30 de diciembre de 2021
El avance de las agrupaciones
Una mayor expresión del poder de construcción de sociedad de la Fe requiere, en primer lugar, avances aún mayores en el proceso de entrada en tropas en todas las partes del mundo. Las empresas esencialmente espirituales de difundir la luz de la Revelación de Bahá’u’lláh cada vez más ampliamente y de introducir las raíces de Su Fe cada vez más profundamente en el suelo de la sociedad tienen resultados mesurables: el número de agrupaciones en las que se ha iniciado un programa de crecimiento y el grado de intensidad que ha alcanzado cada una. Actualmente, existen los medios para lograr un rápido avance con respecto a ambas medidas. La meta que la comunidad del Más Grande Nombre debe aspirar a cumplir durante la actual serie de Planes globales es establecer programas intensivos de crecimiento en todas las agrupaciones del mundo. Este formidable objetivo implica una ampliación e intensificación de las actividades a una escala jamás presenciada. En el transcurso del Plan de Nueve Años debe lograrse un rápido progreso hacia esta meta.
Como paso preliminar, les pedimos que ayuden a las Asambleas Espirituales Nacionales y a los Consejos Regionales Bahá’ís a determinar si sus esquemas para dividir sus territorios en agrupaciones se beneficiarían de algún ajuste. Como saben, una agrupación define un área en la que las actividades del Plan pueden estimularse de forma manejable y sostenible. A lo largo de los últimos veintiún años, se ha aprendido mucho sobre el tamaño de una agrupación «manejable» en diferentes contextos y en distintas partes del mundo; en algunos países ya se han empezado a considerar modificaciones, ocasionadas por los efectos del crecimiento. En muchos casos, este replanteamiento no conllevará ningún cambio, pero, en algunos, dará lugar a la división o reducción del tamaño de una agrupación y, en alguna ocasión, a que una agrupación se agrande. Las zonas poco pobladas debido al terreno natural pueden excluirse del esquema de agrupaciones. Por supuesto, los creyentes que residan en esos lugares adoptarán los elementos del marco de acción que sean pertinentes a sus circunstancias.
El avance de las agrupaciones a lo largo de un continuo de desarrollo seguirá siendo el modelo básico para la expansión y consolidación de la comunidad. Los rasgos de la trayectoria de desarrollo que debe seguirse y, especialmente, el primer, segundo y tercer hito que marcan el avance a lo largo del camino son ya bien conocidos por los amigos en base a nuestros mensajes anteriores y a su propia experiencia, y no creemos necesario reiterar lo que hemos expuesto anteriormente. Para el cierre del Plan de Un Año prevemos que habrá en marcha programas de crecimiento en más de 6.000 agrupaciones, que en cerca de 5.000 de ellas se habrá superado el segundo hito, y que en 1.300 de ellas los creyentes habrán avanzado más allá. Estas cifras deben ascender considerablemente en los próximos nueve años. Una vez que se hayan determinado los ajustes al esquema de agrupaciones en cada país, les pedimos que trabajen con las Asambleas Nacionales y los Consejos Regionales para prever el número de agrupaciones en las que se podría avanzar más allá del primer, segundo y tercer hito, respectivamente, durante el Plan. Debe tenerse en cuenta que solo se trata de estimaciones fundamentadas: pueden refinarse más adelante, de ser necesario, y no hace falta elaborarlas minuciosamente. Por ello, solicitamos que los resultados de estas evaluaciones se envíen al Centro Mundial Bahá’í antes de Naw-Rúz. En Riḍván podremos establecer las aspiraciones colectivas totales del mundo bahá’í para el Plan de Nueve Años.
