenes, familias enteras— permitiéndoles descubrir cómo se puede remodelar la sociedad que les rodea. La práctica de reunirse para la adoración colectiva, a veces para ofrecer oraciones al amanecer, nutre en el interior de todos una conexión mucho más profunda con la Revelación de Bahá’u’lláh. Los hábitos prevalecientes, las costumbres y modos de expresión se vuelven todos susceptibles al cambio, manifestaciones externas de una transformación interior más profunda todavía, que afecta a muchas almas. Los lazos que las unen se tornan más cariñosos. Las cualidades de apoyo mutuo, reciprocidad y servicio a los demás empiezan a sobresalir como características de una cultura emergente y vibrante entre los que participan en las actividades. Los amigos de estas localidades ayudan a las agencias de la agrupación a llevar el proceso de crecimiento a distintas partes de la agrupación, pues se sienten deseosos de mostrar a otros la visión de transformación que ya han vislumbrado por sí mismos.

En el curso de sus labores, los creyentes encuentran receptividad dentro de distintas poblaciones que representan un determinado grupo étnico, tribal o de otra índole y que pueden concentrarse en un pequeño entorno o estar presentes en toda la agrupación y mucho más allá. Hay mucho que aprender sobre las dinámicas en juego cuando una población de esta índole abraza la Fe y se siente galvanizada mediante su influencia edificadora. Hacemos hincapié en la importancia de este trabajo para el progreso de la Causa de Dios: a cada pueblo le corresponde una porción en el Orden Mundial de Bahá’u’lláh, y todos deben reunirse bajo la bandera de la unidad de la humanidad. En sus primeras etapas, el esfuerzo sistemático por llegar a una población y promover su participación en el proceso de desarrollo de capacidad se acelera de manera notable cuando miembros de esa misma población están a la vanguardia de ese esfuerzo. Estas personas tendrán una percepción especial de las fuerzas y estructuras de sus sociedades que pueden reforzar las labores en curso de maneras diversas.

A medida que el crecimiento de la agrupación sigue avanzando, aumentan las exigencias sobre el esquema organizativo del instituto de capacitación. Se requieren ahora más coordinadores, y algunos de ellos podrían concentrar sus esfuerzos en un área específica de la agrupación. Sin embargo, ello no debe necesariamente dar lugar a agregar nuevas capas a la administración. Es mucho lo que puede conseguirse mediante la colaboración, a medida que los coordinadores empiezan a trabajar en equipo, recurriendo en ocasiones a la ayuda de otras personas capaces. Las interacciones continuadas y el intercambio de experiencias dentro de estos equipos enriquecen constantemente la comprensión y aumentan la efectividad de su servicio. Los coordinadores también van descubriendo que sus esfuerzos pueden verse altamente potenciados si los amigos que sirven como maestros de niños, animadores y tutores, y que viven cerca unos de otros, pueden reunirse en grupos pequeños en los lugares donde sirven y ayudarse mutuamente.

Mientras tanto, el Comité de Enseñanza de Área va alcanzando un nuevo nivel de funcionamiento. Está ocupado en una lectura más meticulosa de las circunstancias en toda la agrupación: por un lado, evaluando con precisión las capacidades de la comunidad y los efectos producidos por un crecimiento sostenido y, por otro, comprendiendo las implicaciones de diversas realidades sociales para la construcción de comunidad a largo plazo. En los planes que elabora cada ciclo, el Comité cuenta en gran medida con los que asumen la mayor parte de las labores de expansión y consolidación, pero en vista de que el número de personas conectadas de alguna manera con el modelo de actividad es ya elevado, empiezan a ser más apremiantes una serie de preguntas: cómo movilizar al cuerpo entero de creyentes en apoyo de las metas de enseñanza; cómo organizar visitas hogareñas sistemáticas a los amigos que podrían beneficiarse de cierta profundización y de conversaciones que los conecten con la comunidad; cómo fortalecer los lazos espirituales con los padres de los niños y prejóvenes; cómo aprovechar el interés de los que han demostrado buena voluntad hacia la Fe pero que todavía no participan en sus actividades. Otra inquietud es cómo promover más ampliamente la celebración de reuniones devocionales para que cientos de personas, y con el tiempo millares de ellas, se ocupen en la oración en compañía de sus familias y vecinos. Naturalmente, el propósito último del Comité es extender continuamente el alcance de los esfuerzos de la comunidad para que cada vez más almas lleguen a conocer el mensaje de Bahá’u’lláh. En el manejo de las complejidades inherentes a su propia labor, que incluye la recopilación y análisis de datos estadísticos, y una diversidad de otras tareas, el Comité se apoya en la ayuda de personas ajenas a sus propios miembros. Estas complejidades también requieren una colaboración cada vez más estrecha con las Asambleas Espirituales Locales.

