El Llamamiento del Señor de las Huestes

Papa Pío IX

¡Oh Papa! Desgarra los velos. Aquel que es el Señor de Señores ha llegado encubierto por nubes, y se ha cumplido el decreto de Dios, el Todopoderoso, el Libre. Disipa las nieblas mediante el poder de tu Señor, y asciende al Reino de Sus nombres y atributos. Así te lo ha ordenado la Pluma del Altísimo por mandato de tu Señor, el Todopoderoso, el Imponente. Él, en verdad, ha descendido nuevamente del Cielo tal como descendió de él la primera vez. Cuida de no disputar con Él tal como disputaron con Él los fariseos, sin una prueba clara o demostración. A Su diestra fluyen las aguas vivas de la gracia y a Su siniestra, el Vino selecto de la justicia, mientras ante Él desfilan los ángeles del Paraíso, portando los estandartes de Sus signos. Ten cuidado, no sea que permitas que algún nombre te separe de Dios, el Creador de la tierra y del cielo. Deja atrás el mundo y vuélvete hacia tu Señor, mediante Quien se ha iluminado toda la tierra.

Hemos adornado el Reino con el ornamento de Nuestro nombre, el Todoglorioso. Así ha sido decretado por Dios, el Artífice de todas las cosas. Cuida de que no te retengan tus vanas imaginaciones, una vez que el Sol de la Certeza ha brillado sobre el horizonte de la Expresión de tu Señor, el Poderoso, el Benéfico. ¿Habitas en palacios cuando Aquel que es el Rey de la Revelación vive en la más desolada de las moradas? Déjalos para quienes los deseen y vuelve tu rostro hacia el Reino, con alegría y deleite.

Di: ¡Oh pueblos de la tierra! Destruid las moradas de la negligencia con las manos del poder y la certidumbre, y erigid las mansiones del verdadero conocimiento dentro de vuestros corazones, para que el Todomisericordioso derrame sobre ellas el fulgor de Su luz. Mejor es esto para vosotros que cualquier otra cosa sobre la que brilla el sol, y de ello da fe Aquel que tiene en Sus manos el decreto último. La Brisa de Dios ha soplado sobre el mundo tras el advenimiento del Deseado en Su gran gloria, ante lo cual cada piedra y cada terrón de arcilla ha exclamado: «¡El Prometido ha llegado! El Reino es de Dios, el Poderoso, el Magnánimo, el Perdonador».

Cuidado, no sea que el conocimiento humano te impida acercarte a Aquel que es el Objeto Supremo de todo conocimiento, o que el mundo te aleje de Quien lo creó y lo puso en su rumbo. Levántate entre los pueblos de la tierra, en el nombre de tu Señor, el Dios de Misericordia, y toma la Copa de la Vida con las manos de la confianza. Bebe tú primero de ella, y ofrécela luego a quienes se vuelvan hacia ella de entre las gentes de todos los credos. Así se ha elevado la Luna de la Expresión sobre el horizonte de la sabiduría y el entendimiento.

Desgarra los velos del conocimiento humano, no sea que te separen de Aquel que es Mi nombre, Quien subsiste por Sí mismo. Acuérdate de Aquel que era el Espíritu, contra Quien, a Su llegada, los más eruditos de Su época dictaron sentencia en Su propio país, mientras que aquel que era un simple pescador creyó en Él. ¡Tened cuidado, pues, hombres de corazón comprensivo! Tú eres, en verdad, uno de los soles del cielo de Sus nombres. Cuidate, no sea que la oscuridad extienda sus velos sobre ti y te excluya de Su luz. Medita, pues, sobre lo que ha sido enviado en el Libro por tu Señor, el Omnipotente, el Munífico.

Di: Detened vuestras plumas, oh concurso de teólogos, pues he aquí que la voz estremecedora de la Pluma de Gloria se ha levantado entre la tierra y el cielo. Desechad todo lo que poseéis y aferraos firmemente a lo que os hemos revelado con poder y autoridad. Ha sonado la Hora que se hallaba oculta en el conocimiento de Dios, ante lo cual todos los átomos de la tierra han proclamado: «¡El Anciano de Días ha llegado en Su gran gloria! Acudid presurosos a Él, oh pueblos de la tierra, con corazones humildes y contritos». Di: Nos, en verdad, hemos ofrendado Nuestro Ser en rescate por vuestras propias vidas. Lástima que, cuando vinimos de nuevo, vimos que Nos rehuíais, ante lo cual los ojos de Mi ternura lloraron por Mi pueblo. Temed a Dios, oh personas dotadas de percepción.

