Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá
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¡Oh amigos espirituales de ‘Abdu’l-Bahá! La carta que habéis escrito ha sido leída con atención; su contenido es muy grato e indica vuestra firmeza y constancia en la Causa de Dios.
Esa Asamblea descansa a la sombra protectora del Señor de toda munificencia y es mi esperanza que, como corresponde a ese cuerpo, ha de ser favorecido y fortalecido por los hálitos del Espíritu Santo, y que día a día améis a Dios cada vez en mayor medida y lleguéis a estar fuertemente ligados a la Belleza que perdura por siempre, a Aquel que es la Luz del mundo. Pues el amor de Dios y la atracción espiritual limpian y purifican el corazón humano, y lo visten y engalanan con la inmaculada vestidura de la santidad; y una vez que el corazón esté completamente unido a Dios y vinculado a la Bendita Perfección, entonces se revelará la gracia de Dios.
Este amor no es del cuerpo sino enteramente del alma. Y aquellas almas cuyo ser interior está encendido con el amor de Dios son como rayos de luz que se difunden y resplandecen como estrellas de santidad en un cielo puro y cristalino. Pues el verdadero amor, el amor real, es el amor a Dios, y está santificado por encima de las nociones e imaginaciones de los hombres.
Que los bienamados de Dios, cada uno de ellos, sean la esencia de la pureza, la vida misma de la beatitud, para que en cada país lleguen a ser famosos por su santidad, su independencia de espíritu y su humildad. Que sean animados por sorbos del cáliz eterno del amor de Dios y se regocijen al beber de los toneles del vino del Cielo. Que vean la Bendita Belleza y sientan el calor intenso y el éxtasis de ese encuentro, y queden mudos de reverencia y asombro. Ésta es la posición de los sinceros; éste es el camino de los leales; éste es el esplendor que fulgura en los rostros de quienes están cerca de Dios.
Por consiguiente, los amigos de Dios deben, con la más absoluta santidad, de común acuerdo, elevarse en espíritu, unidos unos con otros, a un grado tal que lleguen a ser como un único ser y una sola alma. En un plano como éste, los cuerpos físicos no desempeñan ningún papel, sino, más bien, es el espíritu el que se hace cargo y dirige; y cuando su poder lo envuelve todo, se logra entonces la unión espiritual. Esforzaos día y noche por cultivar vuestra unidad en el grado más pleno. Que vuestros pensamientos se refieran a vuestro propio desarrollo espiritual y cerréis vuestros ojos a las deficiencias de otras almas. Actuad de este modo, mostrando hechos puros y hermosos, y modestia y humildad, para que seáis la causa del despertar de otros.
Nunca ha sido el deseo de ‘Abdu’l-Bahá ver a ningún ser herido, ni ha de hacer sufrir a nadie; pues el hombre no puede recibir un don más grande que el de alegrar el corazón de alguien. Ruego a Dios que seáis portadores de alegría, como son los ángeles del Cielo.
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