Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá
15
¡Oh cautiva del amor de Dios! Se ha recibido la carta que escribiste al momento de tu partida. Me trajo alegría; es mi esperanza que tu vista interior se abra de par en par, para que te sea descubierta la esencia misma de los misterios divinos.
Comenzaste tu carta con una frase bendita: “¡Soy cristiana!” ¡Ojalá todos fuesen realmente cristianos! Es fácil ser un cristiano de palabra, pero es difícil serlo realmente. En la actualidad, alrededor de quinientos millones de almas son cristianas, pero son contados los verdaderos cristianos: es aquella alma en cuyo donoso rostro reluce el esplendor de Cristo y que hace gala de las perfecciones del Reino; éste es un asunto de gran importancia, pues ser cristiano es encarnar todas las excelencias que existen. Espero que también tú llegues a ser una cristiana verdadera. Da gracias a Dios porque al fin, mediante las enseñanzas divinas, has obtenido tanto vista como perspicacia en grado sumo y te has arraigado firmemente en la certidumbre y la fe. Es mi esperanza que otros también lleguen a adquirir ojos iluminados y oídos atentos, y alcancen la vida sempiterna; que estos numerosos ríos que fluyen cada uno separadamente por distintos cauces encuentren su curso de vuelta al mar circundante y se unan y eleven formando una sola ola de ondulante unicidad; que la unidad de la verdad, por el poder de Dios, haga que se desvanezcan estas diferencias ilusorias. Esto es lo único esencial, pues si se logra la unidad, todos los demás problemas desaparecerán por sí mismos.
Honorable dama: Según las enseñanzas divinas, en esta gloriosa dispensación no deberíamos menospreciar a nadie ni llamarle ignorante, diciéndole: “Tú no sabes, pero yo sé”. Más bien, deberíamos mirar a los demás con respeto y, al tratar de explicar y demostrar algo, debiéramos hablar como si estuviésemos investigando la verdad y decir: “He aquí estas cosas ante nosotros. Investiguemos para determinar dónde y de qué manera puede hallarse la verdad”. El maestro no debería considerarse a sí mismo erudito y, a los demás, ignorantes. Tal pensamiento engendra orgullo y el orgullo no lleva a ejercer influencia. El maestro no debe ver en sí mismo ninguna superioridad; debería hablar con la mayor bondad, humildad y modestia, pues tales palabras ejercen influencia y educan las almas.
Honorable dama: Todos los Profetas han sido enviados a la tierra con un propósito único; por eso Cristo Se puso de manifiesto, por eso Bahá’u’lláh elevó la llamada del Señor: para que el mundo del hombre llegue a ser el mundo de Dios; este dominio inferior, el Reino; esta oscuridad, la luz; esta perversidad satánica, todas las virtudes del cielo; y que toda la raza humana conquiste la unidad, la hermandad y el amor, que reaparezca la unidad orgánica y sean destruidas las bases de la discordia, y que la vida eterna y la gracia sempiterna se conviertan en la cosecha de la humanidad.
Honorable dama: Mira el mundo a tu alrededor; por un lado, la unidad, la atracción mutua, la reunión, engendran la vida; por otra parte, la desunión y la falta de armonía conllevan la muerte. Cuando consideres todos los fenómenos, verás que todas las cosas creadas han llegado a la existencia por la combinación de muchos elementos y, una vez que se dispersa esta combinación de elementos y se disuelve esta armonía de componentes, la forma de vida se aniquila.
Honorable dama: En ciclos pasados, aunque fuera establecida la armonía, sin embargo, debido a la falta de medios, no podría haberse logrado la unidad de la humanidad. Los continentes estaban muy distanciados; es más, incluso entre pueblos de un mismo continente eran poco menos que imposibles la asociación y el intercambio de ideas. En consecuencia, eran inalcanzables la intercomunicación, el entendimiento y la unidad entre todos los pueblos y linajes de la tierra. No obstante, en este día se han multiplicado los medios de comunicación y los cinco continentes de la tierra se han convertido prácticamente en uno solo. Y para todos es ahora fácil viajar a cualquier país, relacionarse e intercambiar puntos de vista con sus pueblos y familiarizarse, a través de las publicaciones, con las condiciones, las creencias religiosas y los pensamientos de todos los hombres. Asimismo, todos los miembros de la familia humana, ya sean pueblos o gobiernos, ciudades o aldeas, han llegado a ser cada vez más interdependientes. A ninguno le es posible ya bastarse a sí mismo, por cuanto los lazos políticos unen a todos los pueblos y naciones, y cada día se fortalecen más los vínculos del comercio y la industria, de la agricultura y la educación. De ahí que la unidad de toda la humanidad puede ser alcanzada en este día. En verdad, éste no es sino uno de los portentos de esta edad maravillosa, de este glorioso siglo. De ello fueron privadas todas las edades del pasado, pues este siglo –el siglo de la luz– ha sido dotado con una gloria, una iluminación y un poder únicos y sin precedentes. De ahí el milagroso despliegue de una nueva maravilla cada día. Con el tiempo se verá con cuánta luminosidad resplandecerán sus cirios en la comunidad de los hombres.
Ve cómo su luz despunta ahora en el oscuro horizonte del mundo. El primer cirio es la unidad en el dominio político, cuyos primeros destellos ya se distinguen. El segundo cirio es la unidad de pensamiento en tareas mundiales, la consumación de la cual pronto será presenciada. El tercer cirio es la unidad en libertad, la cual sin duda ha de llegar. El cuarto cirio es la unidad de religión, la piedra angular de los cimientos mismos, que, por el poder de Dios, será revelada en todo su esplendor. El quinto cirio es la unidad de las naciones, una unidad que seguramente será establecida en este siglo, haciendo que todos los pueblos del mundo se consideren a sí mismos como ciudadanos de una sola patria común. El sexto cirio es la unidad de las razas, que hará de todos cuantos habitan la tierra pueblos y linajes de una misma raza. El séptimo cirio es la unidad de idioma, es decir, la selección de una lengua universal en que sean instruidos y conversen todos los pueblos. Inevitablemente habrá de acontecer cada uno de ellos, por cuanto el poder del Reino de Dios prestará ayuda y apoyo en su realización.
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