Por su parte, y en respuesta al creciente número de personas que asisten a las actividades, la Asamblea Local está elevando su capacidad para desempeñar las muchas responsabilidades que tiene para con una comunidad en expansión. Su objetivo es crear un ambiente en el que todos se sientan alentados a contribuir a la empresa común de la comunidad. Siente anhelo por ver cómo las agencias de la agrupación conquistan sus planes, y su profundo conocimiento de las condiciones de su área le permite fomentar el desarrollo de procesos que interactúan a nivel local. Con ello en mente, insta la participación entusiasta de los amigos en las campañas y reuniones para la reflexión, y proporciona recursos materiales y otro tipo de asistencia para las iniciativas y eventos que se organizan en la localidad. La Asamblea está también atenta a la necesidad de que los nuevos creyentes sean fortalecidos con sensibilidad, teniendo en cuenta cuándo y cómo introducirlos a las distintas dimensiones de la vida comunitaria. Alentando su participación en los cursos del instituto, procura asegurar que desde el mismo principio se consideren a sí mismos como protagonistas de un noble esfuerzo para construir el mundo de nuevo. Se encarga de que las reuniones para la Fiesta de Diecinueve Días, las conmemoraciones de los Días Sagrados y las elecciones bahá’ís sean oportunidades para reforzar los elevados ideales de la comunidad, fortalecer su sentido de compromiso común y robustecer su carácter espiritual. A medida que crecen los números en la comunidad, la Asamblea reflexiona sobre cuándo resultaría beneficioso descentralizar estas reuniones a fin de facilitar una participación cada vez mayor en estas importantes ocasiones.

Una característica notable de las agrupaciones avanzadas es un modo de aprendizaje que permea toda la comunidad y dinamiza el desarrollo de la capacidad institucional. Relatos que aportan luz sobre un método, un enfoque, o todo un proceso fluyen continuamente de un lugar de actividad a otro. La reunión de reflexión a nivel de agrupación, donde sale a relucir gran parte de este aprendizaje, se complementa a menudo con reuniones en áreas más pequeñas, que generan un sentido de responsabilidad más sólido entre los asistentes. Este sentimiento de propiedad colectiva se hace más evidente ciclo tras ciclo: la fuerza liberada por un grupo de personas unido que se hacen cargo de su propio desarrollo espiritual por generaciones futuras. Y, en este empeño, el apoyo que reciben de las instituciones bahá’ís regionales y nacionales y sus agencias se siente como una corriente de amor incesante.

