¡Oh mis queridos niños! Se ha recibido vuestra carta. Trajo un grado de alegría tan grande que está más allá de las palabras o de la escritura, puesto que, gracias a Dios, el poder del Reino de Dios ha instruido a estos niños, quienes desde su más tierna infancia desean ansiosamente adquirir educación bahá’í, para que, desde el período de su niñez, se ocupen en servir al mundo de la humanidad.
Mi mayor anhelo y deseo es que vosotros, mis niños, seáis educados de acuerdo con las enseñanzas de Bahá’u’lláh y recibáis instrucción bahá’í; que cada uno de vosotros llegue a ser un cirio encendido en el mundo de la humanidad, que os dediquéis al servicio de todo el género humano, que renunciéis a vuestro descanso y comodidad, para llegar a ser la causa de la tranquilidad del mundo de la creación.
Tal es mi esperanza respecto a vosotros y confío en que llegaréis a ser la causa de mi alegría y regocijo en el Reino de Dios.
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