30 de diciembre de 2021
Aprender de las agrupaciones más avanzadas
Hace seis años, les describimos las características de una agrupación en la que los amigos han superado el tercer hito en el continuo de crecimiento. El hecho de haber llegado tan lejos implica una actividad intensa en barrios o aldeas específicas, pero también un esfuerzo conjunto por parte de la generalidad de los creyentes que viven en la agrupación; en otras palabras, un espíritu cada vez mayor de participación universal en la labor de construcción de comunidad. En la práctica, esto supone la movilización de un número considerable de bahá’ís que están aplicando de manera creativa e inteligente el marco de acción del Plan a la realidad de sus propias circunstancias, en cualquier lugar de la agrupación en que vivan. Supone que las familias y los creyentes trabajen juntos y tomen la decisión consciente de verse a sí mismos como parte de un núcleo en expansión. Estos grupos de amigos se disponen a ampliar el círculo de participación en sus actividades interactuando con las redes a las que pertenecen —redes creadas a través de un lugar de trabajo o estudio, una escuela de la localidad o un foco comunitario de otro tipo— y acompañando a otros que se levantan a servir junto a ellos. Estos esfuerzos tienen un mérito enorme. Incluso cuando una agrupación cuenta con una serie de centros florecientes de actividad intensa, los esfuerzos que se realizan en el resto de la agrupación pueden representar una gran proporción de toda la actividad que está teniendo lugar. También reconocemos, en este sentido, los pasos que se están dando en algunas agrupaciones para llegar de forma sistemática a un sector especifico de la población que ha mostrado receptividad a la Fe pero que está dispersa por toda la agrupación. Esto se puede considerar una forma especializada de la labor de construcción de comunidad, una forma que sigue siendo muy prometedora. A medida que aumenta la participación en el trabajo del Plan en todas sus formas, surgen muchas oportunidades para que los amigos aprendan de la experiencia mutua y aviven unos en otros la alegría de enseñar.
Por supuesto, la labor realizada en barrios y aldeas receptivos ha sido un foco de atención especial en los últimos años. A medida que los habitantes de estas localidades comienzan a participar en las actividades bahá’ís en grandes números, hay que prestar más atención a la coordinación para hacer frente a la complejidad inherente. Dentro de cada centro de actividad intensa, surgen formas de colaboración entre grupos de familias, que organizan actividades de construcción de comunidad entre ellos con vistas a ampliar el alcance de dichas actividades a muchos hogares cercanos; una red informal de amigos alienta y apoya los esfuerzos en marcha. El carácter de la vida cotidiana en estos lugares se adapta al florecimiento de una cultura en la que la adoración y el servicio son actividades preciadas que incluyen a muchas personas a la vez. Cada vez son más frecuentes las reuniones comunitarias edificantes y bien preparadas ―que en algunos casos se amplían a campamentos y festivales― y la música y las canciones ocupan un lugar destacado en esas ocasiones. De hecho, las artes en su conjunto ―componente tan integral en el desarrollo de una comunidad desde un principio― destacan en estos entornos como un medio importante para generar alegría, reforzar los lazos de unidad, difundir el conocimiento y consolidar la comprensión, así como familiarizar a los miembros de la sociedad en general con los principios de la Causa. Y, naturalmente, sigue habiendo un gran enfoque hacia la proyección exterior: encontrar formas de compartir continuamente los frutos de un modelo de acción próspero con almas que aún no están familiarizadas con la Fe.
