El Llamamiento del Señor de las Huestes

Napoleón III

¡Oh Rey de París! Di a los sacerdotes que no hagan sonar más las campanas. ¡Por Dios, el Verdadero! La Más Grandiosa Campana ha aparecido en la forma de Aquel que es el Más Grande Nombre, y los dedos de la Voluntad de Tu Señor, el Mas Exaltado, el Altísimo, la tañen en el cielo de la Inmortalidad en Su nombre, el Todoglorioso. Así te han sido enviados, de nuevo, los magnos versículos de Tu Señor para que te dispongas a recordar a Dios, el Creador de la tierra y del cielo, en estos días en que todas las tribus de la tierra se han lamentado, y se han tambaleado los cimientos de las ciudades, y el polvo de la irreligión ha envuelto a todas las almas, excepto a las que Dios, el Omnisapiente, el Sapientísimo, ha tenido a bien eximir. Di: Aquel que es el Libre ha venido en las nubes de la luz para despertar al mundo con las brisas de Su nombre, el Más Misericordioso, y unir a sus pueblos y reunir a todos los seres alrededor de esta Mesa que ha sido enviada desde el cielo. Cuidado, no sea que neguéis el favor de Dios una vez que se ha hecho descender sobre vosotros. Mejor es esto para vosotros que todo cuanto poseéis, porque lo que es vuestro perece, mientras que lo que está con Dios perdura. Él, en verdad, ordena lo que es Su voluntad. Ciertamente, las brisas del perdón han soplado desde la dirección de vuestro Señor, el Dios de Misericordia. Quien a ellas se dirija será purificado de sus pecados y de todo dolor y enfermedad. Feliz el que se ha vuelto hacia ellas y ¡ay de quien se ha desviado!

Si fueras a inclinar tu oído interior hacia todas las cosas creadas, oirías: «¡El Anciano de Días ha venido en Su gran gloria!» Todo celebra la alabanza de su Señor. Algunos han conocido a Dios y Lo recuerdan; otros Lo recuerdan pero no Lo conocen. Así hemos registrado Nuestro decreto en una clara Tabla.

Presta oído, oh Rey, a la Voz que llama desde el Fuego que arde en este verde Árbol, en este Sinaí que se ha elevado por sobre el Punto santificado y níveo, más allá de la Ciudad Eterna: «Ciertamente no hay otro Dios sino Yo, Quien siempre perdona, el Más Misericordioso». Nos, en verdad, hemos enviado a Quien ayudamos con el Espíritu Santo para que os anuncie esta Luz que ha resplandecido en el horizonte de la Voluntad de vuestro Señor, el Más Exaltado, el Todoglorioso, y Cuyos signos se han revelado en el Occidente. Dirigid vuestros rostros hacia Él en este Día que Dios ha ensalzado sobre todos los demás días, y en el cual el Todomisericordioso ha derramado el esplendor de Su refulgente gloria sobre todos los que están en el cielo y todos los que están en la tierra. Disponte a servir a Dios y a ayudar a Su Causa. Él, en verdad, te asistirá con las huestes de lo visible y lo invisible y te erigirá en rey de todo lo que hay bajo el sol. Tu Señor, en verdad, es el Todopoderoso, el Omnipotente.

Las brisas del Más Misericordioso han soplado sobre todas las cosas creadas. Feliz el que ha descubierto su fragancia y se ha dirigido hacia ellas con un corazón firme. Adorna tu templo con el ornamento de Mi Nombre, y tu lengua con Mi recuerdo, y tu corazón con el amor por Mí, el Todopoderoso, el Altísimo. No hemos deseado sino lo que te beneficia más que cuanto posees y que todos los tesoros de la tierra. Tu Señor, verdaderamente, es sapiente y conocedor de todo. Levántate, en Mi Nombre, en medio de Mis siervos, y di: «¡Oh pueblos de la tierra! Volveos hacia Aquel que Se ha vuelto hacia vosotros. Él, ciertamente, es el Rostro de Dios entre vosotros, y Su Testimonio y Su Guía para vosotros. Él ha venido a vosotros con señales que nadie puede aducir». La voz de la Zarza Ardiente se ha levantado en el mismísimo corazón del mundo, y el Espíritu Santo llama en voz alta a las naciones diciendo: «¡He aquí, el Deseado ha venido con dominio manifiesto!»

