28 de diciembre 2010

Realzando la capacidad administrativa

Aunque los elementos centrales del proceso de crecimiento permanezcan inalterables en las agrupaciones que están a la vanguardia del aprendizaje, los meros números exigen que los esquemas de organización adquieran mayor complejidad. Ya se han introducido varias innovaciones sobre la base de consideraciones geográficas como del crecimiento numérico. La división de la agrupación en unidades más pequeñas, la descentralización de la reunión de reflexión, la asignación de ayudantes a los coordinadores de instituto y la movilización de equipos de amigos experimentados para apoyar a otros en el campo: estos constituyen algunos de los arreglos que se han hecho hasta ahora. Estamos seguros de que, gracias a su hábil ayuda, el Centro Internacional de Enseñanza dará seguimiento a estos avances durante el próximo Plan, ayudando a consolidar las lecciones aprendidas en métodos e instrumentos suficientemente validados. Para ello, ustedes y sus auxiliares tendrán que cultivar un ambiente que aliente a los amigos a ser metódicos pero no rígidos, creativos pero sin dejar las cosas al azar, decisivos pero no precipitados, cuidadosos pero no autoritarios, reconociendo que, en última instancia, no es la técnica sino la unidad de pensamiento, la acción constante y la dedicación al aprendizaje lo que traerá el progreso.

Cualquiera que sea la naturaleza de los arreglos que se hagan en el nivel de la agrupación para coordinar la acción a gran escala, su progreso continuo dependerá del desarrollo de las Asambleas Espirituales Locales, del aumento de la capacidad de los Consejos Regionales Bahá’ís y, finalmente, de las Asambleas Espirituales Nacionales. En el mensaje de Riḍván expresamos nuestra satisfacción al notar la fortaleza cada vez mayor de las Asambleas Nacionales, y vislumbramos los próximos cinco años con optimismo, seguros de que veremos adelantos significativos en este sentido. Es más, no dudamos de que ustedes, de manera concertada con las Asambleas Nacionales, puedan ayudar a los Consejos Regionales a aumentar su capacidad institucional. Actualmente hay 170 de estos órganos administrativos situados en 45 países en todo el mundo, y seguramente su número aumentará durante el próximo Plan. Resultará imperativo que todos los Consejos Regionales presten una atención especial al funcionamiento del instituto de capacitación y de los Comités de Enseñanza de Área. Con esto en mente, estimarán necesario crear y perfeccionar mecanismos que sirvan para promover la pauta de crecimiento que va surgiendo en el nivel de la agrupación y el proceso de aprendizaje asociado con dicha pauta. Entre tales mecanismos figurarán una oficina regional que funcione bien y que ofrezca apoyo organizativo básico a la secretaría; un sistema de contabilidad sólido que provea diversos medios para el flujo de fondos hacia las agrupaciones y desde las mismas; un medio de comunicación eficiente que tome en consideración la realidad de la vida en las aldeas y barrios y, cuando la ocasión lo justifique, estructuras físicas que faciliten la acción concentrada e intensificada. En este sentido, es importante reconocer que estos mecanismos sólo podrán mostrar su efectividad si los Consejos entran en un proceso de aprendizaje. De lo contrario, aunque hayan sido claramente creados para apoyar el aprendizaje de un número cada vez mayor de participantes en la acción en barrios y aldeas, los sistemas que se están desarrollando bien podrían volverse sutilmente en su contra, sofocando involuntariamente las crecientes aspiraciones en las bases.

Aunque la colaboración con las Asambleas Espirituales Nacionales y Consejos Regionales sea una de sus principales preocupaciones, los auxiliares tendrán que dirigir cada vez más sus energías hacia el fomento de la capacidad institucional en el ámbito local, que es donde se ponen de manifiesto las exigencias de la construcción de comunidad de manera tan inequívoca. Para ayudarles a visualizar lo que les aguarda en todas partes a los miembros del Cuerpo Auxiliar y a sus ayudantes —en particular en las agrupaciones que experimentan expansión y consolidación a gran escala—, les pedimos primero que reflexionen acerca del desarrollo de las Asambleas Espirituales Locales en las numerosas áreas rurales del mundo, donde se encuentran actualmente la gran mayoría de estas agrupaciones.

Como saben, a menudo en una agrupación rural constituida por aldeas y tal vez por uno o dos pueblos, mientras se va estableciendo la pauta de acción que exige un programa intensivo de crecimiento, los esfuerzos de los amigos se concentran en unas pocas localidades. Sin embargo, una vez que se establece esta pauta de acción, puede ampliarse rápidamente de una aldea a otra, tal como se explica en nuestro mensaje de Riḍván de este año. Muy pronto en cada localidad surge una Asamblea Espiritual Local, y su desarrollo gradual sigue una trayectoria paralela e íntimamente ligada al incipiente proceso de crecimiento que se despliega en la aldea. Y al igual que la evolución de otros aspectos de este proceso, el desarrollo de la Asamblea Local puede comprenderse mejor cuando es visto en términos de crear capacidad.

