30 de diciembre de 2021

Contribuir a la transformación social

La Revelación de Bahá’u’lláh se ocupa de la transformación de la vida interior de la humanidad, así como de su entorno social. Una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi describe cómo el entorno social proporciona el «ambiente» en el que las almas pueden «crecer espiritualmente y reflejar plenamente la luz de Dios» que brilla a través de la Revelación. Una clara señal de que el poder de construcción de sociedad de la Causa está siendo liberado en una agrupación es que un grupo cada vez mayor de sus habitantes, inspirados por las enseñanzas de la Fe, están haciendo esfuerzos por mejorar el carácter espiritual y las condiciones sociales de la comunidad más amplia a la que pertenecen. La contribución de los bahá’ís se distingue por su enfoque en la construcción de capacidad para el servicio; se trata de un enfoque basado en la fe en la capacidad de una población de convertirse en protagonista de su propio desarrollo.

A medida que aumenta la intensidad de la labor de construcción de comunidad en una agrupación, inevitablemente los amigos allí se vuelven más conscientes de las barreras sociales, económicas o culturales que impiden el progreso material y espiritual de las gentes. Niños y prejóvenes que carecen de apoyo en su educación, presiones sobre las niñas, derivadas de las costumbres tradicionales relacionadas con el matrimonio precoz, familias que necesitan ayuda para abrirse camino por sistemas de atención sanitaria desconocidos, una aldea que padece por la falta de alguna necesidad básica, o prejuicios de larga data, derivados de un legado de hostilidad entre grupos dispares—cuando los esfuerzos de una comunidad bahá’í en el campo de la expansión y la consolidación la ponen con contacto con estas situaciones y con muchas otras, se verá llamada a responder a esas realidades según lo permitan las circunstancias. Al reflexionar sobre tales situaciones, se hace evidente que, dentro de las agrupaciones, la expansión y consolidación, la acción social y la contribución a los discursos prevalentes son dimensiones de una tarea única, unificada y con proyección exterior, llevada a cabo en las bases de la sociedad. Todos estos esfuerzos se realizan de acuerdo con un marco de acción común, y esto, por encima de todo, aporta coherencia a la forma general de actividad.

Los primeros indicios de acción social en las bases comienzan a verse en una agrupación a medida que aumenta la disponibilidad de recursos humanos y se desarrolla la capacidad para una mayor variedad de tareas. Las aldeas han demostrado ser un terreno especialmente fértil del que han surgido y se han mantenido iniciativas de acción social; pero, asimismo, en los entornos urbanos, los amigos que viven ellos han conseguido llevar a cabo actividades y proyectos adecuados al entorno social, a veces en colaboración con las escuelas de la zona, organismos de la sociedad civil, o incluso agencias gubernamentales. La acción social se está emprendiendo en una serie de áreas importantes, entre las que figuran el medio ambiente, la agricultura, la salud, las artes y, especialmente, la educación. En el transcurso del Plan de Nueve Años, y especialmente a medida que el estudio de cursos de instituto específicos estimule una mayor actividad en este ámbito, esperamos ver una proliferación de esfuerzos formales e informales por promover el desarrollo social y económico de una población. Algunas de estas iniciativas comunitarias requerirán estructuras administrativas básicas para sustentar su labor. Cuando las condiciones sean propicias, habrá que alentar a las Asambleas Espirituales Locales a que aprendan cómo cultivar mejor las iniciativas nuevas e incipientes, y fomentar los esfuerzos que sean prometedores. En algunos casos, las necesidades asociadas a un área de actividad concreta justificarán el establecimiento de una organización de inspiración bahá’í, y prevemos la aparición de muchas más organizaciones de este tipo durante el próximo Plan. Por su parte, las Asambleas Espirituales Nacionales tendrán que encontrar formas de mantenerse bien informadas sobre lo que se está aprendiendo en las bases de sus comunidades y analizar la experiencia que se está adquiriendo; en algunos lugares, ello requerirá la creación de una entidad dedicada al seguimiento de la acción social. Al mirar en todo el mundo bahá’í, nos sentimos muy complacidos de ver el gran impulso que ya se ha generado en esta área de actividad gracias al estímulo y el apoyo de la Organización Internacional Bahá’í para el Desarrollo.

