¡Oh pequeños niños bahá’ís, buscadores de la comprensión y el conocimiento verdaderos! Un ser humano se distingue de un animal de varias maneras. Ante todo está hecho a imagen de Dios, a semejanza de la Luz Celestial, tal como dice la Torá: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”. Esta imagen divina evidencia todas las cualidades de la perfección, cuyas luces, emanando del Sol de la Verdad, iluminan las realidades de los hombres. Y entre los mayores de estos atributos de perfección se encuentran la sabiduría y el conocimiento. Por tanto, debéis realizar un gran esfuerzo, empeñándoos día y noche, sin descansar un momento, por adquirir una abundante parte de todas las ciencias y las artes, para que la Imagen Divina, la cual brilla desde el Sol de la Verdad, ilumine el espejo de los corazones de los hombres.
Es el deseo vehemente de ‘Abdu’l-Bahá ver que cada uno de vosotros sea aclamado como el mejor profesor de las academias, y en la escuela de los significados interiores cada uno llegue a ser un adalid en sabiduría.
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