Somos conscientes de que hay algunas regiones y países donde la Fe permanece en una etapa inicial de desarrollo, y hay una necesidad apremiante de asegurar que lo que el mundo bahá’í ha aprendido sobre la aceleración del proceso de crecimiento beneficie también a esos lugares. Una lección importante que ha quedado clara es el inmenso valor que tiene para una región contar con una agrupación en la que se haya superado el tercer hito. Una vez que los amigos de una agrupación dada han desarrollado la gama de capacidades que implica dicho progreso, y se han establecido los medios para diseminar percepciones y compartir experiencias sobre los esfuerzos de construcción de comunidad, se hace posible una rápida aceleración de la labor de expansión y consolidación en las agrupaciones circundantes. Teniendo esto en mente, es imperioso que, durante el Plan de Nueve Años, el proceso de crecimiento alcance este nivel de intensidad en por lo menos una agrupación de cada país y cada región. Este es uno de los objetivos principales del Plan y requerirá el esfuerzo concentrado de muchas almas consagradas. El Centro Internacional de Enseñanza está listo para colaborar con ustedes en la implementación de diversas estrategias para lograrlo. La principal de entre ellas será el despliegue de equipos de pioneros internacionales y de frente interno que estén familiarizados con el marco de acción, y preparados para dedicar cantidades importantes de tiempo y energía a servir a la Causa a lo largo de varios años. Deberán recalcar a las Asambleas Espirituales Nacionales y a los Consejos Regionales Bahá’ís la urgencia de alentar a creyentes que, siguiendo los pasos de tantas almas heroicas del pasado, puedan levantarse para asegurar que la luz de la Fe brille en todos los territorios. Miramos en particular a los países, las regiones y agrupaciones donde se ha acumulado fortaleza y experiencia para generar un flujo de pioneros hacia lugares donde se necesite ayuda, y también para proporcionar apoyo a través de otros medios. Este flujo de apoyo es una manera más en la que se manifiesta en acción sistemática el espíritu de colaboración y ayuda mutua, tan esencial para el progreso.
Los logros de la anterior serie de Planes —en particular del último Plan de Cinco Años— no podrían haberse conseguido sin un avance extraordinario en la labor de enseñanza. Una dimensión importante de esta labor es la capacidad de entablar conversaciones sobre temas espirituales, una capacidad que se examinó en nuestro mensaje a su conferencia de 2015, en el que describimos cómo se desarrolla mediante la participación en los cursos de instituto y la adquisición de experiencia práctica. Es evidente que el modelo de actividad que se despliega en las bases presenta una variedad de escenarios en los que almas receptivas —a veces familias enteras o grupos de compañeros— pueden participar en conversaciones significativas que despiertan el interés por la visión de la Fe y de la Persona de Bahá’u’lláh. Con el tiempo, muchas de estas almas empiezan a identificarse con la comunidad bahá’í, especialmente a medida que adquieren la confianza necesaria para participar de la vida comunitaria a través del servicio. Por supuesto, la comunidad da la bienvenida a cualquier grado de asociación que una persona desee mantener, sea grande o pequeño. No obstante, reconocer a Bahá’u’lláh como una Manifestación de Dios y aceptar los privilegios y responsabilidades asociados exclusivamente con la pertenencia a la comunidad bahá’í es un momento singular en el desarrollo espiritual de una persona, muy distinto a la participación habitual en las actividades bahá’ís o la expresión de su apoyo a los principios bahá’ís. La experiencia ha demostrado que el entorno creado por los esfuerzos de construcción de comunidad en una localidad permite que cualquier persona que desee dar este paso lo haga con relativa facilidad. Dondequiera que se lleven a cabo estos esfuerzos, es importante que los amigos permanezcan conscientes de que las puertas de la Fe están abiertas de par en par, y alienten a quienes se encuentran en el umbral. Y en las zonas en las que estos esfuerzos están bien establecidos desde hace un tiempo, muchos creyentes están descubriendo que un modelo de actividad dinámica y en expansión puede llevar de forma natural a que familias, grupos de amigos, e incluso grupos de hogares, estén preparados para abrazar la Causa. Pues en espacios donde aquellos que comparten un sentimiento de identidad colectiva pueden conversar de forma abierta e inclusiva sobre la posibilidad de unirse a la comunidad, las almas pueden sentirse alentadas más fácilmente para dar ese paso juntas. Las instituciones bahá’ís, especialmente las Asambleas Espirituales Locales, deben adoptar una mentalidad que permita estas condiciones, y asegurarse de que se eliminen los obstáculos.
Les pedimos a ustedes y a sus auxiliares que ayuden a los creyentes, dondequiera que residan, a reflexionar periódicamente sobre maneras efectivas de enseñar la Fe en su entorno, y avivar en sus corazones una pasión por la enseñanza que atraiga las confirmaciones del Reino Divino. Las almas a las que se les ha concedido la bendición de la fe tienen un deseo natural de compartir este don mediante conversaciones con familiares, amigos, compañeros de clase, colegas y aquellos a los que no conocían anteriormente, y buscan en cada lugar y en cada momento un oído atento. Diferentes entornos y circunstancias se prestan a diferentes enfoques, y los amigos deben ocuparse en un proceso continuo de aprendizaje sobre lo que es más efectivo en el lugar donde se encuentran.
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