La capacidad de comprometerse en la acción social está estrechamente relacionada con la capacidad de contribuir a los discursos de la sociedad. En el fondo, se trata simplemente de una capacidad para participar en una conversación sobre un asunto que afecta a la vida de las gentes, y ofrecer una perspectiva basada en los principios bahá’ís y la experiencia bahá’í. Visto de esta manera, es una habilidad que muchos bahá’ís tienen la ocasión de practicar casi a diario, por ejemplo, en sus estudios u ocupaciones, y que se cultiva mediante la participación en los cursos de instituto; en su expresión más formal, es fundamental para la labor de la Comunidad Internacional Bahá’í y las Oficinas Nacionales de Asuntos Exteriores. Sin embargo, en relación con la liberación del poder de construcción de sociedad de la Fe en las bases, es una capacidad que se hace más necesaria a medida que una asociación más estrecha con una población, resultante de la labor de expansión y consolidación, conduce a una mayor conciencia de los problemas sociales imperantes en una zona, así como de las aspiraciones de sus gentes para superarlos. A medida que aumenta el número de participantes en las actividades de construcción de comunidad, aumenta igualmente la necesidad de que la comunidad bahá’í, como cuerpo unificado, ofrezca su perspectiva ponderada sobre los obstáculos para el progreso social, y en cuestiones que pesan en las mentes y los espíritus de aquellos con los que interactúa. Esto tiene implicaciones concretas para las Asambleas Espirituales Locales. En los lugares en los que las actividades del Plan han alcanzado cierto nivel de prevalencia, se empieza a considerar a la Asamblea, más en general, como una fuente de visión moral. Con el tiempo, los esfuerzos por contribuir a los discursos de la sociedad se hacen más sistemáticos y los bahá’ís adquieren experiencia en ayudar a los que les rodean a participar de manera constructiva en un discurso y llegar a un consenso. Se buscan oportunidades para compartir las perspectivas de la Fe con los líderes de la comunidad y las figuras de autoridad, y se crean espacios en los que se pueda ayudar a los representantes de grupos e intereses diversos a alcanzar un punto de vista común, a través de la consulta. Nos sentimos complacidos por los pasos que ya se han dado para aprender a aplicar las perspectivas de la Revelación de Bahá’u’lláh y de la experiencia de las comunidades bahá’ís a problemas sociales apremiantes en el ámbito local; sin duda, se aprenderá mucho más en este sentido durante el Plan de Nueve Años.

Deseamos subrayar que, históricamente y en la actualidad, la acción social y los esfuerzos por participar en los discursos prevalentes de la sociedad han surgido no solo en el contexto del crecimiento, sino también como resultado de los esfuerzos individuales de los bahá’ís por contribuir al progreso de la sociedad en formas que tienen a su alcance. Como respuesta personal al llamamiento de Bahá’u’lláh a trabajar para el mejoramiento del mundo, los creyentes, de diversas formas, han escogido determinadas vocaciones y han buscado oportunidades para apoyar las actividades de grupos y organizaciones afines. Se han iniciado proyectos, tanto grandes como pequeños, para responder a toda una serie de problemas sociales. Grupos de personas han creado numerosas organizaciones de inspiración bahá’í para trabajar por muchos objetivos distintos, y se han fundado entidades especializadas para prestar atención a un discurso concreto. Todos estos esfuerzos, a cualquier escala que se hayan emprendido, se han beneficiado de poder recurrir a los principios y perspectivas que guían las actividades que tienen lugar en las bases de la comunidad bahá’í mundial, y también se han beneficiado de los sabios consejos de las Asambleas Espirituales Locales y Nacionales. Nos alegramos de ver estas diversas y armoniosas expresiones de fe por parte de los devotos seguidores de la Bendita Belleza, en respuesta a las tribulaciones de un mundo perplejo y penosamente agitado.