29 de diciembre de 2015
Elevar la capacidad institucional
Los requisitos del Plan actual —el establecimiento de millares de nuevos programas de crecimiento y el fortalecimiento de los existentes— exigieron de las instituciones nacionales y regionales, así como de ustedes mismos, una proeza de fuerza y coordinación. Su cumplimiento se hizo posible gracias a un espíritu común de colaboración entre los tres protagonistas del Plan: el individuo, la comunidad y las instituciones. Este espíritu fue el requisito previo para toda empresa importante, incluidas las iniciativas especiales para establecer pioneros en determinados países y, por supuesto, la organización de las 114 conferencias de juventud. La actitud predominante del servicio con alegría, flexibilidad y desapego de las preferencias personales dotó de una cualidad sagrada incluso a las actividades administrativas de rutina. Sin duda, las nuevas exigencias del Plan venidero pondrán todavía más a prueba la capacidad de las instituciones bahá’ís pero, sea como fuere, preservarán con certeza este espíritu de unidad entre todos los que laboran juntos.
Como se ha indicado anteriormente, el movimiento de las agrupaciones a lo largo de un todo continuo depende de la existencia de un compromiso por parte de las instituciones para guiar y apoyar las agencias de las agrupaciones y proporcionar recursos según las necesidades. Esta tarea es una de las responsabilidades primordiales de los Consejos Regionales Bahá’ís y de los institutos regionales de capacitación. El número de Consejos en el mundo aumentó de 170 a 203 en los últimos cinco años, lo que refleja la creciente necesidad de trabajo a este nivel y la capacidad creciente de llevarlo a cabo, y en algunos países donde no se han formado todavía los Consejos, se tomaron medidas concretas para adquirir experiencia en previsión de su creación, como por ejemplo el nombramiento de equipos regionales. En algunas regiones que se extienden a lo largo y ancho de un vasto territorio, los Consejos han tomado medidas para fomentar el desarrollo de conjuntos de agrupaciones contiguas. Mientras tanto, en países más pequeños que no requieren el establecimiento de Consejos Regionales, las Asambleas Nacionales están teniendo en cuenta de manera creciente cómo ayudar a avanzar a las agrupaciones, a veces mediante la formación de un grupo de trabajo encargado de esta tarea; les instamos a que fomenten el aprendizaje en esta área, con el objetivo de que, en su momento, puedan definirse estructuras formales que asuman esta responsabilidad de manera parecida a como lo hacen los Consejos en otros países. Y, como es el caso de los Consejos, entendemos que cualquier estructura de este tipo que emerja a nivel nacional se beneficiará de la interacción con la institución de los Consejeros.
Para desempeñar sus deberes de manera efectiva, las instituciones regionales y nacionales deberán permanecer plenamente familiarizadas con lo que acontece a nivel de base y lo que se aprende en las agrupaciones cuyos avances supervisan. Se requiere acceso puntual a información sobre el movimiento de las agrupaciones y el trabajo del instituto en sus jurisdicciones para que puedan prestar apoyo a sus agencias y tomar las múltiples decisiones que atañen, por ejemplo, al despliegue de pioneros, a la asignación de fondos, a la creación y promoción de literatura bahá’í, y a la planificación de reuniones institucionales; les permite leer con precisión la realidad de sus comunidades y actuar sobre la base de necesidades bien comprendidas a la hora de dirigir las energías de los amigos hacia el cumplimiento de las exigencias del momento. A intervalos diversos, y en consulta con ustedes, es posible que a una Asamblea Nacional le resulte conveniente adoptar formalmente y difundir algunos aspectos de las lecciones que se han aprendido, sobre todo en relación con los esquemas organizativos a nivel de las agrupaciones y de la región. La necesidad de estar bien informados acerca de la experiencia acumulada de la comunidad tiene implicaciones concretas para las Asambleas Nacionales de países más grandes que tienen varios Consejos Regionales, particularmente cuando la Asamblea ha transferido a los Consejos la labor de la administración del instituto. En estos casos, a veces han sido necesarias nuevas medidas a nivel nacional para proporcionar a la Asamblea un análisis convincente de lo que se está aprendiendo en todas las regiones.
