Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá
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¡Oh amados del Señor! El Reino de Dios se basa en la equidad y la justicia, y también en la misericordia, la compasión y la bondad para con toda alma viviente. Entonces, con todo el corazón, esforzaos por tratar compasivamente a todo el género humano, a excepción de aquellos que tienen algún motivo egoísta y oculto o alguna enfermedad del alma. No se puede mostrar bondad al tirano, al embustero ni al ladrón, pues, lejos de hacerles ver el error de su forma de actuar, les hace seguir con su perversidad como hasta entonces. Por mucha amabilidad que prodiguéis al mentiroso, mentirá aún más, pues creerá que os ha engañado, mientras que vosotros le comprendéis demasiado bien, y sólo por vuestra extrema compasión guardáis silencio.
En breve, no sólo a sus semejantes deben tratar con misericordia y compasión los amados de Dios, sino que deben mostrar la mayor bondad hacia toda criatura viviente. Pues en todos los aspectos físicos y en cuanto concierne al espíritu animal, el animal y el hombre comparten los mismos sentimientos. Sin embargo, el hombre no ha comprendido esta verdad y cree que las sensaciones físicas están limitadas a los seres humanos, por lo cual es injusto y cruel con los animales.
Mas, en verdad, ¿qué diferencia existe respecto a las sensaciones físicas? Las percepciones son una y la misma, ya sea que causéis dolor al hombre o a la bestia. En ello no hay ninguna diferencia. Y, de hecho, es peor que causéis daño al animal, pues el hombre puede hablar, puede presentar una demanda, puede clamar y quejarse; si es perjudicado puede recurrir a las autoridades y éstas le protegerán de su agresor. Mas la desventurada bestia es muda, incapaz de expresar su dolor, ni de llevar su caso a las autoridades. Si un hombre inflige un millar de maldades a una bestia, ésta no puede defenderse contra él con palabras ni llevarle a empujones a la corte. Por consiguiente, es esencial que mostréis la mayor consideración para con los animales y que seáis con ellos más bondadosos aún que con vuestros semejantes.
Enseñad a vuestros hijos desde sus primeros días a ser infinitamente tiernos y cariñosos con los animales. Si un animal está enfermo, que los niños traten de sanarlo; si tiene hambre, que lo alimenten; si está sediento, que le den de beber; si está fatigado, que lo hagan descansar.
La mayoría de los seres humanos son pecadores, pero las bestias son inocentes. Ciertamente, los que están libres de pecado deben recibir la mayor bondad y amor: todos, a excepción de los animales que son dañinos, tales como los lobos sanguinarios, las serpientes venenosas y similares criaturas perniciosas, debido a que la bondad para con ellas es una injusticia hacia los seres humanos y también hacia los demás animales. Si sois compasivos con un lobo, por ejemplo, esto no es sino tiranía para con las ovejas, pues un lobo destruye una manada entera de ovejas. Si se le permite, un perro rabioso puede matar a un millar de animales y hombres. Por consiguiente, la compasión que se demuestre a las bestias salvajes y voraces es crueldad para con los animales pacíficos, por lo que hay que tratar a los dañinos como corresponde. Pero a los animales benditos debe demostrárseles la más grande bondad; cuanto más, tanto mejor. La ternura y la bondad son los principios fundamentales del celestial Reino de Dios. Con el mayor cuidado, debéis tener siempre presente esta cuestión.
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