¡Oh Rey! Han caído las estrellas del cielo del conocimiento, aquellos que pretenden establecer la verdad de Mi Causa mediante las cosas que poseen, y hacen mención de Dios en Mi Nombre. Y, sin embargo, cuando llegué a ellos en Mi gloria, se apartaron. Ellos, en verdad, son de los caídos. Esto es verdaderamente lo que anunció el Espíritu de Dios cuando vino a vosotros con la verdad, Aquel a Quien los doctos judíos pusieron en entredicho, hasta que finalmente perpetraron lo que hizo que el Espíritu Santo se lamentase y que corrieran las lágrimas de los que se encuentran cerca de Dios. Considera cómo un fariseo que había adorado a Dios durante setenta años repudió al Hijo cuando apareció, mientras que quien había cometido adulterio tuvo acceso al Reino. Así te advierte la Pluma por orden del Rey Eterno, para que te apercibas de lo que ocurrió en tiempos pasados y seas contado en este día entre los verdaderos creyentes.

Di: ¡Oh concurso de monjes! No os recluyáis en vuestros claustros e iglesias. Salid de ellos con Mi asentimiento y ocupaos, entonces, con lo que os ha de aprovechar a vosotros y a otros. Así os ordena Quien es el Señor del Día del Juicio. Recluíos en la fortaleza de Mi amor. Este, en verdad, es el retiro que os conviene, si tan solo lo supierais. Aquel que se enclaustra en su casa es en realidad como un muerto. Incumbe al hombre poner de manifiesto lo que ha de beneficiar a la humanidad. Quien no produce fruto sirve para el fuego. Así os advierte vuestro Señor. Él es, verdaderamente, el Poderoso, el Munífico. Contraed matrimonio, para que tras vosotros aparezca otro en vuestro lugar. Nos, ciertamente, os hemos prohibido la lujuria, y no lo que conduce a la fidelidad. ¿Os habéis aferrado a los impulsos de vuestra naturaleza, y habéis desechado las leyes de Dios? Temed a Dios y no seáis de los necios. Si no fuera por el hombre, ¿quién Me recordaría en Mi tierra, y cómo podrían revelarse Mis atributos y Mis nombres? Reflexionad y no seáis de los que se han apartado como por un velo de Él y han sido de los que están profundamente dormidos. Aquel que no contrajo matrimonio no pudo encontrar lugar donde morar ni donde reclinar la cabeza, a causa de lo que las manos de los traidores habían forjado. Su santidad no consistía en las cosas que habéis creído e imaginado, sino más bien en las cosas que Nos pertenecen. Preguntad, para que seáis informados de Su condición, que ha sido exaltada por encima de las vanas imaginaciones de todos los pueblos de la tierra. Bienaventurados los que comprenden.

¡Oh Rey! Oímos las palabras que pronunciaste en respuesta al Zar de Rusia sobre la decisión tomada en cuanto a la guerra. Tu Señor, ciertamente, sabe, y está informado de todo. Dijiste: «Dormía en mi lecho cuando me despertó el llanto de los oprimidos, ahogados en el Mar Negro». Esto es lo que te oímos decir y, ciertamente, tu Señor da testimonio de lo que digo. Aseveramos que lo que te despertó no fue su llanto, sino los impulsos de tus propias pasiones, pues te pusimos a prueba y te hallamos deficiente. Comprende el significado de Mis palabras y sé de los que disciernen. No es Nuestro deseo dirigirte palabras de condena, en consideración a la dignidad que te hemos conferido en esta vida mortal. Nos, en verdad, hemos escogido la cortesía y la hemos hecho el rasgo distintivo de los que están cerca de Él. La cortesía es, en verdad, un atavío que viene bien a todos, ya sean jóvenes o mayores. Bienaventurado aquel que adorna su templo con ella, y ¡ay del que esté privado de este gran don! Si hubieras sido sincero en tus palabras, no habrías arrojado tras de ti el Libro de Dios cuando te fue enviado por Aquel que es el Todopoderoso, el Sapientísimo. Te hemos puesto a prueba con él y vemos que eres distinto de lo que profesas. Levántate y haz enmiendas por lo que se te ha escapado. Dentro de poco, el mundo y todo lo que posees perecerá, y el reino permanecerá junto a Dios, tu Señor y el Señor de tus padres de antaño. Te incumbe no dirigir tus asuntos de acuerdo con los dictados de tus deseos. Teme los suspiros de este Agraviado, y protégelo de los dardos de los que actúan injustamente.

