Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá

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¡Oh rosas del jardín del amor de Dios! ¡Oh luminosas lámparas de la asamblea de Su conocimiento! Que los suaves hálitos de Dios soplen sobre vosotros, que la Gloria de Dios ilumine el horizonte de vuestros corazones. Sois las olas del profundo mar del conocimiento, sois los ejércitos concentrados en las planicies de la certidumbre, sois las estrellas de los cielos de la compasión de Dios, sois las piedras que ponen en fuga al pueblo de la perdición, sois las nubes de la divina compasión para los jardines de la vida, sois la abundante gracia de la unicidad de Dios que se derrama sobre la esencia de todas las cosas creadas.

En la desplegada tabla de este mundo, sois los versículos de Su singularidad, y en lo alto de las encumbradas torres de los palacios, sois los estandartes del Señor. En Sus campos floridos sois las flores y las hierbas perfumadas; en el rosedal del espíritu sois los ruiseñores que emiten plañideros cantos. Sois las aves que se remontan hasta los cielos del conocimiento, los halcones reales posados en el antebrazo de Dios.

¿Por qué, entonces, estáis apagados y silenciosos?, ¿por qué lerdos y embotados? Debéis resplandecer como el rayo y lanzar un clamor como el del ingente mar. Al igual que un cirio debéis derramar vuestra luz, y habéis de soplar por todo el mundo como las suaves brisas de Dios. Como fragantes hálitos de los prados celestiales, como vientos cargados de almizcle que provienen de los jardines del Señor, debéis perfumar el aire para el pueblo del conocimiento y, al igual que los esplendores derramados por el Sol verdadero, debéis iluminar los corazones de la humanidad. Pues vosotros sois los vientos cargados de vida, sois el aroma de jazmín procedente de los jardines de los salvos. Entonces, dad nueva vida a los muertos y despertad a los que están profundamente dormidos. En la oscuridad del mundo sed llamas resplandecientes; en los desiertos de la perdición sed manantiales del agua de la vida y sed la guía que proviene de Dios nuestro Señor. Ahora es el momento de servir, ahora es el momento de estar ardiendo. Conoced el valor de esta oportunidad, de esta favorable circunstancia que es gracia ilimitada, antes de que se os escape de las manos.

Pronto se habrán acabado los pocos días que nos quedan, nuestra vida que se desvanece, y entraremos, con las manos vacías, en el foso que ha sido cavado para aquellos que ya no hablan; en consecuencia, debemos atar nuestros corazones a la Belleza manifiesta y aferrarnos a la cuerda de salvación que nunca falla. Debemos aprestarnos para el servicio, encender la llama del amor y consumirnos en su calor. Debemos desatar nuestras lenguas hasta que hagamos arder el corazón de todo el mundo y, con los brillantes rayos de la guía, aniquilar los ejércitos de la noche, y entonces, por amor a Él, entregar nuestras vidas en el campo del sacrificio.

Diseminemos entre todos los pueblos las preciadas joyas del reconocimiento de Dios y, con la concluyente espada de la lengua y las penetrantes saetas del conocimiento, derrotemos a las huestes del yo y la pasión, y avancemos presurosos hacia el lugar del martirio, el sitio donde morimos por el Señor. Y entonces, con las banderas izadas y al son de los tambores, entremos en el dominio del Todoglorioso y reunámonos con la Compañía de lo alto.

Bienaventurados los obradores de grandes obras.