Considera a quienes se opusieron al Hijo, cuando vino a ellos con soberanía y poder. ¡Cuántos fariseos esperaban verlo y se lamentaban de su separación de Él! No obstante, cuando la fragancia de Su venida se esparció sobre ellos y se desveló Su belleza, se apartaron de Él y disputaron con Él. Así te comunicamos lo que ha sido consignado en los Libros y las Escrituras. A excepción de unos cuantos, que estaban desprovistos de poder alguno entre los hombres, nadie se volvió hacia Su rostro. Y, no obstante, hoy, toda persona dotada de poder e investida de soberanía se enorgullece de Su Nombre. De igual manera, considera cuántos son los monjes que hoy, en Mi Nombre, se han recluido en sus iglesias y que, cuando llegó la hora fijada y desvelamos Nuestra belleza, no Nos conocieron, a pesar de que Me invocan al atardecer y al alba. Los vemos aferrados a Mi nombre, pero apartados de Mi Ser como por velos. Esto es, en verdad, una cosa extraña.

Di: Cuidado, no sea que vuestras devociones os mantengan apartados de Aquel que es el objeto de toda devoción, o vuestra adoración os impida el acceso a Aquel que es el objeto de toda adoración. ¡Desgarrad los velos de vuestras vanas fantasías! Este es vuestro Señor, el Omnipotente, el Omnisapiente, Quien ha venido para dar vida al mundo y unir a todos los que habitan la tierra. Volveos hacia el Alba de la Revelación, oh pueblo, y no os demoréis ni por menos de un abrir y cerrar de ojos. ¿Leéis el Evangelio y, sin embargo, os negáis a reconocer al Señor Todoglorioso? ¡Esto de verdad no es digno de vosotros, oh concurso de eruditos!

Di: Si negáis esta Revelación, ¿mediante qué prueba habéis creído en Dios? Presentadla, entonces. Así ha sido enviado el llamamiento de Dios a través de la Pluma del Altísimo por orden de vuestro Señor, el Más Glorioso, en esta Tabla desde cuyo horizonte ha brillado el esplendor de Su Luz. ¡Cuántos son Mis siervos cuyos actos se han convertido en velos interpuestos entre ellos y su propio ser, y por ello se han visto impedidos de acercarse a Dios, Quien hace soplar los vientos!

¡Oh concurso de monjes! Las fragancias del Todomisericordioso se han esparcido por toda la creación. Feliz aquel que ha abandonado sus deseos y se ha asido firmemente a la guía. En verdad, él es de aquellos que han alcanzado la presencia de Dios en este Día, un Día en que las conmociones han sobrecogido a los moradores de la tierra y han llenado de consternación a todos salvo quienes han sido eximidos por Dios, Quien hace doblegar la cerviz de los hombres.

¿Adornáis vuestros cuerpos mientras la vestidura de Dios está mancillada por la sangre del odio a manos de la gente de la negación? Salid de vuestras moradas e invitad a la gente a entrar en el Reino de Dios, el Señor del Día del Juicio. La Palabra que el Hijo mantuvo oculta se ha puesto de manifiesto. Ha sido enviada en la forma del templo humano en este día. ¡Bendito sea el Señor, que es el Padre! Él, verdaderamente, ha venido a las naciones en Su mayor majestad. ¡Volved los rostros hacia Él, oh concurso de los justos!

¡Oh seguidores de todas las religiones! Os vemos vagar errantes por los yermos del error. Vosotros sois los peces de este Océano; ¿cómo, pues, os priváis de aquello que os sostiene? Aquí está, ondulando ante vuestro rostro. Acudid a él desde todas las regiones. Este es el día en que la Roca levanta la voz y exclama, y celebra la alabanza de su Señor, Quien todo lo posee, el Altísimo, diciendo: «¡Mirad! ¡El Padre ha venido, y se ha cumplido aquello que se os prometió en el Reino!» Esta es la Palabra preservada tras los velos de grandeza que, cuando se cumplió la Promesa, derramó su resplandor desde el horizonte de la Voluntad divina con signos inequívocos.