Debido a lo que has hecho, tu reino caerá en la confusión y el imperio se te escapará de las manos en castigo por tus obras. Entonces sabrás cuán claramente has errado. Las conmociones se apoderarán de todas las gentes en esa tierra, a menos que te dispongas a ayudar a esta Causa y sigas a Quien es el Espíritu de Dios en este Camino Recto. ¿Te ha vuelto orgulloso tu magnificencia? ¡Por Mi vida! No perdurará; es más, pronto desaparecerá, a menos que te aferres a esta firme Cuerda. Vemos la humillación que te acecha, en tanto que eres de los que están profundamente dormidos. Cuando oigas Su Voz que llama desde la sede de gloria, te incumbe desechar todo lo que posees y exclamar: «Aquí estoy, oh Señor de todo lo que está en los cielos y de todo lo que está en la tierra».

¡Oh Rey! Estábamos en Iráq cuando llegó la hora de la partida. Por orden del Rey del islam, encaminamos Nuestros pasos en dirección a él. En cuanto llegamos, Nos acaeció a manos de los malévolos lo que los libros del mundo jamás podrán referir adecuadamente. En ese momento se lamentaron los moradores del Paraíso y quienes habitan en los retiros de santidad; ¡y, aun así, las gentes están envueltas en un tupido velo! Di: ¿Ponéis reparos a Aquel que ha venido a vosotros con la clara evidencia de Dios y Su prueba, el testimonio de Dios y Sus signos? Estas cosas no proceden de Él mismo; al contrario, provienen de Aquel que Lo ha erigido, Lo ha enviado mediante el poder de la verdad y ha hecho que sea una lámpara para toda la humanidad.

Más penosa se tornaba Nuestra situación día tras día; es más, de hora en hora, hasta que Nos sacaron de Nuestra prisión y, con flagrante injusticia, Nos hicieron entrar en la Más Grande Prisión. Y si alguien les preguntara: «¿Por qué crimen han sido encarcelados?», responderían diciendo: «¡En verdad, han pretendido sustituir la Fe por una nueva religión!» Si lo antiguo es lo que preferís, ¿por qué motivo, entonces, habéis desechado lo que ha sido decretado en la Tora y en el Evangelio? ¡Aclaradlo, oh pueblo. ¡Por mi vida! No hay lugar adonde podáis huir en este día. Si este es Mi crimen, entonces Muḥammad, el Apóstol de Dios, lo cometió antes que Yo; y, antes de Él, Aquel que era el Espíritu de Dios; y, antes aún, Quien conversó con Dios. Y si Mi pecado fuera que he exaltado la Palabra de Dios y revelado Su Causa, entonces, ¡ciertamente, soy el mayor de los pecadores! Un pecado semejante no lo trocaré por los reinos de la tierra y del cielo.

Tras Nuestra llegada a esta Prisión, Nos propusimos transmitir a los reyes los mensajes de su Señor, el Poderoso, el Más Alabado. Aunque ya les hemos comunicado en varias Tablas lo que se Nos había ordenado, lo hacemos nuevamente como una muestra de la gracia de Dios, para que tal vez reconozcan al Señor, Quien ha descendido en las nubes con soberanía manifiesta.

A medida que Mis tribulaciones se multiplicaban, aumentaba Mi amor por Dios y por Su Causa, de tal manera que nada de lo que Me sucedía a causa de las huestes de los díscolos conseguía desviarme de Mi propósito. Si Me escondieran en las profundidades de la tierra, con todo me encontrarían cabalgando en las nubes de lo alto e invocando a Dios, el Señor de la fuerza y el poder. Me he ofrendado en el camino de Dios, y ansío las tribulaciones en Mi amor por Él y en aras de Su complacencia. De esto dan testimonio los infortunios que ahora Me afligen, cuyo igual jamas ha padecido ningún otro ser. Cada uno de los cabellos de Mi cabeza proclama lo que la Zarza Ardiente profirió en el Sinaí, y cada vena de Mi cuerpo invoca a Dios diciendo: «¡Ojalá hubiera sido cortada en Tu camino, para que el mundo fuera vivificado y todos sus pueblos se unieran!» Así ha sido decretado por Aquel que es el Omnisciente, el Informado de todo.

