29 de diciembre de 2015
Liberar el potencial de los jóvenes
Las maravillosas hazañas de los jóvenes en el campo del servicio son uno de los frutos más exquisitos del presente Plan. Si prueba alguna hiciera falta del extraordinario potencial que los jóvenes poseen, se ha aportado de manera indisputable. A raíz de las conferencias de juventud convocadas en 2013, la oleada de energía impartida a la labor que se lleva a cabo en las agrupaciones demuestra claramente cómo la comunidad del Más Grande Nombre es capaz de dar expresión a las más altas aspiraciones de los jóvenes. ¡Cómo nos complace ver que tras la participación de más de 80.000 jóvenes en estas conferencias, una pléyade adicional de más de 100.000 jóvenes se les ha unido para participar en numerosos encuentros realizados desde entonces! Las medidas para fomentar la plena participación de estos contingentes crecientes en las actividades de la comunidad constituirán un componente esencial del nuevo Plan.
La entusiasta participación de los jóvenes también los destacó entre todas las poblaciones receptivas a las que los amigos han intentado llegar. Lo que se ha aprendido al respecto es cómo ayudar a los jóvenes a tomar conciencia de la contribución que pueden aportar al mejoramiento de su sociedad. A medida que se vuelven más conscientes, se identifican cada vez más con los objetivos de la comunidad bahá’í y expresan un afán por aportar sus energías a la labor en curso. Las conversaciones a este efecto despiertan interés sobre cómo canalizar las energías físicas y espirituales de que disponen en este momento de la vida para atender a las necesidades de otros, especialmente las de generaciones más jóvenes. Los encuentros especiales para jóvenes, que ahora tienen lugar con más frecuencia en el ámbito de la agrupación e incluso del barrio o pueblo, han demostrado ser ocasiones ideales para dotar de intensidad esta conversación continua, y son una característica cada vez más común de los ciclos de actividad en muchas agrupaciones.
La experiencia sugiere que la conversación sobre la contribución al mejoramiento de la sociedad no llega a las fuentes más hondas de la motivación si excluye una exploración de temas espirituales. La importancia del “hacer”, de levantarse a servir y acompañar a almas compañeras, debe armonizarse con la noción del “ser”, de elevar la propia comprensión de las enseñanzas divinas y reflejar cualidades espirituales en la vida de uno mismo. Y es así que, habiéndoles presentado la visión de la Fe para la humanidad y el carácter exaltado de su misión, los jóvenes sienten naturalmente un deseo de poder servir, un deseo al que los institutos de capacitación responden con rapidez. Realmente, liberar la capacidad de los jóvenes es una obligación sagrada para cada instituto de capacitación. No obstante, alentar esa capacidad a medida que se va desarrollando es una responsabilidad de todas las instituciones de la Causa. La disposición que demuestran los jóvenes para tomar la iniciativa sea cual fuere la línea de acción que elijan, puede nublar el hecho de que necesitan un apoyo sostenido por parte de las instituciones y agencias de la agrupación, más allá de los primeros pasos.
Los jóvenes se animan también unos a otros en este sentido, reuniéndose en grupos para estudiar más y conversar sobre su servicio, para apoyarse unos a otros en sus esfuerzos y consolidar su determinación, buscando siempre extender más ampliamente el círculo de amistades. El estímulo ofrecido de esta manera por una red de compañeros ofrece a los jóvenes una alternativa muy necesaria a esos cantos de sirena que invitan a las trampas del consumismo y de las distracciones compulsivas, así como un contrapeso a las invitaciones a satanizar a los demás. Es en este marco de enervante materialismo y resquebrajamiento de sociedades que el programa de empoderamiento espiritual de los prejóvenes revela su especial valor en este momento. Ofrece a los jóvenes un campo de acción ideal para ayudar a los que son más jóvenes que ellos a resistir las fuerzas corrosivas dirigidas a ellos de manera especial.
A medida que los jóvenes avanzan por el camino del servicio, sus esfuerzos se integran de manera fluida en las actividades de la agrupación y, como consecuencia, la comunidad entera prospera como un todo coherente. El acercamiento a las familias de los jóvenes es un modo natural de fortalecer la construcción de comunidad. Las instituciones y las agencias se encuentran ante el reto de elevar su propia capacidad para encontrar maneras de hacer realidad el potencial de la juventud de manera sistemática. Con una mayor conciencia de las circunstancias y la dinámica de este grupo de edad, pueden planificar en consecuencia, por ejemplo ofreciendo oportunidades para que los jóvenes estudien los cursos de forma intensiva, quizás inmediatamente después de finalizado un encuentro de jóvenes. La infusión de energía de un grupo dinámico de jóvenes hace que se acelere el ritmo de trabajo dentro de una agrupación.
Si bien es correcto esperar grandes cosas de los que tanto tienen que ofrecer en el camino del servicio, los amigos deben cuidarse de no adoptar una perspectiva estrecha de lo que conlleva el camino hacia la madurez. La libertad de movimiento y la disponibilidad de tiempo hacen posible que muchos jóvenes sirvan en maneras directamente relacionadas con las necesidades de la comunidad, pero a medida que se van acercando a los veinte años, sus horizontes se amplían. Otras dimensiones de una vida coherente, igualmente exigentes y altamente meritorias, empiezan a poner mayores demandas sobre su atención. Para muchos, una prioridad inmediata será la educación superior, académica o profesional según las posibilidades que tengan, y se abrirán ante ellos nuevos espacios de interacción con la sociedad. Además, los jóvenes de ambos géneros llegan a ser sumamente conscientes de las exhortaciones de la Pluma Suprema: «Desposaos [...] para que engendréis a quien haga mención de Mí entre Mis siervos» e «incumbe a todos ocuparse en oficios y profesiones». Habiendo tomado un empleo, los jóvenes intentan naturalmente contribuir a su profesión, o incluso hacerla prosperar a la luz de los conocimientos que obtienen de su continuo estudio de la Revelación, y se esfuerzan por ser ejemplos de integridad y excelencia en su trabajo. Bahá’u’lláh ensalza a «aquellos que se ganan el sustento con su profesión y lo gastan en sí mismos y en sus familias por amor a Dios, el Señor de todos los mundos.» Esta generación de jóvenes formará familias que aseguran los cimientos de comunidades florecientes. Merced a su creciente amor por Bahá’u’lláh y a su compromiso personal con los estándares a los que Él los llama, sus hijos absorberán el amor de Dios «mezclado con la leche de la madre», y buscarán siempre el refugio de Su ley divina. Así pues, es claro que la responsabilidad de una comunidad bahá’í para con los jóvenes no termina cuando empiezan a servir por primera vez. Las importantes decisiones que tomen sobre la dirección de sus vidas adultas determinarán si el servicio a la Causa de Dios fue sólo un breve y memorable capítulo de sus años más jóvenes, o un centro fijo de su existencia terrenal, una lente a través de la cual se enfocan todas las acciones. Confiamos en ustedes y en sus auxiliares para asegurar que se dé la importancia debida a las perspectivas espirituales y materiales de los jóvenes en las deliberaciones de las familias, las comunidades, las agencias y las instituciones.
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