Por supuesto, una Asamblea Espiritual Nacional tiene en última instancia la responsabilidad de fomentar todos los aspectos del desarrollo de la comunidad bahá’í. Aunque prosigue por sí misma diversas líneas de acción, en muchos casos cumple esta responsabilidad asegurando que los Consejos Regionales o agencias especializadas son capaces de tomar medidas para hacer avanzar áreas de trabajo que se les ha encomendado. A medida que la capacidad de los amigos aumenta y el tamaño de una comunidad crece, el trabajo de una Asamblea Nacional se vuelve proporcionalmente más complejo en sus múltiples dimensiones. Por lo tanto, y habida cuenta de la magnitud de la tarea que tienen ante sí las instituciones en el próximo Plan, las Asambleas Nacionales, así como los Consejos, se beneficiarán de considerar periódicamente, en colaboración con ustedes, si sus mecanismos administrativos, y de hecho elementos de su propio funcionamiento, podrían ajustarse o mejorarse en maneras que puedan favorecer más el proceso de crecimiento.
Alcanzar un nivel más elevado de funcionamiento es igualmente una inquietud apremiante de los institutos de capacitación. Los esfuerzos de la comunidad para fortalecer los programas de crecimiento en miles de agrupaciones y mantener su intensificación exigirán un gran esfuerzo a estas agencias. Su centro de atención es, por supuesto, el despliegue de las tres etapas del proceso educativo que supervisan y el fortalecimiento del proceso de aprendizaje asociado con cada una, de manera que tanto la calidad de las actividades del instituto como la capacidad de hacerlas llegar a un número cada vez mayor de personas aumenten constantemente. Si bien es importante que los institutos atiendan a cuestiones de su funcionamiento diario, la magnitud de lo que debe lograrse requiere que también dediquen atención a consideraciones de carácter estratégico. Las juntas de los institutos de capacitación deben mantener una consulta permanente con los coordinadores nacionales o regionales, así como con los miembros del Cuerpo Auxiliar, sobre cómo cobra fuerza la actividad de una agrupación, cómo se le puede proporcionar los recursos necesarios, qué enfoques resultan efectivos en diferentes contextos, y cómo puede compartirse la experiencia. Tenemos en mente un esfuerzo sistemático y concentrado por parte de este grupo de colaboradores para recoger y aplicar las reflexiones que surgen de las bases con respecto a la promoción de las clases de niños, grupos de prejóvenes y círculos de estudio. El planteamiento de otras dimensiones del trabajo del instituto, tales como los esquemas de coordinación en el ámbito de la agrupación, el mejoramiento de la capacidad de los coordinadores y la gestión de las estadísticas y las finanzas, será asimismo fundamental. En su trabajo con los institutos de capacitación, sin duda velarán por que se sirvan de la experiencia de otros institutos en la misma zona del mundo. Los sitios para la diseminación del aprendizaje sobre el programa de prejóvenes ofrecen también una rica fuente de conocimiento para los institutos de los países o regiones cercanas.
A medida que las instituciones y las agencias intentan acelerar los procesos de expansión y consolidación en todos los países, la cuestión de los recursos financieros exigirá de seguro una atención creciente. De hecho, un aspecto importante de la mejora de la capacidad institucional en el curso de los próximos años será el desarrollo continuo de los Fondos locales y nacionales. Para que esto ocurra, deberá invitarse a la generalidad de los amigos a que considere nuevamente la responsabilidad que tienen todos los creyentes de apoyar el trabajo de la Fe a través de sus propios medios y, además, administrar sus finanzas a la luz de las enseñanzas.
La futura civilización concebida por Bahá’u’lláh es próspera, una civilización en la que los vastos recursos del mundo se destinarán a la elevación y regeneración de la humanidad, no a su degradación y destrucción. El acto de contribuir al Fondo está imbuido de un profundo significado: es una manera práctica de acelerar el advenimiento de esa civilización, y al mismo tiempo necesaria pues, como Bahá’u’lláh mismo ha explicado, «Aquel que es la Verdad Eterna - exaltada sea Su gloria - ha hecho que el cumplimiento de cualquier empresa en la tierra dependa de los medios materiales.» Los bahá’ís viven sus vidas en medio de una sociedad tremendamente desordenada en lo que concierne a sus asuntos materiales. El proceso de construcción de comunidad que están promoviendo en sus agrupaciones cultiva un conjunto de actitudes ante la riqueza y las posesiones muy distintas de las que prevalecen en el mundo. El hábito de contribuir periódicamente a los Fondos de la Fe, incluidas las contribuciones en especie particularmente en algunos lugares, nace de, y a la vez refuerza, un sentimiento de preocupación personal por el bienestar de la comunidad y el progreso de la Causa. El deber de contribuir, al igual que el deber de enseñar, es un aspecto fundamental de la identidad bahá’í que fortalece la fe. Las contribuciones sacrificadas y generosas del creyente, la conciencia colectiva promovida por la comunidad de las necesidades del Fondo, y la administración cuidadosa de los recursos financieros que ejercen las instituciones de la Fe pueden considerarse como expresiones del amor que une más estrechamente a estos tres actores. Y, en última instancia, la aportación voluntaria fomenta una comprensión de que la administración de las propias finanzas de acuerdo con principios espirituales es una dimensión indispensable de una vida vivida de manera coherente. Es una cuestión de conciencia, una forma de traducir en la práctica el compromiso con el mejoramiento del mundo.