Lo que debe suceder en primer lugar es relativamente sencillo: la conciencia individual del proceso de crecimiento que cobra impulso en la aldea, producto de la participación personal de cada miembro en las actividades básicas, debe fusionarse para dar lugar a una conciencia colectiva que reconozca tanto la naturaleza de la transformación que está en marcha como la obligación de la Asamblea de fomentarla. Sin duda, se tendrá que prestar debida atención a algunas funciones administrativas básicas; por ejemplo, reunirse con cierto grado de regularidad, llevar a cabo la Fiesta de Diecinueve Días y organizar los Días Sagrados, establecer un fondo local y llevar a cabo las elecciones anuales de acuerdo con los principios bahá’ís. Sin embargo, no debe resultarle difícil a la Asamblea Local comenzar, de forma simultánea a estos esfuerzos y con el aliento de un ayudante del miembro del Cuerpo Auxiliar correspondiente, a consultar como grupo sobre una o dos cuestiones específicas de trascendencia inmediata para la vida de la comunidad: la manera en que los empeños de las personas que han terminado el primer curso del instituto están reforzando el carácter devocional de la aldea; cómo los maestros capacitados por el instituto están abordando la educación espiritual de los niños; cómo el potencial de los prejóvenes se materializa en un programa para su empoderamiento espiritual y cómo, a medida que los amigos se visitan unos a otros en sus hogares, se fortalece el tejido espiritual y social de la comunidad. A medida que la Asamblea consulta sobre asuntos tan tangibles y aprende a nutrir el proceso de crecimiento amorosa y pacientemente, su relación con el Comité de Enseñanza de Área y con el instituto de capacitación se concreta gradualmente en torno a un propósito común. Sin embargo, y lo que es más importante, se comenzarán a sentar las bases sobre las cuales se podrá construir esa relación excepcionalmente afectuosa y genuinamente solidaria que el amado Guardián describe en muchos de sus mensajes, una relación que la Asamblea Espiritual Local debe establecer con el creyente.

Evidentemente, aprender a consultar sobre asuntos específicos que guardan relación con el Plan global, por crítico que resulte, no representa más que una dimensión del proceso de construcción de capacidad al que la Asamblea Espiritual Local debe dedicarse. El desarrollo de esta capacidad de forma continuada conllevará la observancia del mandamiento formulado por ‘Abdu’l-Bahá de que «las discusiones se deben limitar todas a asuntos espirituales que conciernan a la capacitación de las almas, la educación de los niños, el socorro de los pobres, la ayuda a los débiles provenientes de todas las clases del mundo; bondad para con todas las gentes, difusión de las fragancias de Dios y la exaltación de Su Santa Palabra». Su avance sostenido requiere de un compromiso inflexible por promover los mejores intereses de la comunidad y de vigilancia para proteger el proceso de crecimiento de las fuerzas de la decadencia moral que amenazan paralizarlo. Su progreso constante exige un sentido de responsabilidad que transciende el círculo de amigos y de familias que participan en las actividades básicas, para abarcar a toda la población de la aldea. Y es la fe inquebrantable en la promesa de ‘Abdu’l-Bahá de que Él envolverá a cada Asamblea Espiritual en el abrazo de Su cuidado y protección lo que sostiene su maduración paulatina.

Guarda relación con este surgimiento de la conciencia colectiva la capacidad creciente de la Asamblea para evaluar y utilizar adecuadamente los recursos, financieros y de otra índole, tanto para apoyar las actividades de la comunidad como para cumplir sus funciones administrativas. Estas, con el tiempo, pueden incluir el nombramiento juicioso de comités y el mantenimiento de modestas instalaciones para su funcionamiento. No menos vital es su capacidad para fomentar un ambiente que conduzca a la participación de grandes números de personas en la acción unificada y para asegurar que sus energías y talentos contribuyan al progreso. En todos estos aspectos, el bienestar espiritual de la comunidad sigue siendo prioritario en la mente de la Asamblea. Y cuando, de manera inevitable, surgen problemas, bien sea que estén relacionados con alguna actividad o entre las personas, estos serán abordados por una Asamblea Espiritual Local que se habrá ganado la confianza de todos los miembros de la comunidad, hasta tal punto que recurrirán a ella de manera natural en busca de ayuda. Esto implica que la Asamblea habrá aprendido en la experiencia a ayudarles a los creyentes a dejar a un lado las actitudes divisivas propias de una mentalidad partidista, a encontrar las semillas de la unidad, aun en las situaciones más confusas y espinosas, y a nutrirlas lenta y amorosamente, sosteniendo en todo momento el estandarte de la justicia.

