Se ha recibido tu carta. Has escrito acerca de la festividad de los Diecinueve Días, y ello regocijó mi corazón. Estas reuniones hacen que descienda del cielo la mesa divina, y atraen las confirmaciones del Todomisericordioso. Es mi esperanza que se difundan sobre ellas los hálitos del Espíritu Santo y que cada uno de los presentes, en grandes asambleas, con lengua elocuente y un corazón inundado por el amor de Dios, se dedique a aclamar el surgimiento del Sol de la Verdad, el amanecer del Astro diurno que ilumina todo el mundo.
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