¡Oh vosotros que tenéis paz del alma! Entre los Textos divinos expuestos en el Libro Más Sagrado y también en otras Tablas, se halla éste: es de incumbencia del padre y de la madre adiestrar a sus hijos, tanto en la buena conducta como en el estudio de libros; es decir, en el grado que se requiera tal estudio, de modo que ningún niño, ya sea mujer o varón, permanezca iletrado. Si el padre faltare a su deber, deberá ser obligado a afrontar su responsabilidad, y si no fuere capaz de cumplirla, que la Casa de Justicia se haga cargo de la educación de los hijos; en ningún caso ha de dejarse a un niño sin educación. Éste es uno de los mandamientos estrictos e ineludibles que, de ser descuidado, atraerá la indignada ira de Dios Omnipotente.
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