Hemos indicado en el pasado que a medida que el tamaño de la comunidad y su capacidad para mantener su vigor vaya aumentando, los amigos se sentirán mucho más atraídos hacia la vida de la sociedad y ante el reto de aprovechar los enfoques que han desarrollado para abordar la gama de asuntos que afronta su aldea. La coherencia, tan esencial para el crecimiento logrado hasta ahora y tan fundamental en el marco de acción que va evolucionando del Plan, adquiere ahora una nueva dimensión. Mucho recaerá sobre la Asamblea Local, no como ejecutora de proyectos sino como la voz de la autoridad moral, para asegurarse de que, mientras los amigos se esfuerzan por aplicar las enseñanzas de la Fe en el mejoramiento de las condiciones mediante un proceso de acción, reflexión y consulta, no se comprometa la integridad de sus iniciativas.

Nuestro mensaje de Riḍván describía la naturaleza de la acción social en el nivel de las bases y las condiciones que debe cumplir. Por lo general, los esfuerzos en una aldea comienzan a pequeña escala, quizás mediante el surgimiento de un grupo de amigos, cada uno interesado en responder a una necesidad social o económica específica que han identificado, y cada uno llevando a cabo un conjunto de acciones sencillas apropiadas. La consulta en la Fiesta de Diecinueve Días crea un espacio para que la creciente conciencia social de la comunidad se exprese de forma constructiva. Cualquiera que sea la naturaleza de las actividades que se emprenden, la Asamblea Local tiene que estar atenta a las posibles dificultades y ayudar a los amigos, si es necesario, a mantenerse alejados de ellas: el dejarse deslumbrar por proyectos excesivamente ambiciosos que consumirán las energías y a la larga resultarán insostenibles; la tentación de buscar donaciones financieras que obligarán a desviarse de los principios bahá’ís; las promesas de tecnologías presentadas engañosamente y que despojarán a la aldea de su patrimonio cultural y conducirán al desacuerdo y la fragmentación. Con el tiempo, la fortaleza del proceso de instituto en la aldea y el aumento de las capacidades con que ha dotado a los individuos les permitirán aprovechar métodos y programas de efectividad comprobada que han sido desarrollados por alguna de las organizaciones de inspiración bahá’í, y que han sido introducidos en la agrupación a propuesta de nuestra Oficina de Desarrollo Social y Económico y con su apoyo. Además, la Asamblea deberá aprender a interactuar con las estructuras sociales y políticas de la localidad, creando conciencia paulatinamente de la presencia de la Fe y de la influencia que está ejerciendo sobre el progreso de la aldea.

Lo esbozado en párrafos anteriores representa tan sólo algunas de las cualidades que desarrollarán gradualmente las Asambleas Espirituales Locales en muchas de las aldeas del mundo, al ocuparse de las necesidades de comunidades que acogen a un número creciente de personas. A medida que manifiestan cada día más sus capacidades y poderes latentes, los habitantes de la aldea verán a sus miembros como «los fiduciarios del Misericordioso entre los hombres». Así, estas Asambleas llegarán a ser «lámparas brillantes y jardines celestiales, desde los cuales se difunden sobre todas las regiones las fragancias de la santidad, y las luces del conocimiento se derraman sobre todas las cosas creadas. Proveniente de ellas discurre el espíritu de vida en todas las direcciones».

Naturalmente, esta visión tan elevada se refiere por igual a todas las Asambleas Espirituales Locales de todo el mundo. Aun en un área metropolitana grande, la naturaleza del desarrollo de una Asamblea es fundamentalmente la misma que la que se trazó anteriormente. Las diferencias entre unas y otras radican principalmente en el tamaño y la diversidad de la población. La primera requiere de la división del área de jurisdicción de la Asamblea en sectores en función de las exigencias del crecimiento y de la introducción paulatina de mecanismos de administración de los asuntos de la Fe en cada uno de ellos. La segunda obliga a la Asamblea a familiarizarse con los múltiples espacios sociales, más allá de los geográficos, donde se agrupan los segmentos de la población, y a ofrecerles, en la medida de lo posible, la sabiduría contenida en las enseñanzas. Además, las estructuras institucionales —sociales, políticas y culturales— en un área urbana con las que tendrá que aprender a interactuar la Asamblea son más numerosas y de cobertura más amplia.