Un resultado natural del aumento de recursos, así como de la conciencia de las implicaciones de la Revelación para la vida de una población, son los inicios en el campo de la acción social. A menudo, las iniciativas de este tipo emergen orgánicamente del programa de empoderamiento espiritual de los prejóvenes, o motivadas por las consultas sobre las condiciones locales que tienen lugar en las reuniones de la comunidad. Las formas que pueden asumir estos emprendimientos son diversas e incluyen, por ejemplo, asistencia tutorial a los niños, proyectos para mejorar el entorno físico, y actividades para fomentar la salud y la prevención de enfermedades. Algunas iniciativas llegan a consolidarse y van creciendo poco a poco. En algunos lugares, la fundación de una escuela comunitaria a nivel de base ha surgido de una profunda preocupación por la adecuada educación de los niños y la conciencia de su importancia, derivada de forma natural del estudio de los materiales del instituto. En ocasiones, los esfuerzos de los amigos pueden verse reforzados en gran medida por la labor de una entidad de inspiración bahá’í establecida en las inmediaciones. Por humilde que pueda ser al principio, este tipo de actividad es una señal de que una población está cultivando en sí misma una capacidad vital, una capacidad que encierra un potencial y significado infinitos para los siglos venideros: aprender la manera de aplicar la Revelación a las múltiples dimensiones de la vida social. Todas estas iniciativas sirven también para enriquecer la participación, a nivel individual y colectivo, en los discursos prevalentes de la comunidad en general. Como era de esperar, los amigos se sienten más inmersos en la vida de la sociedad, desarrollo que es inherente al modelo de acción en una agrupación desde el principio, pero que es ahora mucho más pronunciado.

El hecho de que el movimiento de una población haya llegado hasta aquí demuestra que el proceso que lo produjo tiene la robustez suficiente para lograr y mantener un alto grado de participación en todos los aspectos que el desarrollo de capacidad conlleva, y manejar la complejidad resultante. Este es otro hito por el que los amigos deben pasar, el tercero de la serie desde que empezara el proceso de crecimiento de una agrupación. Denota la aparición de un sistema para extender, en un centro tras otro, un modelo dinámico de vida comunitaria capaz de integrar a una población —hombres y mujeres, jóvenes y adultos— en la labor de su propia transformación espiritual y social. Esto ha sucedido ya en alrededor de doscientas agrupaciones, abarcando un amplio abanico de circunstancias socio-económicas, y prevemos que será perceptible en varios centenares más a la conclusión del próximo Plan. Es un futuro al que pueden aspirar los amigos que laboran en miles de agrupaciones en otros lugares.

En algunas de las agrupaciones donde el crecimiento ha evolucionado hasta este punto se ha producido un avance más emocionante todavía. Hay localidades dentro de estas agrupaciones donde un porcentaje considerable de toda la población está ahora participando en actividades de construcción de comunidad. Por ejemplo, hay pueblos pequeños donde el instituto ha podido conseguir la participación de todos los niños y prejóvenes en sus programas. Cuando el alcance de una actividad es amplio, el impacto social de la Fe se hace más evidente. La comunidad bahá’í obtiene un mayor reconocimiento como voz moral distintiva en la vida de una población y puede aportar una perspectiva fundamentada a los discursos en su entorno, por ejemplo acerca del desarrollo de las generaciones más jóvenes. Las figuras de autoridad de la sociedad en general comienzan a recurrir a la visión y la experiencia derivadas de iniciativas de acción social inspiradas en las enseñanzas de Bahá’u’lláh. Las conversaciones influenciadas por esas enseñanzas, interesadas por el bien común, penetran en una sección transversal más amplia de la población, hasta el punto en que su efecto se hace perceptible en el discurso general de una localidad. Fuera de la comunidad bahá’í, otras personas están empezando a considerar a la Asamblea Espiritual Local como una fuente radiante de sabiduría a la que ellas también pueden acudir para recibir iluminación.

Reconocemos que acontecimientos como éstos son todavía una perspectiva lejana para muchos, incluso en agrupaciones en las que el modelo de actividad abarca a un gran número de personas. Pero en algunos lugares, ésta es la labor del momento. En estas agrupaciones, mientras los amigos siguen ocupados en apoyar el proceso de crecimiento, otras dimensiones del quehacer bahá’í reclaman una parte creciente de su atención. Están procurando entender la manera en que una población local floreciente puede transformar la sociedad de la que es parte integral. Ésta será una nueva frontera de aprendizaje para el futuro próximo, donde se generarán visiones que beneficiarán en definitiva a la totalidad del mundo bahá’í.