Mi cuerpo ha soportado el encarcelamiento para que vuestras almas sean liberadas de la esclavitud, y hemos consentido ser humillados para que vosotros seáis exaltados. Seguid al Señor de la gloria y el dominio, y no a todo opresor impío. Mi cuerpo anhela la cruz y Mi cabeza espera el golpe de la lanza, en el camino del Todomisericordioso, para que el mundo sea purgado de sus transgresiones. Así ha brillado el Sol de la autoridad divina desde el horizonte de la Revelación de Quien es el Poseedor de todos los nombres y atributos.

El pueblo del Corán se ha levantado contra Nos, y Nos ha atormentado con tal tormento que el Espíritu Santo se ha lamentado, el trueno ha retumbado y las nubes han llorarado por Nos. Entre los infieles se encuentra el que ha imaginado que las calamidades pueden impedir que Bahá cumpla lo que Dios, el Creador de todas las cosas, Se ha propuesto. Di: ¡No, por Aquel que hace que caiga la lluvia! Nada en absoluto puede separarlo a Él del recuerdo de Su Señor.

¡Por la rectitud de Dios! Si Lo echan a un fuego encendido en el continente, sin duda Él levantará la cabeza en el medio del océano y proclamará: «¡Él es el Señor de todos los que están en el cielo y todos los que están en la tierra!» Y si Lo arrojan a un foso oscuro, Lo hallarán sentado en las cumbres más elevadas de la tierra, anunciando en alta voz a toda la humanidad: «He aquí que el Deseo del mundo ha venido en Su majestad, Su soberanía y Su trascendente dominio». Y si Lo sepultan en las profundidades de la tierra, Su Espíritu, remontándose a lo más alto del cielo, hará resonar este llamamiento: «Contemplad la venida de la Gloria; presenciad el Reino de Dios, el Santísimo, el Benévolo, el Todopoderoso». Y si derraman Su sangre, cada gota clamará e invocará a Dios en este Nombre mediante el cual se ha difundido por doquier la fragancia de Su vestidura.

Aunque amenazado por las espadas de Nuestros enemigos, convocamos a toda la humanidad a dirigirse hacia Dios, el Artífice de la tierra y del cielo, y Le rendimos tal ayuda que no puede ser frenada ni por las huestes de la tiranía ni por el ascendiente de la gente de la iniquidad. Di: ¡Oh pueblos de la tierra! Dispersad los ídolos de vuestras vanas imaginaciones en el nombre de vuestro Señor, el Gloriosísimo, el Omnisciente, y volveos a Él en este Día que Dios ha hecho el Rey de los días.

¡Oh Sumo Pontífice! Presta oído a aquello que te aconseja el Remodelador de huesos que se deshacen, y expresa Aquel que es Su Más Grande Nombre. Vende todos los fastuosos adornos que posees y empléalos en el camino de Dios, Quien hace que la noche suceda al día y el día siga a la noche. Abandona tu reino a los reyes y sal de tu morada con el rostro vuelto hacia el Reino y, desprendido del mundo, proclama entonces las alabanzas de tu Señor entre la tierra y el cielo. Así te lo ordena Aquel que es el Poseedor de los Nombres, de parte de tu Señor, el Todopoderoso, el Omnisapiente. Exhorta a los reyes y di: «Tratad a las gentes con equidad. Cuidado no transgredáis los límites fijados en el Libro». Verdaderamente, esto es lo que te corresponde. Cuidado, no sea que te apropies de las cosas del mundo y de sus riquezas. Déjaselas a quienes las deseen y aférrate a lo que te ha sido ordenado por Aquel que es el Señor de la creación. Si alguien te ofreciera todos los tesoros de la tierra, rehúsa siquiera mirarlos. Sé como ha sido tu Señor. Así ha pronunciado la Lengua de la Revelación aquello que Dios ha hecho que sea el ornamento del libro de la creación.

