Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá

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¡Oh respetado personaje! Fue recibida tu segunda carta, fechada el 19 de diciembre de 1918. Fue causa de gran regocijo y alegría, pues mostraba tu firmeza y constancia en la Alianza y en el Testamento y tu anhelo por elevar la llamada del Reino de Dios. Hoy en día, el llamamiento del Reino es la fuerza magnética que atrae hacia sí al mundo de la humanidad, pues la capacidad que hay en los hombres es grande. Las enseñanzas divinas constituyen el espíritu de esta época, es más, el sol de esta época. Toda alma debe esforzarse por hacer que sean desgarrados los velos que cubren los ojos de los hombres y que instantáneamente se vea el sol y éste ilumine el corazón y la vista.

Ahora, por la ayuda y la munificencia de Dios, se encuentran en ti este poder de guía y esta misericordiosa dádiva. Por tanto, procede con el mayor Poder para que confieras el espíritu a los huesos que se reducen a polvo, des vista a los ciegos, bálsamo y lozanía a los deprimidos, y viveza y gracia a los desanimados. Toda lámpara finalmente se extinguirá, salvo la lámpara del Reino, la cual aumenta su esplendor día tras día. Toda llamada finalmente se debilitará, excepto la llamada del Reino de Dios, la cual se eleva día tras día. Todo camino al final se torcerá, a excepción de la vía del Reino, que se endereza día tras día. Sin duda, la melodía celestial no ha de equipararse con una terrenal, y las luces artificiales no han de compararse con el Sol celestial. Luego uno debe poner su empeño en lo que es duradero y permanente, a fin de que sea más y más iluminado, fortalecido y vivificado. [...]

Ruego y suplico al Divino Reino que tu padre, tu madre y tu hermano, por la luz de guía, entren en el Reino de Dios.