El Llamamiento del Señor de las Huestes
Zar Alejandro II
¡Oh Zar de Rusia! Inclina el oído a la voz de Dios, el Rey, el Santo, y vuélvete hacia el Paraíso, el Sitio donde habita Aquel que, entre el Concurso de lo Alto, posee los títulos más excelsos y a Quien, en el reino de la creación, Se Le llama con el nombre de Dios, el Refulgente, el Todoglorioso. Cuida de que tu deseo no te impida volverte hacia el rostro de tu Señor, el Compasivo, el Más Misericordioso. Nos, ciertamente, hemos oído lo que suplicaste a tu Señor, mientras comulgabas en secreto con Él. Por lo cual, sopló la brisa de Mi bondad y se encrespó el mar de Mi misericordia, y te respondimos en verdad. Tu Señor es, ciertamente, el Omnisciente, el Sapientísimo. Mientras estaba encadenado y con grilletes en la prisión, uno de tus ministros Me brindó su ayuda. Por ello Dios ha ordenado para ti una posición que el conocimiento de nadie puede comprender, salvo Su conocimiento. Cuidado, no sea que dejes perder tan sublime posición. Tu Señor, ciertamente, hace lo que desea. Dios abroga o confirma lo que a Él Le place, y con Él está el conocimiento de todas las cosas en una Tabla Resguardada.
Ten cuidado, no sea que tu soberanía te distancie de Aquel que es el Soberano Supremo. Él, ciertamente, ha venido con Su Reino, y todos los átomos claman en alta voz: «¡He aquí! ¡Ha venido el Señor en Su gran majestad!» Aquel que es el Padre ha venido y el Hijo exclama en el valle santo: «¡Aquí estoy, aquí estoy, oh Señor, Mi Dios!», mientras que el Sinaí gira en torno a la Casa, y la Zarza Ardiente proclama: «¡El Munífico ha venido sobre las nubes! Bienaventurado quien se acerca a Él, y ¡ay de los que están lejos!»
Levántate en medio de los hombres en nombre de esta irrevocable Causa y convoca a las naciones ante Dios, el Exaltado, el Grande. No seas de los que llamaban a Dios por uno de Sus nombres pero, cuando apareció Aquel que es el Objeto de todos los nombres, Le negaron y se apartaron de Él y, finalmente, dictaron sentencia contra Él con injusticia manifiesta. Considera y recuerda los días en que apareció el Espíritu de Dios, y Herodes Lo condenó. Sin embargo, Dios Le ayudó con las huestes de lo invisible y Lo protegió con la verdad, y Lo envió a otra tierra según Su promesa. Él, ciertamente, ordena lo que Le place. En verdad, tu Señor preserva a quien desea, esté en medio de los mares, o en las fauces de la serpiente, o bajo la espada del opresor.
Bienaventurado el rey a quien los velos de la gloria no han impedido volverse hacia la Aurora de la belleza y que lo ha abandonado todo en su deseo de obtener las cosas de Dios. De cierto, a los ojos de Dios se le considera el más excelente de los hombres, y es alabado por los moradores del Paraíso y por quienes giran a la mañana y al anochecer alrededor del Trono de lo alto.
De nuevo digo: Presta oído a Mi voz que llama desde Mi prisión, para que te dé a conocer las cosas que le han acontecido a Mi Belleza a manos de quienes son las manifestaciones de Mi gloria, y para que percibas cuán grande ha sido Mi paciencia, a pesar de Mi poder, y cuán grande Mi benignidad, pese a Mi fuerza. ¡Por Mi vida! Si pudieras saber las cosas que ha hecho descender Mi Pluma y descubrir los tesoros de Mi Causa, y las perlas de Mis misterios que se hallan ocultas en los mares de Mis nombres y en el cáliz de Mis palabras, entregarías la vida en Mi camino por tu amor a Mi nombre y en tu anhelo de alcanzar Mi glorioso y sublime Reino. Has de saber que, aunque Mi cuerpo se encuentre bajo las espadas de Mis enemigos y los miembros de Mi cuerpo estén acosados por aflicciones incalculables, con todo, Mi espíritu está repleto de un gozo con el que todas las alegrías de la tierra no podrán jamás compararse.