Sabed en verdad que vuestros súbditos son el legado de Dios entre vosotros. Velad por ellos, por tanto, como velaríais por vosotros mismos. Cuidado, no vayáis a permitir que los lobos se conviertan en los pastores del rebaño, o que el orgullo y la vanidad os impidan volveros hacia los pobres y desolados. Si bebieras el Vino místico de la vida eterna del cáliz de las palabras de tu Señor, el Todomisericordioso, lograrías abandonar todo lo que posees y proclamar Mi nombre ante toda la humanidad. Purifica, entonces, tu alma con las aguas del desprendimiento. Verdaderamente, este es el Recuerdo que ha resplandecido sobre el horizonte de la creación, que ha de purificar tu alma de la escoria del mundo. Deja tus palacios a la gente de los sepulcros, y tu imperio a quien lo desee, y vuélvete entonces hacia el Reino. Esto es, ciertamente, lo que Dios ha elegido para ti, si tan solo fueras de los que se vuelven hacia Él. Los que no han logrado volverse hacia el Semblante de Dios en esta Revelación están ciertamente desprovistos de vida. Se mueven a las órdenes de sus propios deseos egoístas y, en verdad, son contados entre los muertos. Si desearas cargar con el peso de tu dominio, sobrellévalo para ayudar a la Causa de tu Señor. Glorificada sea esta posición; quienquiera la alcance ha alcanzado todo el bien que procede de Aquel que es el Omnisapiente, el Sapientísimo.

Levántate, en Mi nombre, sobre el horizonte de la renunciación, y orienta entonces tu rostro hacia el Reino, por mandato de tu Señor, el Señor de fortaleza y poder. Mediante la fuerza de Mi soberanía ponte en pie ante los habitantes del mundo y di: «¡Oh pueblo! Ha llegado el Día, y las fragancias de Dios han sido esparcidas por toda la creación. Los que han dado la espalda a Su Rostro son víctimas indefensas de sus inclinaciones corruptas. Son, en verdad, de los que se han extraviado».

Adorna el cuerpo de tu reino con la vestimenta de Mi nombre, y disponte, entonces, a enseñar Mi Causa. Mejor es esto para ti que todo lo que posees. Mediante ello, Dios exaltará tu nombre en medio de todos los reyes. Potente es Él sobre todas las cosas. Camina entre los hombres en el nombre de Dios, y por la fuerza de Su poder, para que manifiestes Sus signos entre los pueblos de la tierra. Arde intensamente con la llama de este Fuego incesante que el Todomisericordioso ha prendido en el mismísimo corazón de la creación, para que a través de ti se encienda el calor de Su amor en los corazones de Sus favorecidos. Sigue Mi camino y embelesa los corazones de los hombres mediante su recuerdo de Mí, el Todopoderoso, el Más Exaltado.

Di: Aquel de quien no se hayan difundido en este día los suaves aromas del recuerdo de su Señor, el Todomisericordioso, es en verdad indigno de la condición humana. Verdaderamente, es de los que han seguido sus propios deseos, y dentro de poco se encontrará sumido en una pérdida lamentable. ¿Es propio de vosotros relacionaros con Aquel que es el Dios de misericordia y, no obstante, cometer los hechos que ha cometido el Maligno? ¡No, por la Belleza de Aquel que es el Todoglorificado! ¡Ojalá lo supierais! Purificad vuestros corazones del amor al mundo, y vuestras lenguas de la calumnia, y vuestros miembros de todo lo que os impida acercaros a Dios, el Fuerte, el Alabado. Di: Con el mundo se quiere decir lo que os aparta de Quien es el Punto de Amanecer de la Revelación y os inclina a aquello que no os es de provecho. En verdad, lo que os aparta de Dios en este día es en esencia lo mundano. Rehuidlo y acercaos a esta Muy Sublime Visión, esta Sede brillante y resplandeciente. Bienaventurado el que no permite que nada en absoluto intervenga entre él y su Señor. Ningún daño, de seguro, ha de acaecerle si participa con justicia de los beneficios de este mundo, puesto que hemos creado todas las cosas para aquellos de Nuestros siervos que en verdad creen en Dios.