Considera una perla que brilla en virtud de su naturaleza inherente. Si se cubre de seda, su lustre y belleza quedarán ocultos. De igual modo, la distinción del hombre reside en la excelencia de su conducta y en la búsqueda de aquello que corresponde a su rango, no en juegos y pasatiempos infantiles. Has de saber que tu verdadero adorno consiste en el amor a Dios y en tu desprendimiento de todo salvo de Él, y no en los lujos que posees. Abandónalos a quienes los ambicionan y vuélvete hacia Dios, Quien hace que fluyan los ríos.

Todo lo que profirió la lengua del Hijo fue revelado en parábolas, mientras que Aquel que proclama la Verdad en este Día habla sin ellas. Cuidado no sea que te aferres al cordón de ociosas fantasías y te prives de lo que ha sido ordenado en el Reino de Dios, el Omnipotente, el Munífico. Si te sobrecogiera la embriaguez del vino de Mis versículos, y decidieras presentarte ante el trono de tu Señor, el Creador de la tierra y del cielo, haz de Mi amor tu vestidura, y del recuerdo de Mí tu escudo, y de la confianza en Dios, el Revelador de todo poder, tu provisión.

¡Oh seguidores del Hijo! Una vez más os hemos enviado a Juan, y Él, verdaderamente, ha clamado en el desierto del Bayán: ¡Oh pueblos del mundo! ¡Purificad vuestros ojos! ¡Ha llegado el Día en que podéis contemplar al Prometido y alcanzar Su presencia! ¡Oh seguidores del Evangelio! ¡Preparad el camino! ¡El Día del advenimiento del Glorioso Señor está muy cercano! Preparaos para entrar en el Reino. Así ha sido ordenado por Dios, Quien hace despuntar el alba.

Prestad oído a lo que gorjea la Paloma de la Eternidad en las ramas del divino Árbol del Loto: ¡Oh seguidores del Hijo! Enviamos a quien se llamaba Juan a bautizaros con agua para que vuestros cuerpos fueran limpiados para la aparición del Mesías. Él, a su vez, os purificó con el fuego del amor y el agua del espíritu en previsión de estos Días en que el Todomisericordioso ha deseado limpiaros con el agua de la vida a manos de Su amorosa providencia. Este es el Incomparable que predijo Isaías, y el Consolador, respecto de Quien el Espíritu pactó una alianza con vosotros. Abrid los ojos, oh concurso de obispos, para que veáis a vuestro Señor sentado en el Trono del poder y la gloria.

Di: ¡Oh gentes de todas las creencias! No vayáis tras los pasos de quienes siguieron a los fariseos y por ello se privaron del Espíritu. Verdaderamente se han extraviado y han caído en el error. La Antigua Belleza ha venido en Su Más Gran Nombre y desea admitir a toda la humanidad en Su Reino sacratísimo. Los puros de corazón contemplan el Reino de Dios manifiesto ante Su Rostro. Apresuraos en ir a él y no sigáis al infiel y al impío. ¡Si vuestro ojo se opusiera, arrancáoslo! Así ha sido decretado por la Pluma del Anciano de Días, por orden de Quien es el Señor de toda la creación. Él, verdaderamente, ha venido de nuevo para que seáis redimidos, oh pueblos de la tierra. ¿Daréis muerte a Quien desea concederos vida eterna? Temed a Dios, oh seres dotados de visión.

¡Oh gentes! Prestad atención a lo que ha sido revelado por vuestro Señor Todoglorioso, y volved el rostro hacia Dios, el Señor de este mundo y del mundo venidero. Así os lo ordena Quien es el Alba del Sol de la inspiración divina por mandato del Artífice de toda la humanidad. Verdaderamente, os hemos creado para la luz y no deseamos abandonaros al fuego. Salid de la oscuridad, oh gentes, por la gracia de este Sol que ha brillado en el horizonte de la providencia divina, y volveos a él con el corazón santificado y el alma segura, ojos que ven y rostro radiante. Así os lo aconseja el Supremo Ordenador desde la escena de Su trascendente gloria, para que quizás Su llamado os acerque al Reino de Sus nombres.