Orienta tu corazón hacia Aquel que es el Punto de adoración para el mundo y di: «¡Oh habitantes de la tierra! ¿Habéis negado a Aquel en Cuyo camino fue martirizado Quien vino con la verdad, portando el anuncio de vuestro Señor, el Exaltado, el Grande?» Di: Este es un Anuncio por el cual Se han regocijado los corazones de los Profetas y Mensajeros. Este es Aquel a Quien el corazón del mundo recuerda y Quien ha sido prometido en los Libros de Dios, el Poderoso, el Sapientísimo. En su deseo de reunirse conmigo, las manos de los Mensajeros se elevaron hacia Dios, el Poderoso, el Glorificado. De esto da testimonio aquello que ha sido enviado en las sagradas Escrituras por Quien es el Señor de poder y fuerza.
Algunos se lamentaron por su separación de Mí, otros soportaron adversidades en Mi camino, y aun otros entregaron su vida por amor a Mi Belleza, si tan solo lo supierais. Di: Ciertamente, no he procurado ensalzar a Mi propio Ser sino a Dios mismo; ojalá juzgarais con justicia. Nada puede verse en Mí excepto a Dios y Su Causa, si tan solo pudierais percibirlo. Yo soy Quien ha sido ensalzado por la lengua de Isaías, Aquel con Cuyo nombre fueron adornados la Tora y el Evangelio. Así ha sido decretado en las Escrituras de vuestro Señor, el Más Misericordioso. Él, ciertamente, ha dado testimonio de Mí, al igual que yo doy testimonio de Él. Y Dios atestigua la verdad de Mis palabras.
Di: Los Libros no han sido enviados para otra cosa sino Mi recuerdo. Quien sea receptivo a su llamamiento percibirá de ellos las suaves fragancias de Mi nombre y Mi alabanza; y quien haya abierto el oído de lo más íntimo de su corazón oirá en cada una de sus palabras: «¡Ha venido el Verdadero! ¡Él en realidad es el amado de los mundos!»
Es solo por amor a Dios que Mi lengua os aconseja y Mi pluma corre para hacer mención de vosotros, pues ni la malevolencia ni la negación de todos los que habitan la tierra pueden hacerme daño, ni tampoco puede beneficiarme la adhesión de toda la creación. Nos, ciertamente, os exhortamos a aquello que se Nos ha ordenado, y no esperamos nada de vosotros salvo que os acerquéis a aquello que os aprovechará tanto en este mundo como en el mundo venidero. Di: ¿Daréis muerte a Quien os llama a la vida eterna? Temed a Dios y no sigáis a todo opresor contumaz.
¡Oh orgullosos de la tierra! ¿Pensáis que habitáis en palacios mientras que Aquel que es el Rey de la Revelación reside en la más desolada de las moradas? ¡No, por Mi vida! En tumbas vivís, si tan solo pudierais percibirlo. Ciertamente, quien en estos días no sea conmovido por la brisa de Dios es contado entre los muertos a los ojos de Quien es el Señor de todos los nombres y atributos. Salid, pues, de las tumbas del yo y del deseo y volveos hacia el Reino de Dios, el Poseedor del Trono de lo alto y de aquí en la tierra, para que veáis aquello que antaño os fue prometido por vuestro Señor, el Omnisciente.
¿Pensáis que os han de beneficiar las cosas que poseéis? Pronto otros las poseerán y vosotros volveréis al polvo sin nadie que os ayude o socorra. ¿Qué provecho tiene una vida a la que puede suceder la muerte, o una existencia condenada a la extinción, o una prosperidad que está sujeta a cambio? Abandonad las cosas que poseéis y dirigid vuestros rostros hacia los favores de Dios que se han hecho descender en este maravilloso Nombre.
Así te entona sus melodías la Pluma del Altísimo con la venia de tu Señor, el Todoglorioso. Cuando las hayas oído y recitado, di: «Alabanzas Te sean dadas, oh Señor de todos los mundos, pues has hecho mención de mí mediante la lengua de Quien es la Manifestación de Tu Ser cuando Él estaba recluido en la Más Grande Prisión, para que todo el mundo alcance la verdadera libertad».
Bienaventurado el rey cuya soberanía no le ha mantenido alejado de su Soberano, y se ha vuelto a Dios con su corazón. Él, ciertamente, se cuenta entre los que han alcanzado aquello que ha deseado Dios, el Poderoso, el Sapientísimo. Dentro de poco se encontrará un rey así entre los monarcas de los dominios del Reino. Tu Señor es, en verdad, potente sobre todas las cosas. Él otorga lo que quiere a quien quiere y le niega lo que desea a quien Le place. Él, ciertamente, es el Omnipotente, el Todopoderoso.
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