Si vuestras palabras, oh gentes, están en desacuerdo con vuestras acciones, ¿qué os distingue de aquellos que profesan su fe en el Señor, su Dios y, no obstante, cuando bajó a ellos a la sombra de las nubes, Lo rechazaron y se enorgullecieron ante Dios, el Incomparable, el Omnisciente? No derraméis la sangre de nadie, oh gentes, ni juzguéis a nadie injustamente. Así os ha sido ordenado por Quien es el Sapiente, Quien está informado de todo. Los que cometen desórdenes en la tierra después de haber sido puesta en orden, esos, en verdad, han sobrepasado los límites que han sido establecidos en el Libro. ¡Miserable será la morada de los transgresores!

Dios ha prescrito a cada uno el deber de enseñar Su Causa. Aquel que se disponga a cumplir este deber debe necesariamente, antes de proclamar Su Mensaje, adornarse con el ornamento de un carácter recto y loable, para que sus palabras atraigan los corazones de aquellos que son receptivos a su llamamiento. Sin ello, nunca podrá esperar influir en sus oyentes. Así os instruye Dios. Él, ciertamente, es Quien siempre perdona, el Más Compasivo.

Los que exhortan a otros a la justicia, mientras ellos mismos cometen iniquidad, son acusados de falsedad por los moradores del Reino y por los que circulan alrededor del trono de su Señor, el Todopoderoso, el Benéfico, a causa de lo que sus lenguas han expresado. Oh pueblo, no cometáis lo que deshonre vuestro nombre y el bello nombre de la Causa de Dios entre los seres humanos. Cuidaos de acercaros a aquello que vuestras mentes aborrecen. Temed a Dios y no sigáis los pasos de los extraviados. No actuéis pérfidamente con los bienes de vuestro prójimo. Sed dignos de confianza en la tierra y no neguéis a los pobres lo que Dios os ha otorgado por Su gracia. Él, verdaderamente, os concederá el doble de lo que poseéis. Él, en verdad, es el Munificente, el Más Generoso.

Di: Hemos ordenado que nuestra Causa se enseñe mediante el poder de la expresión. Cuidad de no disputar vanamente con nadie. Quien se disponga totalmente por amor a su Señor a enseñar Su Causa, el Espíritu Santo lo fortalecerá y lo inspirará con lo que ha de iluminar el corazón del mundo, cuánto más los corazones de los que Le buscan a Él. ¡Oh pueblo de Bahá! Someted las ciudadelas de los corazones humanos con las espadas de la sabiduría y la expresión. Los que pelean, instigados por sus deseos, están ciertamente envueltos en un velo palpable. Di: La espada de la sabiduría es más candente que el calor del estío, y más afilada que el acero, si tan solo lo comprendierais. Desenvainadla en Mi nombre y por la fuerza de Mi poder, y conquistad con ella las ciudades de los corazones de quienes se han recluido en la fortaleza de sus deseos corruptos. Así os ordena la Pluma del Todoglorioso, asentada bajo las espadas de los descarriados.

Si os percatáis de un pecado cometido por otro, ocultadlo, para que Dios oculte vuestro propio pecado. Él, ciertamente, es el Encubridor, el Señor de gracia abundante. ¡Oh ricos de la tierra! Si os encontráis con un pobre, no lo tratéis con desdén. Reflexionad sobre aquello de lo que fuisteis creados. Cada uno de vosotros fue creado a partir de un germen insignificante. Os corresponde observar veracidad, con la cual será adornado vuestro templo, ensalzado vuestro nombre, exaltada entre los hombres vuestra posición, y asegurada ante Dios una gran recompensa para vosotros.

Prestad oído, oh pueblos de la tierra, a lo que os ordena la Pluma del Señor de todas las naciones. Sabed con certeza que las Dispensaciones del pasado han alcanzado su consumación final y máxima en la Ley que ha brotado de este Grandísimo Océano. Acudid a ella sin demora por Nuestro mandato. En verdad, ordenamos como es Nuestro deseo. Considerad al mundo como un cuerpo humano que está afligido por varias dolencias y cuya recuperación depende de la armonización de todos sus componentes. Reuníos alrededor de lo que os hemos prescrito, y no andéis por los caminos de los que crean disensión.

Todas las fiestas han llegado a su culminación en las dos Más Grandes Festividades, y en otras dos Festividades que caen en el día doble; la primera de las Más Grandes Festividades corresponde a los días en que Dios derramó sobre todos los que están en el cielo y en la tierra la refulgente gloria de Sus muy excelentes Nombres, y la segunda, al día en que hicimos surgir a Quien anunció a la gente las buenas nuevas de este Gran Anuncio. Así ha sido establecido en el Libro por Aquel que es el Fuerte, el Poderoso. En otros días fuera de esos cuatro consumados días, ocupaos en vuestro trabajo diario y no os privéis de atender a vuestros negocios y oficios. Así se ha emitido el mandato y ha emanado la ley de Aquel que es vuestro Señor, el Omnisciente, el Sapientísimo.