Les dirigimos estos enunciados en reconocimiento de la responsabilidad única que tienen ustedes, sus delegados y sus ayudantes para ayudar a los amigos a elevar su comprensión en numerosas áreas, y entre ellas, por supuesto, la que concierne a la dinámica de crecimiento. Como hemos indicado anteriormente, en la institución de los Consejeros la comunidad bahá’í tiene un sistema mediante el cual las lecciones aprendidas en las partes más remotas del planeta pueden beneficiar el proceso global de aprendizaje en el que puede participar cada seguidor de Bahá’u’lláh. A medida que con el tiempo brota gradualmente entre los creyentes una comprensión cada vez más profunda del Plan de Cinco Años, se identifican, se articulan, se absorben y se comparten las reflexiones que surgen de la aplicación de la guía. En este sentido, la comunidad del Más Grande Nombre tiene una inmensa deuda de gratitud con el Centro Internacional de Enseñanza que tanto ha hecho en los últimos años, y con tanta diligencia, para nutrir con amor y promulgar con energía un modo de aprendizaje que está ahora bien establecido.
Los elementos esenciales del próximo Plan, igual que los que le precedieron, son simples. Sin embargo, llegar a una comprensión profunda de sus diversas facetas requiere una apreciación del sutil conjunto de operaciones mediante el cual evoluciona una agrupación. Confiamos en que su institución se familiarice a tal punto con la guía pertinente que los amigos en general, y las instituciones y sus agencias en particular, puedan depender de ustedes para arrojar luz sobre sus deliberaciones llamando su atención a consideraciones pertinentes. Sin embargo, es evidente que la necesidad de ayudar a los amigos en un mínimo de 5.000 agrupaciones donde se está intensificando el modelo de acción constituirá un reto considerable que tendrá implicaciones para su propio modo de funcionamiento, pero más especialmente para el de los miembros del Cuerpo Auxiliar. Las agrupaciones que están en las primeras filas del proceso de crecimiento en sus áreas demandarán inevitablemente gran parte de su tiempo; de igual manera, los mecanismos administrativos a nivel regional requerirán su apoyo con más frecuencia. Mucho les ocupa de lo que ocurre en la comunidad; atentos tanto al desarrollo de cada etapa del proceso educativo como al fortalecimiento de los ciclos de actividad, promueven la coherencia entre las líneas de acción que se están impulsando en una agrupación y avivan la llama de la pasión por la enseñanza. En el ejercicio de su responsabilidad de promover el aprendizaje y ayudar a los amigos a entrar en el campo del servicio, recurren en gran medida al instituto de capacitación, aspectos de cuyo trabajo están estrechamente alineados con el suyo. Pero sus otras obligaciones son igualmente imperativas. Por tanto, para atender a ese amplio abanico de responsabilidades, deberán considerar cómo pueden recurrir a la ayuda de sus ayudantes de manera más amplia y creativa. Por supuesto, a los ayudantes se les puede asignar cualquier tarea —sencilla o compleja, general o muy específica— y esta versatilidad constituye una fuerza distintiva. Mientras algunos ayudantes podrían ocuparse del desarrollo de una comunidad local, a otros se les podrían asignar tareas relacionadas con toda una agrupación. Orientándolos adecuadamente, guiándolos a medida que crece la capacidad, y aumentando progresivamente sus deberes, los miembros del Cuerpo Auxiliar podrán explotar mejor las posibilidades existentes. No hay duda que mucho se aprenderá como resultado de ello, y les animamos a que extraigan reflexiones de la experiencia de sus auxiliares.
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