Bienaventurado el que haya permanecido fiel a la Alianza de Dios, ¡y ay de aquel que la ha quebrantado y no ha creído en Él, el Conocedor de los secretos! Di: ¡Este es el Día de la Merced! Levantaos para que Yo os haga monarcas en los dominios de Mi Reino. Si Me seguís, veréis aquello que os fue prometido y os convertiré para siempre en Mis compañeros en el dominio de Mi majestad, y en amigos íntimos de Mi belleza en el cielo de Mi poder. Si os rebeláis contra Mí, lo soportaré con paciencia, en Mi clemencia, para que, por ventura, os despertéis y os levantéis del lecho de la negligencia. Así os ha envuelto Mi misericordia. Temed a Dios y no sigáis el camino de los que se han apartado de Su rostro, aunque de día y de noche invoquen Su nombre.

Verdaderamente, ha llegado el día de la cosecha, y todas las cosas han sido separadas unas de otras. Él ha guardado lo que escogió en las vasijas de la justicia y ha arrojado al fuego lo que le es propio. Así ha sido decretado por tu Señor, el Poderoso, el Amoroso, en este Día prometido. Él, verdaderamente, ordena lo que desea. No hay otro Dios sino Él, el Todopoderoso, el Imponente. El deseo del Divino Cernedor ha sido atesorar todo lo bueno para Mi propio Ser. Nada ha expresado que no sea para daros a conocer Mi Causa y guiaros al camino de Aquel cuya mención ha adornado todos los Libros sagrados.

Di: ¡Oh concurso de cristianos! En una ocasión anterior Nos revelamos a vosotros y no Me reconocisteis. Esta es una nueva ocasión que se os ha otorgado. Este es el Día de Dios; volveos hacia Él. Ciertamente, Él ha descendido del cielo tal como lo hizo la primera vez, y desea daros abrigo al amparo de Su misericordia. Él, verdaderamente, es el Exaltado, el Poderoso, el Auxiliador Supremo. Al Amado no Le complace que os consumáis en el fuego de vuestros deseos. Si quedarais separados de Él como por un velo, no sería por otro motivo que vuestra propia rebeldía e ignorancia. Hacéis mención de Mí, y no Me conocéis. Me llamáis, y no prestáis atención a Mi Revelación, a pesar de que vine a vosotros desde el cielo de la preexistencia con suprema gloria. Rasgad los velos en Mi nombre y mediante el poder de Mi soberanía, para que descubráis un camino hacia vuestro Señor.

El Rey de la Gloria proclama Su llamado desde el tabernáculo de majestad y grandeza, diciendo: ¡Oh pueblo del Evangelio! Aquellos que no estaban en el Reino han entrado en él ahora, en tanto que a vosotros os vemos, en este día, detenidos ante la entrada. Apartad los velos mediante el poder de vuestro Señor, el Todopoderoso, el Munífico, y entrad, entonces, en Mi Reino, en Mi nombre. Así os lo ordena Quien desea para vosotros la vida eterna. Él, verdaderamente, tiene poder sobre todas las cosas. Benditos quienes han reconocido la Luz y se han apresurado en ir hacia ella. Ellos, verdaderamente, habitan en el Reino y participan del alimento y la bebida de los escogidos de Dios.

Os vemos en la oscuridad, oh hijos del Reino. Esto, ciertamente, no es digno de vosotros. ¿Os sentís temerosos ante la Luz debido a vuestros actos? Dirigíos hacia Él. Vuestro Señor Todoglorioso ha bendecido Sus tierras con Sus pasos. Así os señalamos de forma clara el camino de Aquel a Quien profetizó el Espíritu. Yo, en verdad, doy testimonio de Él, al igual que Él ha dado testimonio de Mí. Ciertamente, Él dijo: «Seguidme y Yo os haré pescadores de hombres». Sin embargo, Nos, en este día, decimos: «Seguidme para que hagamos de vosotros vivificadores de la humanidad». Así ha inscrito el decreto en esta Tabla la Pluma de la Revelación.

¡Oh Pluma del Altísimo! Ponte en movimiento para recordar a otros reyes en este bendito y luminoso Libro, para que tal vez se levanten del lecho de la negligencia y presten oído a lo que canta el Ruiseñor sobre las ramas del divino Árbol del Loto, y se apresuren a ir hacia Dios en esta maravillosa y sublime Revelación.