Di: ¡Oh concurso de sacerdotes y monjes! Comed de lo que Dios ha hecho lícito para vosotros y no rechacéis la carne. Dios, como muestra de Su gracia, os ha dado licencia para consumirla salvo durante un breve período. Él es, ciertamente, el Poderoso, el Benéfico. Abandonad todo lo que poseéis y aferraos a lo que Dios Se ha propuesto. Esto es lo que os aprovecha; ojalá lo comprendierais. Hemos ordenado un ayuno de diecinueve días en la estación más templada, y, en esta resplandeciente y luminosa Dispensación, no os hemos ordenado más. Así os hemos expuesto y dejado en claro lo que se os ha ordenado observar, para que sigáis los mandamientos de Dios y estéis unidos en lo que os ha señalado el Todopoderoso, el Omnisapiente. Aquel que es vuestro Señor, el Todomisericordioso, abriga en Su corazón el deseo de ver a toda la raza humana como una sola alma y un solo cuerpo. Apresuraos a ganar vuestra porción de la bondadosa gracia y misericordia de Dios en este Día que eclipsa a todos los otros Días creados. ¡Cuán grande es la felicidad que aguarda a la persona que renuncie a todo cuanto posee en su deseo por obtener las cosas de Dios! Atestiguamos que semejante persona se cuenta entre los venturosos de Dios.

¡Oh Rey! Atestigua lo que Dios por Sí mismo ha atestiguado antes de la creación de la tierra y el cielo: que no hay otro Dios sino Yo, el Único, el Singular, el Más Exaltado, el Incomparable, el Inaccesible. Levántate con la máxima constancia en la Causa de tu Señor, el Todoglorioso. Así se te ha instruido en esta maravillosa Tabla. Nos, ciertamente, no hemos deseado para ti otra cosa que lo que más te conviene de todo cuanto hay en la tierra. Esto lo atestiguan todas las cosas creadas y, más allá de ellas, este perspicuo Libro.

Medita sobre el mundo y la condición de sus gentes. Aquel por Quien fue creado el mundo ha sido encarcelado en la más desolada de las ciudades, por motivo de lo que han forjado las manos de los díscolos. Desde el horizonte de Su prisión Él convoca a la humanidad a la Aurora de Dios, el Exaltado, el Grande. ¿Te alborozas por los tesoros que posees, sabiendo que han de perecer? ¿Te regocijas porque gobiernas una porción de tierra cuando el mundo entero, en la estimación de la gente de Bahá, no vale más que lo negro del ojo de una hormiga muerta? Abandónala a los que han puesto sus afectos en ella y vuélvete hacia Aquel que es el Deseo del mundo. ¿Adónde han ido los orgullosos y sus palacios? Mira dentro de sus tumbas para que saques provecho de este ejemplo, pues hemos hecho de él una lección para todo observador. Si te embargaran las brisas de la Revelación, huirías del mundo y te volverías al Reino, y emplearías todo lo que posees para acercarte a esta sublime Visión.

Vemos a la mayoría de la humanidad adorando nombres y exponiéndose –como tú lo atestiguas– a terribles peligros, con la simple esperanza de hacer perpetuar sus nombres, mientras que toda alma perspicaz testifica que después de la muerte su nombre no le servirá de nada excepto en la medida en que tenga una relación con Dios, el Todopoderoso, el Alabado. Así hacen presa de ellos sus vanas imaginaciones en represalia por lo que sus manos han llevado a cabo. Considera la mezquindad de las mentes de los hombres. Persiguen con gran esfuerzo lo que no les da provecho y, sin embargo, si les preguntaras: «¿Hay alguna ventaja en lo que deseáis?», los encontrarías llenos de perplejidad. Si se encontrara un alma justa, replicaría: «¡No, por el Señor de los mundos!» Tal es la condición de las gentes y de lo que poseen. Déjalos en su necedad y vuelve la vista hacia Dios. Esto, en verdad, es lo que te conviene. Presta oido entonces al consejo de tu Señor y di: «¡Alabado seas, oh Dios de todos los que están en el cielo y en la tierra!».