En medio de todo esto, hemos observado un fenómeno específico muy alentador, cuyos primeros destellos describimos en nuestro mensaje dirigido a su conferencia de 2015 como una nueva frontera. Aunque aprender a acoger a un gran número de personas es una característica de cualquier agrupación que haya superado el tercer hito, el enfoque de los amigos comienza necesariamente a ampliarse a medida que se acercan a un punto en el que una proporción considerable de la población de un área concreta participa en las actividades de construcción de comunidad. Este puede ser el caso en una zona residencial específica dentro de una agrupación, o en varias zonas de ese tipo, o en una sola aldea; puede ser que otras partes de la agrupación no compartan todavía la misma realidad. Pero en esos lugares, los pensamientos de los amigos que laboran en las bases están cada vez más ocupados en el progreso y el bienestar de todos los que habitan en la cercanía. Las instituciones bahá’ís sienten con mayor intensidad su responsabilidad por la educación espiritual de toda una generación de niños y prejóvenes, la mayor parte de los cuales, o incluso todos, podrían estar ya participando en actividades comunitarias. Las Asambleas Espirituales Locales refuerzan sus relaciones con las autoridades y dirigentes de la zona, llegando incluso a entablar colaboraciones formales, y se presta cada vez mayor atención a las múltiples iniciativas de acción social que surgen de los grupos de prejóvenes, jóvenes, mujeres, familias, u otros que están respondiendo a las necesidades de su alrededor. La elevada cantidad y diversidad de actividades requiere que los miembros del Cuerpo Auxiliar nombren a múltiples ayudantes para atender a una sola aldea o barrio; cada ayudante puede seguir una o varias líneas de acción, ofreciendo consejo y apoyo cuando sea necesario, y dando impulso a los procesos en marcha.
En lugares donde las actividades del Plan han alcanzado tal nivel de prevalencia, los habitantes poseen ahora una capacidad considerablemente mayor para dirigir el rumbo de su propio desarrollo, y las instituciones y agencias de la Fe allí tienen ahora una visión más amplia de sus responsabilidades. Por supuesto, estas responsabilidades todavía incluyen disponer de sistemas sólidos para desarrollar capacidad de forma continua y apoyar a aquellos que toman la iniciativa. Pero el avance de la comunidad depende, en mayor medida que antes, de que las instituciones y agencias locales sean conscientes de las fuerzas sociales que operan en el entorno y actúen para preservar la integridad de las numerosas actividades de la comunidad. Mientras tanto, la relación de la comunidad bahá’í con la sociedad que la rodea experimenta un cambio profundo. Tal y como representan sus estructuras formales de administración y sus mecanismos de colaboración informales, la comunidad bahá’í se ha convertido por mérito propio en una protagonista muy visible en la sociedad, dispuesta a asumir responsabilidades importantes e intensificar un amplio proceso colectivo de aprendizaje sobre el progreso espiritual y material. Al mismo tiempo, a medida que la sociedad adopta muchos aspectos de la vida comunitaria bahá’í y absorbe su espíritu unificador, la dinámica así creada hace posible que grupos diversos se unan en un movimiento conjunto inspirado por la visión de Bahá’u’lláh de la unicidad de la humanidad. Hasta la fecha, el número de lugares en los que una forma de vida comunitaria bahá’í ha alcanzado tal prevalencia es modesto, pero está creciendo. Aquí se presencia una liberación del poder de construcción de sociedad de la Fe, como la que no se había visto antes.
Naturalmente, la prevalencia de actividades bahá’ís a esta escala no es una perspectiva en todas partes. Hay que valorar la diferencia que marcan las condiciones de una agrupación, o de partes de una agrupación, y las características de una población; es decir, la realidad de las circunstancias. En consecuencia, las formas en que el poder de construcción de sociedad que posee la Fe se manifieste en diferentes entornos variarán. Pero, independientemente de la medida en que la vida comunitaria bahá’í acoja a quienes residen en un área concreta, e independientemente, incluso, de la intensidad de un programa de crecimiento de una agrupación o del nivel de actividad en un barrio o pueblo, el desafío al que se enfrentan los amigos que sirven en las bases es esencialmente el mismo en todos los lugares. Deben ser capaces de leer su propia realidad y preguntarse: a la luz de las posibilidades y las necesidades existentes, ¿cuáles serían los objetivos adecuados a perseguir en el próximo ciclo o serie de ciclos? Ustedes y sus auxiliares se encuentran en una posición ideal para plantear esta pregunta y asegurar que se identifican estrategias adecuadas. Se puede aprender mucho de la experiencia de los amigos de agrupaciones similares, ya que una comunidad que se encuentra a un paso más adelante del mismo camino puede aportar percepciones valiosas sobre la meta a perseguir después. A medida que los amigos reflexionen sobre lo que tienen por delante, verán fácilmente que para cada comunidad hay una meta al alcance, y para cada meta, un camino para alcanzarla. Mirando hacia el frente en ese camino, ¿no podríamos acaso ver a Bahá’u’lláh mismo, sujetando las riendas de los asuntos de la humanidad en una mano y, con la otra, haciendo señales a todos para que se apresuren, que se apresuren?
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