¡Oh tú, creyente en la unicidad de Dios! Has de saber que nada aprovecha a un alma salvo el amor del Todomisericordioso; nada enciende un corazón, sino el esplendor que brilla en el dominio del Señor.
Desecha todo otro interés, y que el olvido se lleve el recuerdo de todo lo demás. Limita tus pensamientos a todo cuanto eleve al alma humana hacia el Paraíso de la gracia celestial y haga que toda ave del Reino vuele hacia el Supremo Horizonte, el punto central del honor sempiterno en este mundo contingente.
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