En cuanto a tu pregunta referente a si toda alma, sin excepción, alcanza la vida sempiterna, has de saber que la inmortalidad pertenece a aquellas almas en quienes ha sido infundido el espíritu de vida que proviene de Dios. Todas las demás, salvo éstas, carecen de vida, son como muertos, tal como Cristo lo ha explicado en el texto del Evangelio. Aquel cuyos ojos ha abierto el Señor verá las almas de los hombres en la posición que han de ocupar después de su liberación del cuerpo. A las que viven las encontrará prosperando en las cercanías de su Señor, y a las muertas, sumidas en el más profundo abismo de la perdición.
Has de saber que toda alma está conformada de acuerdo a la naturaleza de Dios, cada una es pura y santa al nacer. Sin embargo, posteriormente los seres varían según las virtudes o vicios que adquieren en este mundo. Aun cuando todos los seres existentes, por su misma naturaleza y dado que su capacidad es diferente, son creados en rangos o categorías, empero todo ser humano nace santo y puro, y sólo después puede llegar a corromperse.
Además, si bien los grados del ser son diferentes, todos son buenos. Observa el cuerpo humano, sus extremidades, sus miembros, el ojo, el oído, los órganos del olfato, del gusto, las manos, las uñas. A pesar de las diferencias entre todas estas partes, cada una, dentro de las limitaciones de su propia existencia, participa en un todo coherente. Si una de ellas falla, debe ser sanada y, si no tiene remedio, esa parte debe ser extirpada.
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